Algún día tenía que ser. La infancia no puede ser eterna, aunque deberíamos procurar entre todos que nadie se quedara sin ella -de este tema se habla mucho con la boca grande, pero luego hacemos cosas muy pequeñas-.
Y es que ya le iba haciendo falta a Güinidepú dejar de comer miel en el bosque de los cien acres, que aunque no lo hubieran dicho, tenía a las abejas de los contornos hartas de fabricar y fabricar miel como si no costara, y a puntito mismo de llevarlo a los tribunales por apropiación indebida, por abuso de poder o por cansino, a saber.
Me he leído la biografía del personajillo éste, con su simpática barriga y su carita de no haber roto un plato en su vida, ¿y qué queréis que os diga? ¡que sí! ¡muy de Walt Disney, que fue quien descubrió el filón! ¡pero ya empezaba a cansar!
Menos mal que ha llegado la Jelokiti esta, que tiene unas pintas de moderna y de consumista que se caga la burra, y se lo ha llevado de marcha. En el fondo hacen buena pareja: el uno un setón y la otra una pija, ¡ale, a crear osigatos para este mundo que además de no trabajar siempre querrán ir de punto en blanco!
¿No os ha pasado alguna vez? ¡menuda decisión! ¡momentazo ese de tu vida en el que te haces o del Madrid o del Barsa! ¡de Nike o de Adidas! ¡de Lancome o de Bulgari! ¡de Moris Lacruá o de Festina! ¡del Zara o del Berska!... ¡vaya camino de espinas! Con razón se habla de lo duro de esta vida.
Pobres niños, ni se imaginan lo que les espera. Se volverán locos y no terminarán nunca de decidirse si prefieren ir con la camiseta del osito Güini, o con el top de la Jelokiti... ¿y qué decir del Pocoyo? ¿y cómo olvidarse del amarillento y esponjoso Bob y sus amigos acuáticos? ... Y en cuanto seas mayor de edad infantil y manejes móvil, un presupuesto semanal superior a la renta percápita anual de siete poblados africanos, y te muevas con soltura diciendo lo de "tía" no sólo a las hermanas de tus padres, ¡a tontear con la Jana Montana de turno y sus cientos de tonterías sacacuartos del merchandising!
Por eso me alegro de que Güinidepú haya madurado y deje de ser un amuermado. Hay que empezar a salir un poquito más, que ya vas teniendo una edad, amigo Güini. Aunque no pienses por ahora en buscarte la independencia, así en plan Estatú ni nada de eso, que tampoco hay que irse al otro extremo. Tú con moderación, como la juventud moderna, una especie de tercer grado: todo el día en la calle y sólo vuelves a casa a dormir.
UNA VENTANA SIN CRISTALES ABIERTA A LA CRÓNICA SOCIAL Y TRIATLÉTICA, SEGÚN ME DÉ LA PARANOIA
viernes, 23 de julio de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
ACORRALADO
No tengo los biceps de Stalone, y en el "cuerpo a cuerpo" (face to face, que dirían los anglos) creo que dispongo de un poder de diálogo considerablemente más consistente que el referido musculitos (algo que no es demasiado difícil teniendo en cuenta que de parlanchín aún no le han dado un papel al amigo Silvestre), pero la verdad es que me siento un poco ACORRALADO últimamente, con tanto aironman a mi alrededor, de gentes con las que he tenido el honor de compartir tantos buenos raticos -de los menos buenos me olvido, ¡que se note que soy selectivo, que para eso aprobé en su día la selectividad!-: Stanis, Juan, Campillico, Mitxel, José Pascual, y en breve Jesús, y Pepe porque no le dan las horas del día preparando sus guisos, que si no también lo teníamos ya).
- ¡Coronel Truman! ¡Coronel Truman! ¡que vienen los charlis! ¡no siento las piernas!
Y digo yo que es bastante normal no sentir las piernas, sobre todo después de marcarse un IM. Me cuentan los que lo han vivido que los días siguientes al gran día le darían un beso en los morracos al invento del pasamanos y las barandillas, gracias a los cuales pueden subir y bajar escaleras reduciendo el riesgo de desmorrarse para regocijo de las clínicas odontológicas. Yo, que soy más blando que un paquete de mantequilla en los Monegros, he notado esa sensación (la de no sentir las piernas) con bastante menos, por lo que no creo que en esta vida salga en post del "sueño férrico", por mucho que me insistan en que yo podría acabarlo, aunque fuera en 15-16 horas.
Precisamente en lo referido a esto de los tiempos, los hay que opinan que eres de hierro acabando un IM, y otros, más exigentes, que los únicos finishers son los pro, los que rondan las 8 horas, un poco como para no desmitificar la gesta. Pero digo yo que todos no podemos aspirar a ser Nadales del triatlón. La forma que yo encuentro de colaborar en esto de no quitarle "glamur" a cruzar la línea de meta de un IM es decidiendo que no es para mí, que en el hormiguero global en que vivimos, cada uno tiene su cometido, y el mío, por más que me gustara poder presumir de chapa es otro.
Eso no significa, empero, que servidor no vaya a seguir con sus globerías, pero sólo a "media jornada". Vamos, de medio IM "tólomás", en plan superviviente de Elche. Aunque no descarto aderezarlo algún día (no muy lejano) con un asalto a la Maratón, a poder ser sin tirar mucho más de cuatro horas.
Por tanto, amigos tris, ¡seguid acorralándome de metal!... ¡me encanta ilustrarme con las experiencias aironmaníacas de mis amigos! Yo escucharé atento vuestras historias, hasta que el alcohol de la cervecica que ha de acompañar irremediablemente tales narraciones, secuestre mis sentidos y me lleve a ese mundo onírico donde todo es posible... Alicia estará allí, con el león, aunque yo seré un poco como su amigo el de hojalata, propenso a oxidarse con tan ralo entrenamiento como el que suelo practicar.
- ¡Coronel Truman! ¡Coronel Truman! ¡que vienen los charlis! ¡no siento las piernas!
Y digo yo que es bastante normal no sentir las piernas, sobre todo después de marcarse un IM. Me cuentan los que lo han vivido que los días siguientes al gran día le darían un beso en los morracos al invento del pasamanos y las barandillas, gracias a los cuales pueden subir y bajar escaleras reduciendo el riesgo de desmorrarse para regocijo de las clínicas odontológicas. Yo, que soy más blando que un paquete de mantequilla en los Monegros, he notado esa sensación (la de no sentir las piernas) con bastante menos, por lo que no creo que en esta vida salga en post del "sueño férrico", por mucho que me insistan en que yo podría acabarlo, aunque fuera en 15-16 horas.
Precisamente en lo referido a esto de los tiempos, los hay que opinan que eres de hierro acabando un IM, y otros, más exigentes, que los únicos finishers son los pro, los que rondan las 8 horas, un poco como para no desmitificar la gesta. Pero digo yo que todos no podemos aspirar a ser Nadales del triatlón. La forma que yo encuentro de colaborar en esto de no quitarle "glamur" a cruzar la línea de meta de un IM es decidiendo que no es para mí, que en el hormiguero global en que vivimos, cada uno tiene su cometido, y el mío, por más que me gustara poder presumir de chapa es otro.
Eso no significa, empero, que servidor no vaya a seguir con sus globerías, pero sólo a "media jornada". Vamos, de medio IM "tólomás", en plan superviviente de Elche. Aunque no descarto aderezarlo algún día (no muy lejano) con un asalto a la Maratón, a poder ser sin tirar mucho más de cuatro horas.
Por tanto, amigos tris, ¡seguid acorralándome de metal!... ¡me encanta ilustrarme con las experiencias aironmaníacas de mis amigos! Yo escucharé atento vuestras historias, hasta que el alcohol de la cervecica que ha de acompañar irremediablemente tales narraciones, secuestre mis sentidos y me lleve a ese mundo onírico donde todo es posible... Alicia estará allí, con el león, aunque yo seré un poco como su amigo el de hojalata, propenso a oxidarse con tan ralo entrenamiento como el que suelo practicar.
lunes, 7 de junio de 2010
Un globero "Olímpico" en LOS ALCAZARES o el de las caracolas
Seguro que alguna vez os habréis puesto al oído una caracola de mar, intentando escuchar el rumor de las olas... a mí el otro día, escuchando el crujir de sus primos los caracoles terrestres (véase mi entrada anterior), no os lo dije, pero se me antojó escuchar cantos de sirena. No me refiero a los míticos cantos de la sirena de mar, esos que sólo algún marino de toda la vida o algún pariente de Nemo habrá escuchado, sino a los de las sirenas de las ambulancias, cuando se llevan a toda prisa a algún descerebrado para que se harte del "aquarius" intravenoso de hospital.
Y es que ya lo venía yo barruntando en voz baja para mis adentros para que no me oyeran los de mi entorno y se pusieran pesados intentando hacerme abandonar antes siquiera de empezar con el "disfrute-penitencia":
-¡que un olímpico es mucho olímpico para un globero que se ha abandonado a los vicios propios a los que obliga el cuidado de un bebé! -me decía mi conciencia harta de tomar cervezas para ponerme sobreaviso-
Porque lo que está claro es que no es lo mismo practicar la natación en la piscina, que hacerlo amarrado a un quintico de cerveza con su buena tapa de ensaladilla enroscada a una rosquilla, por mucho que aquí en Murcia la llamemos "marinera". Yo calculaba que podría salir del agua después de 32 ó 33 minutos salpicando espuma, pero si hacer ese pedazo de "marcón" para recorrer 1500 metros no tiene el menor mérito, salir del agua en 36 minutos ya es para pensárselo.
Como creía haber visto adelantándome por encima del agua a la mayor parte de los gorros rositas de las chicas que habían salido después de la salida masculina, ver aún unas cuantas bicicletas colgadas en boxes me quitó el inicial mal sabor de boca (aunque esta vez no era figurado porque a la salida había un lodazal con unos olores...). Ingenuo de mí pensaba que, habiendo hecho sólo los 20 kilómetros del triatlón de Cartagena desde el palizón de Elche, mis piernas se acordarían remotamente de que era capaz de pedalear de seguido y acoplado -aprovechando que el recorrido era absolutamente llano-...
No tardé en darme cuenta de que aquella no iba a ser tampoco mi tarde. Y es que la ecuación no falla: globero sin entreno, pájara de pleno. En mi caso si le sumas que en las pruebas vespertinas, mis fuerzas me fulminan... pues la cosa quedaba clara: tocaba tarde de pasión, que para el caso eran 40 kilómetros en bici y luego 10 a pie de penitencia por el paseo entre Los Narejos y los Alcázares, oyendo rumores, pero no de caracolas, sino del público que me miraba con lástima. Yo creo que de haber ido estirando la mano pidiendo un euro para pararme a tomar un aquarius en los chiringuitos de la playa, tendría para irme de vacaciones bien lejos donde nadie me conozca y pudiera señalarme como el que arrastrando sus lorzas yendo de aquí para allá y de allá para aquí, como si le fueran a dar algún premio.
Pero no adelantemos acontecimientos. Me había quedado saliendo en la bici e intentando ponerme a un ritmillo decente, que no bajara de los 30 km/hora, sopena de incurrir en otra tarjeta amarilla por escaso régimen de revoluciones que acabara con mis intenciones de finalizar la prueba (no sé si existirá este delito en el triatlón, pero manda huevos que cuando llegara a mi bicicleta tuviera un papelillo escrito a mano con el alentador texto que sigue: "tarjeta amarilla por dejar la mochila").
Total, que adelanto a una de las chicas... bueno, parece que esto marcha... ¡joder, que viene un grupillo que me va a doblar! ¡esta es la mía! ¡ahora me pongo a rueda y a vivir como un líquen chupando del árbol!... ¡¡¡los cojones del mono Amedio!!!... precisamente los que me faltaron para poder aguantar a cola del grupo (que debía de ser de los de delante) y que rodaba por encima de los cuarenta y a base de tirones...
De haber llevado un metro podría haber medido con exactitud lo que aguanté, pero estimo que rondarían los cuatrocientos o quinientos metros. Como veréis, además de escaso conocimiento y mucho atrevimiento, no se me caen los anillos reconociendo mi manifiesta incapacidad de seguir una rueda, algo que me retrotrae a mis primeros duatlones, cuando tenía que pegarme a solas contra el viento. Pues si, esta etapa que yo creía superada volvió a presentarse con toda su crudeza la tarde del sábado; la moraleja no puede ser más evidente... si ya hasta Esopo lo sabía, ¿o acaso no le dijo el cuervo al zorro que pedaleaba:
"entrena, globero, entrena,
otro remedio no te queda
si quieres ir a rueda" ?
No sé si el esfuerzo de utilizar la rima para esconder mis trapicheos con el hombre del mazo servirán de algo o ya me habréis calado como me hizo el susodicho. A partir de ahora en lugar del tópico nombre del argot ciclista, a este momento tan desagradable en el que las fuerzas -si es que acaso las tenías- abandonan la nave de tu cuerpo, yo lo voy a llamar "el tío de las caracolas", sobre todo porque es difícil en tal tesitura seguir la línea recta.
¿He dicho ya que me quedé de rueda de un grupo? ¡pues toda la tarde fue como un "dejá-vu"!... grupo tras grupo (no me daba tiempo de contar el número de tris que los integraban, pero alguno superaba la treintena) me superaban, y me dejaban lastrado... me sentí como cola de cometa cósmico, zarandeado por las estelas de viento que sembraban los alocados competidores en sus veloces pasadas...
Para que no fuera un bucle sin fin, creo recordar que fue al comienzo de mi tercera vuelta (cuarta para la mayoría) cuando me adelantó otro grupo que iba cerrando mi compañero Antonio Guardiola, con su capricho italiano de dos ruedas. Ni que decir tiene -el señor de las caracolas es testigo- que lo intenté, que intenté pillar rueda, y que aguanté algunos segundos, pero tuve que refrenar los impulsos eléctricos de mi mente porque las piernas seguían a lo suyo, en plan verano azul. Así que me conformé con mirar como se me escapaban. Decidí volver a intentar acoplarme y coger ritmillo por mi cuenta, porque aquello había que acabarlo. Y cual fue mi sorpresa cuando veo que Antonio y el último tri que cerraba el grupo se quedan. Antonio empieza a mirar para atrás y a mí se me enciende una luz. Creí recobrar fuerzas... ¡no podía ser! ¡¿me estaba esperando?!...
- Pues oye, tendré que acercarme aunque sea a decirle que no pierda su valioso tiempo, que yo voy recogiendo los cachos que se me van cayendo...
Y comienzo a pedalear y a recortar los doscientos metros que me llevaban, y sorprendentemente los alcanzo... y no sólo eso, sino que poseído o abducido por un extraño fenómeno que me ha hecho recobrar fuerzas (deduzco que será la reserva que aún no había desprecintado), me pongo a tirar del triplete... ¡c2c! ¡que no se diga! ¡si hay que morir que sea con las botas puestas!. Creo que fueron los ¿cinco-diez? únicos minutos en los que disfruté sobre la bici... ¡por fin podré decir que he dado relevos a un compañero que me sacó en meta más de media hora! ¡y hasta dí de beber al sediento porque me pidió de beber y yo le presté uno de mis bidones, que para eso vestimos los mismos colores! Pero lo más apasionante no fue eso. Creí entender que me decía algo de una caída, y por el ruido que le iba haciendo el cambio deduje que se habría caído y que por eso se hallaba en éstas, y que por eso los relevos que me daba tampoco es que fueran demoledores... Pero lo más acojonante es que el tercero en discordia del minigrupo (y que según la clasificación final he podido ver que me sacó más de cuarenta minutos) no asomaba el morro, supongo que porque no quería despeinarse...
Total, que finalizando la tercera vuelta nos alcanza un grupo, y el referido "chupón" pega un salto y se pega como una lapa por delante (no sé si me miraría con malos ojos por haberlo llevado a tan escaso régimen de vueltas...), ¡ole!¡ole! ¡y ole!... no diré el pecador, pero sólo diré que tiene bastante más veteranía que un servidor, como pudo demostrar sobradamente aprovechándose del esfuerzo de un globero tan poco curtido y tan poco sobrado de fuerzas como yo. Sólo espero que le haya dado un poco de vergüenza al ver la clasificación y comprobar que estuvo chupando rueda a uno de los últimos...
A Antonio también le perdí el rastro. Supongo que recuperaría fuerzas y conseguiría integrarse también en el grupo que nos pasó... Yo bastante tuve con terminar. Y he de reconocer que la última vuelta entera la hice a rueda del bueno de Tomás, un veterano de Cehegín, con el que suelo coincidir (ya llegamos juntos en la bici en Cartagena), pero que luego a pie me da pastillas para el pelo. La cuarta vuelta le relevé lo que pude, pero en la última le pedí disculpas porque no podía más después de un último y nuevamente frustrado intento de coger rueda a otro grupo que nos pasó. Al menos creo que él tuvo claro que no estuve aprovechándome de su rueda para luego ganarle a pie, ya que terminó sacándome diez minutos.
Del último sector, por no extenderme más (que bastante martirio habrá sido ya para los incautos y desdichados que estábais ansiosos de conocer mis penurias de globero olímpico), o por simple vergüenza torera me váis a permitir que sólo os cuente los últimos 100 metros, que fueron los de correr más alegre, pues con anterioridad a la recompensa del paso por la línea de meta gocé del inmenso placer de ver a mis dos niñas, con la pertinente e inevitable parada-beso con que las agasajé. Mi pequeña era la primera vez que veía a su padre de esta guisa, y tengo la sensación de que le dió bastante igual... ¡cachis! no sé si podré hacer de ella una campeona olímpica; por mi parte tengo claro que lo único olímpico que voy a tener es el dolor de todo que me aqueja desde el sábado, y el insomnio de la noche, no sé si debido a que las agujetas estaban tomando posiciones (por suerte las pestañas se han librado esta vez de ese suplicio) o al energy-power-drink de los cojones que me tomé a la llegada, y que debía ser una bomba de cafeína o vete tú a saber qué mejunges mágicos... ¡lástima no haber llenado las cacharras con ese elixir antes de la carrera, porque lo mismo así habría bajado de las tres horas, jaja!
En fin, hasta aquí lo que se daba. Servidor va a poner rumbo al norte, y no como el año pasado cuando íbamos a sufrir a Zarauz (¿te acuerdas, Stani?... ¡vaya chuletón el que ponen en el Telesforo, eh!, pues aunque voy para las mismas latitudes inicialmente, vamos pertrechados de los aditamentos campistas, con nuestra casita rodante para hacer unas mini vacaciones, las primeras de nuestra nueva era familiar.
Cuando volvamos ya tendremos algún IM más en la "familia", y algún locatis que habrá repetido. Desde la distancia os mandaremos ánimos, porque fuerzas va a ser que no me quedan muchas.
PD: No tengo material gráfico. No sé si lamentarme o alegrarme...
Y es que ya lo venía yo barruntando en voz baja para mis adentros para que no me oyeran los de mi entorno y se pusieran pesados intentando hacerme abandonar antes siquiera de empezar con el "disfrute-penitencia":
-¡que un olímpico es mucho olímpico para un globero que se ha abandonado a los vicios propios a los que obliga el cuidado de un bebé! -me decía mi conciencia harta de tomar cervezas para ponerme sobreaviso-
Porque lo que está claro es que no es lo mismo practicar la natación en la piscina, que hacerlo amarrado a un quintico de cerveza con su buena tapa de ensaladilla enroscada a una rosquilla, por mucho que aquí en Murcia la llamemos "marinera". Yo calculaba que podría salir del agua después de 32 ó 33 minutos salpicando espuma, pero si hacer ese pedazo de "marcón" para recorrer 1500 metros no tiene el menor mérito, salir del agua en 36 minutos ya es para pensárselo.
Como creía haber visto adelantándome por encima del agua a la mayor parte de los gorros rositas de las chicas que habían salido después de la salida masculina, ver aún unas cuantas bicicletas colgadas en boxes me quitó el inicial mal sabor de boca (aunque esta vez no era figurado porque a la salida había un lodazal con unos olores...). Ingenuo de mí pensaba que, habiendo hecho sólo los 20 kilómetros del triatlón de Cartagena desde el palizón de Elche, mis piernas se acordarían remotamente de que era capaz de pedalear de seguido y acoplado -aprovechando que el recorrido era absolutamente llano-...
No tardé en darme cuenta de que aquella no iba a ser tampoco mi tarde. Y es que la ecuación no falla: globero sin entreno, pájara de pleno. En mi caso si le sumas que en las pruebas vespertinas, mis fuerzas me fulminan... pues la cosa quedaba clara: tocaba tarde de pasión, que para el caso eran 40 kilómetros en bici y luego 10 a pie de penitencia por el paseo entre Los Narejos y los Alcázares, oyendo rumores, pero no de caracolas, sino del público que me miraba con lástima. Yo creo que de haber ido estirando la mano pidiendo un euro para pararme a tomar un aquarius en los chiringuitos de la playa, tendría para irme de vacaciones bien lejos donde nadie me conozca y pudiera señalarme como el que arrastrando sus lorzas yendo de aquí para allá y de allá para aquí, como si le fueran a dar algún premio.
Pero no adelantemos acontecimientos. Me había quedado saliendo en la bici e intentando ponerme a un ritmillo decente, que no bajara de los 30 km/hora, sopena de incurrir en otra tarjeta amarilla por escaso régimen de revoluciones que acabara con mis intenciones de finalizar la prueba (no sé si existirá este delito en el triatlón, pero manda huevos que cuando llegara a mi bicicleta tuviera un papelillo escrito a mano con el alentador texto que sigue: "tarjeta amarilla por dejar la mochila").
Total, que adelanto a una de las chicas... bueno, parece que esto marcha... ¡joder, que viene un grupillo que me va a doblar! ¡esta es la mía! ¡ahora me pongo a rueda y a vivir como un líquen chupando del árbol!... ¡¡¡los cojones del mono Amedio!!!... precisamente los que me faltaron para poder aguantar a cola del grupo (que debía de ser de los de delante) y que rodaba por encima de los cuarenta y a base de tirones...
De haber llevado un metro podría haber medido con exactitud lo que aguanté, pero estimo que rondarían los cuatrocientos o quinientos metros. Como veréis, además de escaso conocimiento y mucho atrevimiento, no se me caen los anillos reconociendo mi manifiesta incapacidad de seguir una rueda, algo que me retrotrae a mis primeros duatlones, cuando tenía que pegarme a solas contra el viento. Pues si, esta etapa que yo creía superada volvió a presentarse con toda su crudeza la tarde del sábado; la moraleja no puede ser más evidente... si ya hasta Esopo lo sabía, ¿o acaso no le dijo el cuervo al zorro que pedaleaba:
"entrena, globero, entrena,
otro remedio no te queda
si quieres ir a rueda" ?
No sé si el esfuerzo de utilizar la rima para esconder mis trapicheos con el hombre del mazo servirán de algo o ya me habréis calado como me hizo el susodicho. A partir de ahora en lugar del tópico nombre del argot ciclista, a este momento tan desagradable en el que las fuerzas -si es que acaso las tenías- abandonan la nave de tu cuerpo, yo lo voy a llamar "el tío de las caracolas", sobre todo porque es difícil en tal tesitura seguir la línea recta.
¿He dicho ya que me quedé de rueda de un grupo? ¡pues toda la tarde fue como un "dejá-vu"!... grupo tras grupo (no me daba tiempo de contar el número de tris que los integraban, pero alguno superaba la treintena) me superaban, y me dejaban lastrado... me sentí como cola de cometa cósmico, zarandeado por las estelas de viento que sembraban los alocados competidores en sus veloces pasadas...
Para que no fuera un bucle sin fin, creo recordar que fue al comienzo de mi tercera vuelta (cuarta para la mayoría) cuando me adelantó otro grupo que iba cerrando mi compañero Antonio Guardiola, con su capricho italiano de dos ruedas. Ni que decir tiene -el señor de las caracolas es testigo- que lo intenté, que intenté pillar rueda, y que aguanté algunos segundos, pero tuve que refrenar los impulsos eléctricos de mi mente porque las piernas seguían a lo suyo, en plan verano azul. Así que me conformé con mirar como se me escapaban. Decidí volver a intentar acoplarme y coger ritmillo por mi cuenta, porque aquello había que acabarlo. Y cual fue mi sorpresa cuando veo que Antonio y el último tri que cerraba el grupo se quedan. Antonio empieza a mirar para atrás y a mí se me enciende una luz. Creí recobrar fuerzas... ¡no podía ser! ¡¿me estaba esperando?!...
- Pues oye, tendré que acercarme aunque sea a decirle que no pierda su valioso tiempo, que yo voy recogiendo los cachos que se me van cayendo...
Y comienzo a pedalear y a recortar los doscientos metros que me llevaban, y sorprendentemente los alcanzo... y no sólo eso, sino que poseído o abducido por un extraño fenómeno que me ha hecho recobrar fuerzas (deduzco que será la reserva que aún no había desprecintado), me pongo a tirar del triplete... ¡c2c! ¡que no se diga! ¡si hay que morir que sea con las botas puestas!. Creo que fueron los ¿cinco-diez? únicos minutos en los que disfruté sobre la bici... ¡por fin podré decir que he dado relevos a un compañero que me sacó en meta más de media hora! ¡y hasta dí de beber al sediento porque me pidió de beber y yo le presté uno de mis bidones, que para eso vestimos los mismos colores! Pero lo más apasionante no fue eso. Creí entender que me decía algo de una caída, y por el ruido que le iba haciendo el cambio deduje que se habría caído y que por eso se hallaba en éstas, y que por eso los relevos que me daba tampoco es que fueran demoledores... Pero lo más acojonante es que el tercero en discordia del minigrupo (y que según la clasificación final he podido ver que me sacó más de cuarenta minutos) no asomaba el morro, supongo que porque no quería despeinarse...
Total, que finalizando la tercera vuelta nos alcanza un grupo, y el referido "chupón" pega un salto y se pega como una lapa por delante (no sé si me miraría con malos ojos por haberlo llevado a tan escaso régimen de vueltas...), ¡ole!¡ole! ¡y ole!... no diré el pecador, pero sólo diré que tiene bastante más veteranía que un servidor, como pudo demostrar sobradamente aprovechándose del esfuerzo de un globero tan poco curtido y tan poco sobrado de fuerzas como yo. Sólo espero que le haya dado un poco de vergüenza al ver la clasificación y comprobar que estuvo chupando rueda a uno de los últimos...
A Antonio también le perdí el rastro. Supongo que recuperaría fuerzas y conseguiría integrarse también en el grupo que nos pasó... Yo bastante tuve con terminar. Y he de reconocer que la última vuelta entera la hice a rueda del bueno de Tomás, un veterano de Cehegín, con el que suelo coincidir (ya llegamos juntos en la bici en Cartagena), pero que luego a pie me da pastillas para el pelo. La cuarta vuelta le relevé lo que pude, pero en la última le pedí disculpas porque no podía más después de un último y nuevamente frustrado intento de coger rueda a otro grupo que nos pasó. Al menos creo que él tuvo claro que no estuve aprovechándome de su rueda para luego ganarle a pie, ya que terminó sacándome diez minutos.
Del último sector, por no extenderme más (que bastante martirio habrá sido ya para los incautos y desdichados que estábais ansiosos de conocer mis penurias de globero olímpico), o por simple vergüenza torera me váis a permitir que sólo os cuente los últimos 100 metros, que fueron los de correr más alegre, pues con anterioridad a la recompensa del paso por la línea de meta gocé del inmenso placer de ver a mis dos niñas, con la pertinente e inevitable parada-beso con que las agasajé. Mi pequeña era la primera vez que veía a su padre de esta guisa, y tengo la sensación de que le dió bastante igual... ¡cachis! no sé si podré hacer de ella una campeona olímpica; por mi parte tengo claro que lo único olímpico que voy a tener es el dolor de todo que me aqueja desde el sábado, y el insomnio de la noche, no sé si debido a que las agujetas estaban tomando posiciones (por suerte las pestañas se han librado esta vez de ese suplicio) o al energy-power-drink de los cojones que me tomé a la llegada, y que debía ser una bomba de cafeína o vete tú a saber qué mejunges mágicos... ¡lástima no haber llenado las cacharras con ese elixir antes de la carrera, porque lo mismo así habría bajado de las tres horas, jaja!
En fin, hasta aquí lo que se daba. Servidor va a poner rumbo al norte, y no como el año pasado cuando íbamos a sufrir a Zarauz (¿te acuerdas, Stani?... ¡vaya chuletón el que ponen en el Telesforo, eh!, pues aunque voy para las mismas latitudes inicialmente, vamos pertrechados de los aditamentos campistas, con nuestra casita rodante para hacer unas mini vacaciones, las primeras de nuestra nueva era familiar.
Cuando volvamos ya tendremos algún IM más en la "familia", y algún locatis que habrá repetido. Desde la distancia os mandaremos ánimos, porque fuerzas va a ser que no me quedan muchas.
PD: No tengo material gráfico. No sé si lamentarme o alegrarme...
sábado, 29 de mayo de 2010
CARACOLES A MONTONES
Ayer me escapé del convento. Era mucha la tentación, y por mucho que digan que vive arriba (la tentación), te la puedes encontrar en cualquier lado. Lo siento mucho. Sé que os he fallado a los que esperábais con ansia viva a ver qué tal me iba en Los Alcázares después de otras dos semanas puras e impolutas... ¡ya no podré llegar al olímpico virgen de entrenamiento porque ayer pequé!
Lo hice con nocturnidad, como si pensara que la complicidad de la noche convertiría el pecado capital en venial. Y hoy me arrepiento. Mis rodillas están apenadas. Y de tanta pena, apenas se sostienen por la culpa.
Me tentó la noche, con su caricia fresca tras la lluvia de la tarde. La contemplación del neopreno, al que he tenido junto a mí, colgado en mi habitación desde que me lo vistiera por última vez para la reciente conquista de Carthagonova, junto a la queda soledad de las bielas de mi montura y el supino abandono de mis brooks, hicieron inútil la tenaz resistencia con la que había combatido hasta entonces la tentación de salir corriendo en busca del horizonte.
Hice oídos sordos, perdí la mirada y empecé a trotar llevado de antiguas y casi olvidadas pasiones. Fije el rumbo hacia el Norte, donde las tierras aún respiran, pensando que así podría escapar. Y fue entonces cuando vi las señales y comprendí que la noche no sería nada propicia, que había elementos que el destino o vete a saber tú si la virgen de la suelas desgastadas por el trote cochinero. ¡Caracoles a montones! ¡por cientos! ¡por millares! A ratos más me parecía granizo que hubiera caído del cielo, en forma de plaga bíblica.
Oía el crujido de sus débiles cascarones destrozando el runrún monótono de mi sufrido trote. Y la pena se hacía más grande. Al fin y al cabo, y con merecida razón, en las carreras me siento identificado con este simpático y baboso molusco gasterópodo, de lenta capacidad locomotora.
¿Cuántos cayeron sepultados por mis torpes zancadas? Por más que los intentara esquivar las aceras y hasta el asfalto de hallaba invadido de estos diminutos seres, intentando cruzar al otro lado. Dados sus escasos conocimientos de geografía no se daban cuenta de que donde antes hubo huerta ahora habían varios carriles de una vía de circunvalación.
Si, decididamente ha sido una señal. Dicen que el caracol más sabroso es el de tapia de cementerio, pero yo he decidido excluirlos tajantemente de mi abanico gastronómico. Seguro que Usaín Bolt no come caracoles.
Lo que no sé es qué será de mí en el Olímpico de Los Alcázares, toda vez que he diluído mi esencia. Lo mismo como penitencia no descarto hacer la bici con el neopreno...
PD: Por cierto Pepe, vete tomando nota para la próxima vez que te encarguemos un arroz y conejo... será sin caracoles.
PD2: Muy bueno todo lo del domingo pasado. Siempre es un placer pasar por vuestro Sequé.
Lo hice con nocturnidad, como si pensara que la complicidad de la noche convertiría el pecado capital en venial. Y hoy me arrepiento. Mis rodillas están apenadas. Y de tanta pena, apenas se sostienen por la culpa.
Me tentó la noche, con su caricia fresca tras la lluvia de la tarde. La contemplación del neopreno, al que he tenido junto a mí, colgado en mi habitación desde que me lo vistiera por última vez para la reciente conquista de Carthagonova, junto a la queda soledad de las bielas de mi montura y el supino abandono de mis brooks, hicieron inútil la tenaz resistencia con la que había combatido hasta entonces la tentación de salir corriendo en busca del horizonte.
Hice oídos sordos, perdí la mirada y empecé a trotar llevado de antiguas y casi olvidadas pasiones. Fije el rumbo hacia el Norte, donde las tierras aún respiran, pensando que así podría escapar. Y fue entonces cuando vi las señales y comprendí que la noche no sería nada propicia, que había elementos que el destino o vete a saber tú si la virgen de la suelas desgastadas por el trote cochinero. ¡Caracoles a montones! ¡por cientos! ¡por millares! A ratos más me parecía granizo que hubiera caído del cielo, en forma de plaga bíblica.
Oía el crujido de sus débiles cascarones destrozando el runrún monótono de mi sufrido trote. Y la pena se hacía más grande. Al fin y al cabo, y con merecida razón, en las carreras me siento identificado con este simpático y baboso molusco gasterópodo, de lenta capacidad locomotora.
¿Cuántos cayeron sepultados por mis torpes zancadas? Por más que los intentara esquivar las aceras y hasta el asfalto de hallaba invadido de estos diminutos seres, intentando cruzar al otro lado. Dados sus escasos conocimientos de geografía no se daban cuenta de que donde antes hubo huerta ahora habían varios carriles de una vía de circunvalación.
Si, decididamente ha sido una señal. Dicen que el caracol más sabroso es el de tapia de cementerio, pero yo he decidido excluirlos tajantemente de mi abanico gastronómico. Seguro que Usaín Bolt no come caracoles.
Lo que no sé es qué será de mí en el Olímpico de Los Alcázares, toda vez que he diluído mi esencia. Lo mismo como penitencia no descarto hacer la bici con el neopreno...
PD: Por cierto Pepe, vete tomando nota para la próxima vez que te encarguemos un arroz y conejo... será sin caracoles.
PD2: Muy bueno todo lo del domingo pasado. Siempre es un placer pasar por vuestro Sequé.
miércoles, 19 de mayo de 2010
V Triatlón de Cartagena: MAS GLOBEROS QUE MARINEROS
Para lo que ha sido en la historia el puerto de Cartagena, y el número de barcos con sus marineritos y todos que atracan en sus muelles (incluyendo de vez en cuando algunas legiones de retoños rapados del tío Sam que se pasean por la ciudad departamental masticando chicle), el pasado domingo por la mañana había en el puerto de la ciudad departamental más globeros que marineros.
Entre los primeros, obviamente, se encontraba servidor que, cual Flipy del triatlón, se disponía a experimentar hasta donde le dan a uno los músculos y las fuerzas participando en un triatlón no habiendo hecho NADA, pero lo que se dice NADA, con toda su literalidad: CERO PATATERO, NAIN, NOZIN OF NOZIN... en las últimas tres semanas, y con el raquítico bagaje de lo que va de temporada que paso a enumerar:
NATACION => desde el pasado mes de septiembre, cuando recogimos los bártulos playeros de fin de semana y pusimos fin a la temporada de baño -que es cuando aprovecho para nadar un ratico, nunca superior a la media hora-, el menda ha nadado 3 veces en piscina, a razón de dosmil metros por sesión, más el arrebato ilicitano, que sumando otros dosmil metros, dan una suma total que asusta: ¡lo que cualquiera de vosotros que se prepare medianamente hace en una semana, yo lo he hecho en nueve meses!
BICICLETA => tal vez sea el apartado que, aunque de lejos, pueda parecerse a lo que es un entrenamiento... Mira, ¿para qué engañarnos? Mis kilómetros de bici este año son también para darme un premio, pero al tío que se queda los fines de semana al calor de las sábanas, porque me sobran dedos en las manos para contar las veces que he salido, y de entre ellas sólo he hecho una vez más de 100 kilómetros (fueron 101 y porque no tenía a mano el número de teléfono del sepulturero porque lo habría llamado a medio camino para decirle que me fuera preparando el terreno -de este episodio seguro que se acuerda el bueno de Stani porque sin su rueda amiga todavía no habría llegado a casa-);otro par de veces he estado por los ochenta o noventa (allá por octubre o noviembre creo recordar), y luego ya alguna sesión de spining, que tal vez haya sido lo que me ayudó a solventar Elche con cierta dignidad.
PIE => Si me han salido dos medias "oficiales" -ninguna de ellas por debajo de 1h45-, y otras dos oficiosas por la mota del río (ahí si, ya ves tú, con sensaciones decentes), más la penitencia por las dunas de los Arenales de Elche, en plan coche de San Fernando (un ratico a pie y otro ratico andando), y alguna que otra tirada por encima de los diez kilómetros, pero nada de nada de series ni de farlek, ¿qué voy a pedir?... Pues mira, aunque sea una pregunta retórica, se me ocurre que le podría ir pidiendo a los Reyes un par de rodillas nuevas, porque las que tengo están para entrar con pico y pala y azulejarlas todas...
Por tanto, teniendo en cuenta que un triatlón se compone de los tres ítems anteriormente citados, ¿qué se puede esperar?
Volviendo a Cartagena, que es donde me había quedado. Pues eso, que el mono pudo conmigo (y no me refiero al mono de triatlón porque este año tenemos un dos piezas de categoría), y dado que me quedé con ganas de hacer el particular triatlón de San Pedro, con su prueba de natación a pata, me presenté en Cartagena con toda la ilusión del mundo, dispuesto a llegar, aunque fuera agarrado al coche escoba.
Pero hete aquí que fue enfundarme el neopreno (no estaba el agua como para hacerse el machito metiéndose a pelo, que ya me conozco yo esa sensación de la primera vez que hice Cartagena), y me empecé a sentir triatleta... no sé, una sensación rara. Entre eso, que había dejado los acoples puestos a la bici y que me saludaban los buenos (lo siento Felipe, no lo digo por tí, es que estuve hablando con nuestro compañero Bart Jaeken antes de empezar), empecé a pensar que podía hacer algo grande y sonado; ya lo estaba viendo rotulado en grandes titulares: "un globero que no entrena se lleva el trofeo de campeón del triatlón de Cartagena"... pero en cuanto sonó la bocina para empezar la natación (con media hora de retraso, por cierto), pude ver que ponía ese periódico virtual en letra pequeña: "la policía aún lo busca para restituírsela a su dueño, el vencedor de la prueba".
En fin, que ya estábamos nadando, yo por la "zona limpia" (es que últimamente veo las carreras de F1), para no llevarme manotazos que interrumpieran mi estado de meditación natatoria. Y como que no me sentía mal; yo a mi ritmo, que debe ser el mismo desde que empecé a nadar cuando tenía siete años, porque me salieron sólo unos pocos segundos más que el año pasado, y eso a pesar del ralo entrenamiento que he relatado en párrafos anteriores.
Las globerías empezaron en la transición que hice plácidamente sentado junto a José María, compañero de club de Felipe, y justo detrás del cual había salido del agua. Creo que cuando el cogió la bici y se marchó yo aún estaba sacando la segunda pata del neopreno, y seguía llegando gente y marchándose... ¡se nota que esto de la transición tampoco lo entreno!
Total, que si aspiraba a coger algún grupillo, aunque fuera pequeño, para hacer una bici en condiciones, dado que cuando llegué a boxes aún quedaban un buen número de jumentos, por tortugo tendría que apechugar contra el viento en solitario, ya que el percal que salía era folklore puro (uno ví que hasta llevaba portaequipajes en la bici, ¡con eso queda tó dicho!).
Era lo que tocaba, así que no tuve más remedio que acoplarme y salí dispuesto a tirar hasta reventar. En la primera recta adelanté a unos cuantos, por unos momentos me creía el primo globero de Cancelara. Iba hasta acoplado... Pero no iría tan cañón cuando se me enchufaron a rueda varios. En un par de ocasiones miré para atrás, por ver si la cuadrilla entendía la indirecta, pero la peña iba tan tocada de globería como yo o más. O lo mismo menos, porque el panoli lo hacía yo tirando. O tal vez no, porque yo había ido a hacer mi carrera.
En éstas llega la primera subida, y yo entonces veo la jugada: uno de los que llevaba a rueda se pone delante, en plan Contador... ¿y qué os voy yo a "contar"? ¡hasta ahí podríamos llegar!... ¡de algo tenían que servir las series sufridas en la cuestecica del Valle!.. así que a plato y a pulmón, volví a coger el mando del mini grupo (si es que alguna vez fue grupo) y llegué al giro en primera posición... ¡olé mis webs! ¡y vaya calentón tonto!... pero para el que no tuviera conocimiento de ello, que sepa que el globero también tiene su honor.
A partir de ahí la cosa cambió... creo que surtió efectos la demostración y quedó claro quien mandaba... ¡me convertí en el Garibaldi de los globeros!... y hasta en una ocasión, ya mediada la tercera vuelta tuve que llamar al orden a uno de los que acabábamos de alcanzar que tiraba por otro lado, para ver si nos poníamos de acuerdo y no hacíamos más el gili-globero, como si aquel mini grupo fuera un dragón de tres cabezas...
Nos había adelantado el grupo cabecero (que eran 8 ó 10 unidades) en la segunda vuelta (para ellos la última), y aunque intenté aguantar, me reventaron en la subida. Luego me pasó Bart que iba un poco rezagado (pero que terminó dándose un festín a pie adelantando gente -lástima que sólo llegara cuarto-). Yo no albergaba duda alguna al respecto de mi rendimiento en bici, pero me quedó del todo claro con estos repasos que nos daban los primeros.
Al final, después de todo, me quedé con el buen sabor de boca de haber cogido a bastante gente (incluso a José María), ¡lástima que a Felipe no lo pude doblar, jaja!
La segunda transición tuvo un nivel de patetismo similar a la primera, razón por la cual la media docena largo de desperdigados que había conseguido llevar detrás de mí, cual flautista, salieron por piernas de boxes antes que yo. Algunos en la clasificación final me lo explicaron con 2 ó 3 minutos de diferencia, pero después de todo, y de que un "Yankauskas" casi me abrazara al llegar a meta (no se dió cuenta de que la bandera de su Lituania natal coincide en coloración con la de la Etiopía de mi niña -que es la que enarbolo yo ahora en mis carreras-, razón por la cual me estuvo persiguiendo por entre la gente que se arremolinaba en la meta), quedé satisfecho, con la sensación de haber cumplido, de haber estado a la altura de lo que se podía esperar de mí dadas las circunstancias y los entrenos. ¿Y qué si entraron por delante de mí 150? Si en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, este globero es el jefe de la cuadrilla del último quinto... de participantes, porque como ya os he dicho, más globeros que marineros ví la mañana del domingo.
Entre los primeros, obviamente, se encontraba servidor que, cual Flipy del triatlón, se disponía a experimentar hasta donde le dan a uno los músculos y las fuerzas participando en un triatlón no habiendo hecho NADA, pero lo que se dice NADA, con toda su literalidad: CERO PATATERO, NAIN, NOZIN OF NOZIN... en las últimas tres semanas, y con el raquítico bagaje de lo que va de temporada que paso a enumerar:
NATACION => desde el pasado mes de septiembre, cuando recogimos los bártulos playeros de fin de semana y pusimos fin a la temporada de baño -que es cuando aprovecho para nadar un ratico, nunca superior a la media hora-, el menda ha nadado 3 veces en piscina, a razón de dosmil metros por sesión, más el arrebato ilicitano, que sumando otros dosmil metros, dan una suma total que asusta: ¡lo que cualquiera de vosotros que se prepare medianamente hace en una semana, yo lo he hecho en nueve meses!
BICICLETA => tal vez sea el apartado que, aunque de lejos, pueda parecerse a lo que es un entrenamiento... Mira, ¿para qué engañarnos? Mis kilómetros de bici este año son también para darme un premio, pero al tío que se queda los fines de semana al calor de las sábanas, porque me sobran dedos en las manos para contar las veces que he salido, y de entre ellas sólo he hecho una vez más de 100 kilómetros (fueron 101 y porque no tenía a mano el número de teléfono del sepulturero porque lo habría llamado a medio camino para decirle que me fuera preparando el terreno -de este episodio seguro que se acuerda el bueno de Stani porque sin su rueda amiga todavía no habría llegado a casa-);otro par de veces he estado por los ochenta o noventa (allá por octubre o noviembre creo recordar), y luego ya alguna sesión de spining, que tal vez haya sido lo que me ayudó a solventar Elche con cierta dignidad.
PIE => Si me han salido dos medias "oficiales" -ninguna de ellas por debajo de 1h45-, y otras dos oficiosas por la mota del río (ahí si, ya ves tú, con sensaciones decentes), más la penitencia por las dunas de los Arenales de Elche, en plan coche de San Fernando (un ratico a pie y otro ratico andando), y alguna que otra tirada por encima de los diez kilómetros, pero nada de nada de series ni de farlek, ¿qué voy a pedir?... Pues mira, aunque sea una pregunta retórica, se me ocurre que le podría ir pidiendo a los Reyes un par de rodillas nuevas, porque las que tengo están para entrar con pico y pala y azulejarlas todas...
Por tanto, teniendo en cuenta que un triatlón se compone de los tres ítems anteriormente citados, ¿qué se puede esperar?
Volviendo a Cartagena, que es donde me había quedado. Pues eso, que el mono pudo conmigo (y no me refiero al mono de triatlón porque este año tenemos un dos piezas de categoría), y dado que me quedé con ganas de hacer el particular triatlón de San Pedro, con su prueba de natación a pata, me presenté en Cartagena con toda la ilusión del mundo, dispuesto a llegar, aunque fuera agarrado al coche escoba.
Pero hete aquí que fue enfundarme el neopreno (no estaba el agua como para hacerse el machito metiéndose a pelo, que ya me conozco yo esa sensación de la primera vez que hice Cartagena), y me empecé a sentir triatleta... no sé, una sensación rara. Entre eso, que había dejado los acoples puestos a la bici y que me saludaban los buenos (lo siento Felipe, no lo digo por tí, es que estuve hablando con nuestro compañero Bart Jaeken antes de empezar), empecé a pensar que podía hacer algo grande y sonado; ya lo estaba viendo rotulado en grandes titulares: "un globero que no entrena se lleva el trofeo de campeón del triatlón de Cartagena"... pero en cuanto sonó la bocina para empezar la natación (con media hora de retraso, por cierto), pude ver que ponía ese periódico virtual en letra pequeña: "la policía aún lo busca para restituírsela a su dueño, el vencedor de la prueba".
En fin, que ya estábamos nadando, yo por la "zona limpia" (es que últimamente veo las carreras de F1), para no llevarme manotazos que interrumpieran mi estado de meditación natatoria. Y como que no me sentía mal; yo a mi ritmo, que debe ser el mismo desde que empecé a nadar cuando tenía siete años, porque me salieron sólo unos pocos segundos más que el año pasado, y eso a pesar del ralo entrenamiento que he relatado en párrafos anteriores.
Las globerías empezaron en la transición que hice plácidamente sentado junto a José María, compañero de club de Felipe, y justo detrás del cual había salido del agua. Creo que cuando el cogió la bici y se marchó yo aún estaba sacando la segunda pata del neopreno, y seguía llegando gente y marchándose... ¡se nota que esto de la transición tampoco lo entreno!
Total, que si aspiraba a coger algún grupillo, aunque fuera pequeño, para hacer una bici en condiciones, dado que cuando llegué a boxes aún quedaban un buen número de jumentos, por tortugo tendría que apechugar contra el viento en solitario, ya que el percal que salía era folklore puro (uno ví que hasta llevaba portaequipajes en la bici, ¡con eso queda tó dicho!).
Era lo que tocaba, así que no tuve más remedio que acoplarme y salí dispuesto a tirar hasta reventar. En la primera recta adelanté a unos cuantos, por unos momentos me creía el primo globero de Cancelara. Iba hasta acoplado... Pero no iría tan cañón cuando se me enchufaron a rueda varios. En un par de ocasiones miré para atrás, por ver si la cuadrilla entendía la indirecta, pero la peña iba tan tocada de globería como yo o más. O lo mismo menos, porque el panoli lo hacía yo tirando. O tal vez no, porque yo había ido a hacer mi carrera.
En éstas llega la primera subida, y yo entonces veo la jugada: uno de los que llevaba a rueda se pone delante, en plan Contador... ¿y qué os voy yo a "contar"? ¡hasta ahí podríamos llegar!... ¡de algo tenían que servir las series sufridas en la cuestecica del Valle!.. así que a plato y a pulmón, volví a coger el mando del mini grupo (si es que alguna vez fue grupo) y llegué al giro en primera posición... ¡olé mis webs! ¡y vaya calentón tonto!... pero para el que no tuviera conocimiento de ello, que sepa que el globero también tiene su honor.
A partir de ahí la cosa cambió... creo que surtió efectos la demostración y quedó claro quien mandaba... ¡me convertí en el Garibaldi de los globeros!... y hasta en una ocasión, ya mediada la tercera vuelta tuve que llamar al orden a uno de los que acabábamos de alcanzar que tiraba por otro lado, para ver si nos poníamos de acuerdo y no hacíamos más el gili-globero, como si aquel mini grupo fuera un dragón de tres cabezas...
Nos había adelantado el grupo cabecero (que eran 8 ó 10 unidades) en la segunda vuelta (para ellos la última), y aunque intenté aguantar, me reventaron en la subida. Luego me pasó Bart que iba un poco rezagado (pero que terminó dándose un festín a pie adelantando gente -lástima que sólo llegara cuarto-). Yo no albergaba duda alguna al respecto de mi rendimiento en bici, pero me quedó del todo claro con estos repasos que nos daban los primeros.
Al final, después de todo, me quedé con el buen sabor de boca de haber cogido a bastante gente (incluso a José María), ¡lástima que a Felipe no lo pude doblar, jaja!
La segunda transición tuvo un nivel de patetismo similar a la primera, razón por la cual la media docena largo de desperdigados que había conseguido llevar detrás de mí, cual flautista, salieron por piernas de boxes antes que yo. Algunos en la clasificación final me lo explicaron con 2 ó 3 minutos de diferencia, pero después de todo, y de que un "Yankauskas" casi me abrazara al llegar a meta (no se dió cuenta de que la bandera de su Lituania natal coincide en coloración con la de la Etiopía de mi niña -que es la que enarbolo yo ahora en mis carreras-, razón por la cual me estuvo persiguiendo por entre la gente que se arremolinaba en la meta), quedé satisfecho, con la sensación de haber cumplido, de haber estado a la altura de lo que se podía esperar de mí dadas las circunstancias y los entrenos. ¿Y qué si entraron por delante de mí 150? Si en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, este globero es el jefe de la cuadrilla del último quinto... de participantes, porque como ya os he dicho, más globeros que marineros ví la mañana del domingo.
martes, 11 de mayo de 2010
DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ENTRENAR
Hoy me he levantado dando un salto mortal, he echado un par de huevos a mi sartén, dando volteretas he llegado al baño, me he duchado y he despilfarrado el gel, porque hoy... algo me dice que voy a pasármelo bien...
No te creas, que yo también me lo he preguntado, ¿pero qué cojones pinta una de los Hombres G en mi blog, así en "prime-time"? No sé. Será que ya vuelven a sonreir mis endorfinas, y que el cajón de mis fuerzas, que se quedó en números rojos después de Elche, vuelve a rebosar, y se prepara para dar el do de pecho y de piernas el próximo domingo en el triatlón de Cartagena, prueba que me gusta y que he estado preparando concienzudamente en las últimas dos semanas con unas rutinas de entrenamiento totalmente innovadoras y que os presento por si alguien se apunta:
1) circuito americano a las cinco de la mañana por el pasillo de casa hacia la cocina a preparar el biberón de la peque, en total oscuridad, sorteando todos los obstáculos del camino (leáse muebles, puertas cerradas que uno creía haber dejado abiertas y con las que resulta peligrosamente fácil tener un encuentro casual e indeseado),
2) tabla de levantamientos de niña etíope de siete kilos y medio -ejercicio muy reconfortante y que suele ir acompañado de una sonrisa que revitaliza más que medio litro de taurina en vena-,
3) cambio de pañal cagado y sprint corto hasta el cubo de la basura intentando evitar que el olor colapse los centros neurálgicos olfativos de las personas,
4) meneo de carrito, cuna y/o hamaca-balancín con ritmo aeróbico en series que quedan al criterio de Morfeo,
5)PS45' sin avituallamiento. Nada que ver con la Play Station; es como un R45' pero con Paseo de Sillita y sin avituallamiento porque no está permitido detenerse a tomarse nada, bajo amenaza de queja incesante en forma de lloriqueo ante el cese total de energía cinética.
En fin, seguro que ya habréis resuelto el jeroglífico y que habréis deducido perfectamente lo que quería decir el título -que, por cierto, he parafraseado del último libro que he leído-. Que me perdone Haruki Murakami. De su libro hablaré en la siguiente entrada, pero os adelanto que este escritor japonés, además de ser uno de los candidatos al Nobel es "uno de los nuestros", porque es atleta y triatleta aficionado.
Nota: Si llegara a la meta en Cartagena por delante de alguien, que no me lo tenga en cuenta. Seguramente tendrá ampollas del tamaño de melones, habrá pinchado siete veces o se habrá enredado con un tallo de Poseidónea mientras intentaba nadar y salir con vida de las aguas del puerto.
No te creas, que yo también me lo he preguntado, ¿pero qué cojones pinta una de los Hombres G en mi blog, así en "prime-time"? No sé. Será que ya vuelven a sonreir mis endorfinas, y que el cajón de mis fuerzas, que se quedó en números rojos después de Elche, vuelve a rebosar, y se prepara para dar el do de pecho y de piernas el próximo domingo en el triatlón de Cartagena, prueba que me gusta y que he estado preparando concienzudamente en las últimas dos semanas con unas rutinas de entrenamiento totalmente innovadoras y que os presento por si alguien se apunta:
1) circuito americano a las cinco de la mañana por el pasillo de casa hacia la cocina a preparar el biberón de la peque, en total oscuridad, sorteando todos los obstáculos del camino (leáse muebles, puertas cerradas que uno creía haber dejado abiertas y con las que resulta peligrosamente fácil tener un encuentro casual e indeseado),
2) tabla de levantamientos de niña etíope de siete kilos y medio -ejercicio muy reconfortante y que suele ir acompañado de una sonrisa que revitaliza más que medio litro de taurina en vena-,
3) cambio de pañal cagado y sprint corto hasta el cubo de la basura intentando evitar que el olor colapse los centros neurálgicos olfativos de las personas,
4) meneo de carrito, cuna y/o hamaca-balancín con ritmo aeróbico en series que quedan al criterio de Morfeo,
5)PS45' sin avituallamiento. Nada que ver con la Play Station; es como un R45' pero con Paseo de Sillita y sin avituallamiento porque no está permitido detenerse a tomarse nada, bajo amenaza de queja incesante en forma de lloriqueo ante el cese total de energía cinética.
En fin, seguro que ya habréis resuelto el jeroglífico y que habréis deducido perfectamente lo que quería decir el título -que, por cierto, he parafraseado del último libro que he leído-. Que me perdone Haruki Murakami. De su libro hablaré en la siguiente entrada, pero os adelanto que este escritor japonés, además de ser uno de los candidatos al Nobel es "uno de los nuestros", porque es atleta y triatleta aficionado.
Nota: Si llegara a la meta en Cartagena por delante de alguien, que no me lo tenga en cuenta. Seguramente tendrá ampollas del tamaño de melones, habrá pinchado siete veces o se habrá enredado con un tallo de Poseidónea mientras intentaba nadar y salir con vida de las aguas del puerto.
sábado, 1 de mayo de 2010
TRIATLON DE ELCHE - el vuelo rasante del colibrí ¡¡¡y tres!!!
Ni el guepardo, ni el correcaminos, ni el "campillus" velociraptorus. Los entendidos aseguran que el colibrí vuela a 27'3 metros por segundo (casi 100 km/h) y que por ello es el vertebrado más veloz. Lo asombroso del estudio es la afirmación de que ha adquirido esta extraordinaria capacidad para poder seducir a las hembras. Servidor, que es más lento corriendo los mil metros lisos que Chiquito de la Calzada con osteoporosis, le ha preguntado a su media mandarina y ésta me asegura, para mi total tranquilidad, que los colibrís no la ponen nada de nada por muy rápidos que vayan.
Respiro hondo y tranquilo, casi como cuando en el triatlón de Elche -vuelvo a engancharme aquí con la crónica de la carrera, sin que apenas se note, ¡vaya arte que tengo!- dejé los bártulos ciclistas en boxes y me calcé mis brooks -a las que tenía entre algodones para evitarles lesiones de desgaste, desde antes de marchar para las Áfricas (y de eso hace ya un mes y medio largo)-, me calé la visera y eché a correr, mientras me anudaba a la cintura la bufanda tricolor de mi pequeña. Este último gesto, que desde fuera puede parecer una invocación al espíritu de las conciencias solidarias, es pura prevención, dado que por los andurriales por los que asegura el mapa de ruta que nos van a meter y la altura acumulada, lo mismo hay que pasar junto a alguna nube y hace frío...
Falsa alarma lo del frío. Me doy cuenta apenas se me pasa el efecto "prueba superada" que se había apoderado de mi ánimo nada más bajarme de la bici. La salida de boxes, por mucha agua fresquita de la muerte que tuvieran preparada justo al comenzar el circuito a pie me recuerda a esos días de bochorno estival, cuando estás en casa, en plena canícula al amor del aire acondicionado y se te ocurre sacar el morrillo a ver lo que se cuece en la calle, y de poco lo que se cuece, precisamente, es tu morrillo. Son dos segundos lo que se tarda: uno en abrir la ventana y otro en cerrarla, ¿no?... Pues aquí, la alegría por empezar el último sector se te evapora, apremiada por el astrigente calor, en lo que tardas en acercarte a la escalera "piraña", porque se come todos los arrestos de fuerzas que te queden, desnudándote del mínimo brío necesario para acometer la aventura de los veintiún kilómetros restantes.
Rebusco en los bolsillos del recién estrenado dos piezas, pero ya ni ahí me quedan fuerzas. Tampoco llevo recambios de rodilla, así que optó por compartir el imprescindible avituallamiento líquido con ellas, rociándolas de agua fría en cada repostaje, de forma que al menos me permitan llegar al siguiente puesto de esperanzas. El invento parece que funciona y que, cual fuego, voy aplacando las iras de los músculos circundantes a los engranajes de mi falluto órgano locomotor. Por si fuera poco, el regreso al paseo, tras la dura subida, no lo puedo hacer como el pasado año, en que me tiraba cuesta abajo a toda máquina. Se me atascan las rodillas en la subida casi tanto como en la bajada.
Apenas llevo un par de kilómetros cuando el nivel se estabiliza un poco en el paseo, pero la situación no mejora. La gente anima incansable. Pero no son ánimos lo que escasean sino fuerzas. Intento estirar, tanto las piernas como las fuerzas, para llegar al siguiente puesto de socorro gastronómico. Como es cuesta abajo suelto el freno de mano y llego.
Más que una media maratón, me siento como si estuviera haciendo la ruta del tapeo de Arenales, parando en todas y cada una de las tascas que habían preparado los organizadores, alguna de ellas en pleno solanero, como para joder tanto a corredores como a los esforzados y animosos avitualladores. Eché de menos los daikiris, pero con una perfecta combinación de gel-plátano se podía ir tirando.
Como hablaros de técnica de carrera a pie sería, además de una presunción por mi parte, una falta de respeto a los que sóis capaces de correr de forma continuada sin que se os suban los caracoles, os diré que tengo el croquis del recorrido grabado a fuego para los restos, con el recuerdo imborrable de los bidones donde se cobijaba el agua o el isotónico bien fresquito. A falta de una buena cerveza que llevarse a la boca con tanto calor (del enrojecimiento cangrejil de las partes de piel expuestas al sol ya hablaremos otro día), me sigue salvando el agua fría rociada sobre las rodillas. No sé si saldría humo, pero a mí me permitía ir tirando otro poco. Más de una vez estuve tentado de meter las piernas enteras en los bidones con hielo, pero si me abstuve fue porque de haberlo hecho creo que ya no hubiera terminado pues me hubiera quedado alli a vivir, y también porque el paso por la arena hubiera sido aún más extenuante, y bastante rebozados llevaba ya los pies de tierra como para que se me pegara más.
Y en estas llegamos a la gran novedad de la cita pedestre de esta edición: la arena. Si alguien conoce una carrera donde se alternen tantos tipos de firme, que me lo diga: asfalto, escalones de cemento, aceras, tierra, tierra y piedras, más piedras con tierra, arena, pasarelas de madera... ¿en qué momento se me rompió la brújula y aparecí en una etapa del Maraton des Sables? ¿nadie se sintió abducido por un momento como yo?... Puede ser que estuvieran buscando franquiciados, o lo mismo es que, el año próximo, la etapa prólogo de la dura prueba de las arenas saharianas tienen pensado disputarla en los Arenales de Elche... Porque para hacer más duro este jodido y bendito triatlón sólo se me ocurre que pongan pinchos en la arena, que en lugar de agua nos den orina de gato recalentada, que haya que meterse al agua a cazar una medusa con las manos atadas a la espalda o que la gente que presencia la carrera en el paseo, en lugar de animar, nos insulte, nos escupa y nos ponga la zancadilla. Ahí quedan las ideas, sin copirrín ni nada...
Poco más puedo decir... ¡ah, si! ¡que los dulces del avituallamiento antes del desvío para el circuito de la playa estaban buenísimos! y que como andar por la arena lo recomiendanlos traumatólogos para fortalecer las articulaciones, ¿quién soy yo para contradecir el criterio de esos especialistas del trauma? -lo digo por si alguien aprecia en la foto alguna diferencia en la marcha de los triatletas en fila de a uno-.
A los que no lo sepan -por pertenecer a la casta de los que bajan de las cinco horas-, les diré, desde mi perspectiva casi de triatleta escoba, que eso de dar vueltas a un circuito así de variado, duro y remoto, sólo es divertido mientras te cruzas con gente (aunque te lleven hora y media). No te digo nada si eres de los que va adelantando peña como el que va recogiendo flores por el campo... Al menos espero que seas de los que se solidarizan con el que va más roto que un juguete en manos de una cría de león, y en lugar de pasar con la cabeza alta y un perfecto balanceo de hombros y brazos, al deshecho globero le regales aunque sea un esbozo de gesto de ánimo. A mi me agrada que cuando me aparto para que me doblen (aunque bastante doblado va uno ya), el derrapante triatleta me lo agradezca aunque sea con un somero "gracias", que tampoco espero que saque un gancho al que poder agarrarme. Y en cuanto a lo de apiadarse de uno, intentándote colar esa mentira piadosa tan manida del "¡venga, que ya no queda nada!", pues mira, que casi mejor que no... ¡no te jode! ¡a tí que me llevas más de diez kilómetros!
Digo esto porque, si la primera vuelta fue dura, la segunda, cuando apenas quedábamos medio centenar repartidos a lo largo de diez kilómetros ni te cuento... Sirva como dato que a lo largo de la segunda parada miccionadora, realizada en los últimos pinos, poco antes de llegar a la playa, creo que sólo me adelantaron un par de intrépidos, a los que obviamente volví a adelantar una vez reintegrado a la marcha (iba a decir "carrera" pero se me antojaba pretencioso).. Desde ahí al final, quede en nuestro haber de "finisher" que ni tuvimos tentación de acortar un giro en el que ya no quedaba nadie.
Sólo faltaba un paso por la arena... atreverme a catalogarlo de travesía por el desierto tal vez suene grandilocuente, pero he de decir que cuando no se puede más y se comparte el sentir con otro triatleta (en estas había pillado a Alvaro, un Camaleón debutante en estas lides y que iba aún más jodido que yo), poco más se puede hacer. Como dice el filósofo: "el que hace todo lo que puede, no está obligado a más", y al menos en carrera, mis rodillas y yo poco más pudimos hacer. Entrenar más (o sencillamente "entrenar") es mi asignatura pendiente. Pero es que yo siempre fui de los de estudiar el día antes.
No sé lo que opinaréis, porque esto es como lo que enseñaban en el bachillerato en clase de dibujo técnico: todo cuestión de perspectiva. Y desde la perspectiva de este colibrí alicorto eso es lo que ví.
Luego en meta también ví a campeones... ¿qué digo campeones? ¡campeonísimos y campeonísimas! Incluso me permití el lujo de ganarles en la cola del arroz. Perico y Mabel, y nuestro inagotable jefe de filas, Jesús Carrillo, tratándome todos como uno más de la cuadrilla y preguntándome qué tal -como si no se viera por las pintas y las horas de llegar-. ¡Vaya lujo! Se podían haber comido tres cabritos enteros en el tiempo que llevaban en meta, y allí estaban, detrás de mí en la cola del arroz... ¡qué sensación! ¡ya que ni en sueños podría mojarles la oreja en una carrera al menos fui más rápido que ellos para el arroz!... y también fui rápido desapareciendo, porque empecé a notar las mismas sensaciones que al terminar la media de Santa Pola y no quisé que se repitiera el espectáculo, por lo que tiré para boxes, aún no sé bien cómo -imagino que porque lo de andar no se olvida por muy mal que vaya uno-.
El que también me ganó (¡además de otros ochocientos no sé cuantos jaja!) fue el otro Jesús, el camaleón. Se nota su mayor preparación y el cuidado de su cuadro técnico (María, su novia, que lo atendía en meta a cuerpo de rey -fue a buscarle el arroz y todo- y que en la salida le sacaba fotos -por cierto, a ver si me enviáis la única foto en la que creo que tendré buena cara, que fue enfundado en el neopreno antes de empezar-).
Y ya está. ¿Alguna duda?... Si alguien quiere contratarme para alguna conferencia, clinic o similar, que sepa que mi caché sube por momentos, que a mí la crisis de Grecia no me afecta.
PD: si no pongo más fotos no es por vergüenza, sencillamente es porque no tengo (la única que he puesto es cortesía de ese depredador llamado "campillus" velociraptorus, ¡gracias juancar! Parece mentira que trabajando en un banco des fotos sin pedir aval ni nada, ja,ja). Si alguien puede facilitarme algún documento gráfico más para que no se atragante tanta letra, mejor.
Respiro hondo y tranquilo, casi como cuando en el triatlón de Elche -vuelvo a engancharme aquí con la crónica de la carrera, sin que apenas se note, ¡vaya arte que tengo!- dejé los bártulos ciclistas en boxes y me calcé mis brooks -a las que tenía entre algodones para evitarles lesiones de desgaste, desde antes de marchar para las Áfricas (y de eso hace ya un mes y medio largo)-, me calé la visera y eché a correr, mientras me anudaba a la cintura la bufanda tricolor de mi pequeña. Este último gesto, que desde fuera puede parecer una invocación al espíritu de las conciencias solidarias, es pura prevención, dado que por los andurriales por los que asegura el mapa de ruta que nos van a meter y la altura acumulada, lo mismo hay que pasar junto a alguna nube y hace frío...
Falsa alarma lo del frío. Me doy cuenta apenas se me pasa el efecto "prueba superada" que se había apoderado de mi ánimo nada más bajarme de la bici. La salida de boxes, por mucha agua fresquita de la muerte que tuvieran preparada justo al comenzar el circuito a pie me recuerda a esos días de bochorno estival, cuando estás en casa, en plena canícula al amor del aire acondicionado y se te ocurre sacar el morrillo a ver lo que se cuece en la calle, y de poco lo que se cuece, precisamente, es tu morrillo. Son dos segundos lo que se tarda: uno en abrir la ventana y otro en cerrarla, ¿no?... Pues aquí, la alegría por empezar el último sector se te evapora, apremiada por el astrigente calor, en lo que tardas en acercarte a la escalera "piraña", porque se come todos los arrestos de fuerzas que te queden, desnudándote del mínimo brío necesario para acometer la aventura de los veintiún kilómetros restantes.
Rebusco en los bolsillos del recién estrenado dos piezas, pero ya ni ahí me quedan fuerzas. Tampoco llevo recambios de rodilla, así que optó por compartir el imprescindible avituallamiento líquido con ellas, rociándolas de agua fría en cada repostaje, de forma que al menos me permitan llegar al siguiente puesto de esperanzas. El invento parece que funciona y que, cual fuego, voy aplacando las iras de los músculos circundantes a los engranajes de mi falluto órgano locomotor. Por si fuera poco, el regreso al paseo, tras la dura subida, no lo puedo hacer como el pasado año, en que me tiraba cuesta abajo a toda máquina. Se me atascan las rodillas en la subida casi tanto como en la bajada.
Apenas llevo un par de kilómetros cuando el nivel se estabiliza un poco en el paseo, pero la situación no mejora. La gente anima incansable. Pero no son ánimos lo que escasean sino fuerzas. Intento estirar, tanto las piernas como las fuerzas, para llegar al siguiente puesto de socorro gastronómico. Como es cuesta abajo suelto el freno de mano y llego.
Más que una media maratón, me siento como si estuviera haciendo la ruta del tapeo de Arenales, parando en todas y cada una de las tascas que habían preparado los organizadores, alguna de ellas en pleno solanero, como para joder tanto a corredores como a los esforzados y animosos avitualladores. Eché de menos los daikiris, pero con una perfecta combinación de gel-plátano se podía ir tirando.
Como hablaros de técnica de carrera a pie sería, además de una presunción por mi parte, una falta de respeto a los que sóis capaces de correr de forma continuada sin que se os suban los caracoles, os diré que tengo el croquis del recorrido grabado a fuego para los restos, con el recuerdo imborrable de los bidones donde se cobijaba el agua o el isotónico bien fresquito. A falta de una buena cerveza que llevarse a la boca con tanto calor (del enrojecimiento cangrejil de las partes de piel expuestas al sol ya hablaremos otro día), me sigue salvando el agua fría rociada sobre las rodillas. No sé si saldría humo, pero a mí me permitía ir tirando otro poco. Más de una vez estuve tentado de meter las piernas enteras en los bidones con hielo, pero si me abstuve fue porque de haberlo hecho creo que ya no hubiera terminado pues me hubiera quedado alli a vivir, y también porque el paso por la arena hubiera sido aún más extenuante, y bastante rebozados llevaba ya los pies de tierra como para que se me pegara más.
Y en estas llegamos a la gran novedad de la cita pedestre de esta edición: la arena. Si alguien conoce una carrera donde se alternen tantos tipos de firme, que me lo diga: asfalto, escalones de cemento, aceras, tierra, tierra y piedras, más piedras con tierra, arena, pasarelas de madera... ¿en qué momento se me rompió la brújula y aparecí en una etapa del Maraton des Sables? ¿nadie se sintió abducido por un momento como yo?... Puede ser que estuvieran buscando franquiciados, o lo mismo es que, el año próximo, la etapa prólogo de la dura prueba de las arenas saharianas tienen pensado disputarla en los Arenales de Elche... Porque para hacer más duro este jodido y bendito triatlón sólo se me ocurre que pongan pinchos en la arena, que en lugar de agua nos den orina de gato recalentada, que haya que meterse al agua a cazar una medusa con las manos atadas a la espalda o que la gente que presencia la carrera en el paseo, en lugar de animar, nos insulte, nos escupa y nos ponga la zancadilla. Ahí quedan las ideas, sin copirrín ni nada...
Poco más puedo decir... ¡ah, si! ¡que los dulces del avituallamiento antes del desvío para el circuito de la playa estaban buenísimos! y que como andar por la arena lo recomiendanlos traumatólogos para fortalecer las articulaciones, ¿quién soy yo para contradecir el criterio de esos especialistas del trauma? -lo digo por si alguien aprecia en la foto alguna diferencia en la marcha de los triatletas en fila de a uno-.
A los que no lo sepan -por pertenecer a la casta de los que bajan de las cinco horas-, les diré, desde mi perspectiva casi de triatleta escoba, que eso de dar vueltas a un circuito así de variado, duro y remoto, sólo es divertido mientras te cruzas con gente (aunque te lleven hora y media). No te digo nada si eres de los que va adelantando peña como el que va recogiendo flores por el campo... Al menos espero que seas de los que se solidarizan con el que va más roto que un juguete en manos de una cría de león, y en lugar de pasar con la cabeza alta y un perfecto balanceo de hombros y brazos, al deshecho globero le regales aunque sea un esbozo de gesto de ánimo. A mi me agrada que cuando me aparto para que me doblen (aunque bastante doblado va uno ya), el derrapante triatleta me lo agradezca aunque sea con un somero "gracias", que tampoco espero que saque un gancho al que poder agarrarme. Y en cuanto a lo de apiadarse de uno, intentándote colar esa mentira piadosa tan manida del "¡venga, que ya no queda nada!", pues mira, que casi mejor que no... ¡no te jode! ¡a tí que me llevas más de diez kilómetros!
Digo esto porque, si la primera vuelta fue dura, la segunda, cuando apenas quedábamos medio centenar repartidos a lo largo de diez kilómetros ni te cuento... Sirva como dato que a lo largo de la segunda parada miccionadora, realizada en los últimos pinos, poco antes de llegar a la playa, creo que sólo me adelantaron un par de intrépidos, a los que obviamente volví a adelantar una vez reintegrado a la marcha (iba a decir "carrera" pero se me antojaba pretencioso).. Desde ahí al final, quede en nuestro haber de "finisher" que ni tuvimos tentación de acortar un giro en el que ya no quedaba nadie.
Sólo faltaba un paso por la arena... atreverme a catalogarlo de travesía por el desierto tal vez suene grandilocuente, pero he de decir que cuando no se puede más y se comparte el sentir con otro triatleta (en estas había pillado a Alvaro, un Camaleón debutante en estas lides y que iba aún más jodido que yo), poco más se puede hacer. Como dice el filósofo: "el que hace todo lo que puede, no está obligado a más", y al menos en carrera, mis rodillas y yo poco más pudimos hacer. Entrenar más (o sencillamente "entrenar") es mi asignatura pendiente. Pero es que yo siempre fui de los de estudiar el día antes.
No sé lo que opinaréis, porque esto es como lo que enseñaban en el bachillerato en clase de dibujo técnico: todo cuestión de perspectiva. Y desde la perspectiva de este colibrí alicorto eso es lo que ví.
Luego en meta también ví a campeones... ¿qué digo campeones? ¡campeonísimos y campeonísimas! Incluso me permití el lujo de ganarles en la cola del arroz. Perico y Mabel, y nuestro inagotable jefe de filas, Jesús Carrillo, tratándome todos como uno más de la cuadrilla y preguntándome qué tal -como si no se viera por las pintas y las horas de llegar-. ¡Vaya lujo! Se podían haber comido tres cabritos enteros en el tiempo que llevaban en meta, y allí estaban, detrás de mí en la cola del arroz... ¡qué sensación! ¡ya que ni en sueños podría mojarles la oreja en una carrera al menos fui más rápido que ellos para el arroz!... y también fui rápido desapareciendo, porque empecé a notar las mismas sensaciones que al terminar la media de Santa Pola y no quisé que se repitiera el espectáculo, por lo que tiré para boxes, aún no sé bien cómo -imagino que porque lo de andar no se olvida por muy mal que vaya uno-.
El que también me ganó (¡además de otros ochocientos no sé cuantos jaja!) fue el otro Jesús, el camaleón. Se nota su mayor preparación y el cuidado de su cuadro técnico (María, su novia, que lo atendía en meta a cuerpo de rey -fue a buscarle el arroz y todo- y que en la salida le sacaba fotos -por cierto, a ver si me enviáis la única foto en la que creo que tendré buena cara, que fue enfundado en el neopreno antes de empezar-).
Y ya está. ¿Alguna duda?... Si alguien quiere contratarme para alguna conferencia, clinic o similar, que sepa que mi caché sube por momentos, que a mí la crisis de Grecia no me afecta.
PD: si no pongo más fotos no es por vergüenza, sencillamente es porque no tengo (la única que he puesto es cortesía de ese depredador llamado "campillus" velociraptorus, ¡gracias juancar! Parece mentira que trabajando en un banco des fotos sin pedir aval ni nada, ja,ja). Si alguien puede facilitarme algún documento gráfico más para que no se atragante tanta letra, mejor.
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