Basándome en los bastos conocimientos de física cuántica que alberga la gris sustancia de mi cerebro, y la inestimable ayuda de una calculadora, os adelanto en unas pocas líneas el puesto aproximado en el que estimo mi llegada a priori, teniendo en cuenta los siguientes factores:
1) número total de inscritos
2) calidad de los mismos
3) entrenamientos que he llevado a cabo (jaja)
4) calidad de mi mismo (aquí es donde se juzga mi globería)
5) calidez del día (por seguir con lo de las calidades)
6) averías técnicas y/o/u hostiazos del quince
Y aunque seguro que me olvido de algún que otro factor corrector de suma importancia, teniendo en cuenta que JC, el gran limonchelista, me ha dicho que no debería tener problema para no llegar el último, y que a Stani y Juan los tengo un poco acobardaicos -que ya no hacen por apuntarse a un triste sprint de estos para no correr riesgos, ante la duda que tienen de si seguiré entrenando en el anonimato-, pues que yo estimo que me conformo con llegar encabezando el "pelotón de la cerveza", esto es, en el quinto-quinto.
Otra cosa no, pero chorradas con ingenio se me escurren del cerebro que no atino a controlarlas ni atándolas con esparto.
Ale, ya mañana si eso os lo cuento con pelos y señales (lo de los pelos darlo por supuesto, puesto que sigo sin depilarme; lo de las "señales", el señor de los tubulares no lo quiera, pues las últimas que me hice en la cara se me han quedado para los restos, jaja).
UNA VENTANA SIN CRISTALES ABIERTA A LA CRÓNICA SOCIAL Y TRIATLÉTICA, SEGÚN ME DÉ LA PARANOIA
sábado, 5 de febrero de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
BIENVENIDO AL CLUB DEL NO DRAFTING
Este próximo domingo, en Los Camachos nada menos (¿será porque va a tocar deshidratarse por la sobaquina?), estrenamos temporada de duatlón. Y para empezar, a juego con la ley antitabaco, otra prohibición más: no se vale el drafting. Los chuparruedas que se queden en casa disfrutando de una mañana de rodillo, que allí sólo nos juntaremos espíritus luchadores, los más esforzados, los puros y castos del triatlón...
Estoy como muy contento para no saber lo que me espera -aunque me lo imagine dado lo inexistente de mi entreno en los últimos 10 días-, y es que esta vez no sufriré porque no pueda cogerle la rueda a nadie, que en los últimos tris de la temporada pasada se me quedaba una cara de estulticio mayor cuando se me iban sin que pudiera enganchar dos pedaladas mínimamente fuertes, que no te cuento.
Y sin nervios ni nada. ¿Será que ya estoy llegando a esa edad en que ni se siente ni se padece? ¿o es que estoy en ese punto de madurez donde se rompe la sandía de puro dulce? ... Yo apostaría por lo primero. Y es que a pesar de haber conseguido la dudosa hazaña de terminar en Santa Pola antes que el bueno de Juanico, todo un señor IM, y por mucho que mi Stani me diga que he perdido la esencia, me estoy esforzando en estos últimos días en recuperarla. De paso también he recuperado un poco de pancica, que si no me va a sobrar mono de triatlón y tampoco es eso, que uno es de los rollizos, del club de la cerveza y el bombay, y no se va a cambiar así como así.
Ya os contaré cómo me va. Lo mismo hasta resulta divertido, aunque eso de hacerlo en un polígono industrial me temo que lo va a convertir en algo un poco desangelado... Mejor, así hago el ridi delante de menos peña.
Estoy como muy contento para no saber lo que me espera -aunque me lo imagine dado lo inexistente de mi entreno en los últimos 10 días-, y es que esta vez no sufriré porque no pueda cogerle la rueda a nadie, que en los últimos tris de la temporada pasada se me quedaba una cara de estulticio mayor cuando se me iban sin que pudiera enganchar dos pedaladas mínimamente fuertes, que no te cuento.
Y sin nervios ni nada. ¿Será que ya estoy llegando a esa edad en que ni se siente ni se padece? ¿o es que estoy en ese punto de madurez donde se rompe la sandía de puro dulce? ... Yo apostaría por lo primero. Y es que a pesar de haber conseguido la dudosa hazaña de terminar en Santa Pola antes que el bueno de Juanico, todo un señor IM, y por mucho que mi Stani me diga que he perdido la esencia, me estoy esforzando en estos últimos días en recuperarla. De paso también he recuperado un poco de pancica, que si no me va a sobrar mono de triatlón y tampoco es eso, que uno es de los rollizos, del club de la cerveza y el bombay, y no se va a cambiar así como así.
Ya os contaré cómo me va. Lo mismo hasta resulta divertido, aunque eso de hacerlo en un polígono industrial me temo que lo va a convertir en algo un poco desangelado... Mejor, así hago el ridi delante de menos peña.
martes, 25 de enero de 2011
Media de Santa Pola y el misterio del triatleta y los manguitos
Para otra cosa no, pero para lo que es inventar títulos rocambolescos para las entradas al blog, ¡se me ocurre cada cosa!...
Bueno, la verdad es que había pensado titularlo así como "el día que derroté a un ironman", pero me parecía demasiado pretencioso, para lo humilde que viene a ser uno, con sus entrenos en secreto y demás. Así que lo he cambiado por el que habéis visto, que mezcla episodios de fines de semana distintos. Por tanto, tiraré de memoria primero y empezaré por algo que se me había quedado en el tintero el fin de semana anterior al de la masificada media de Santa Pola.
Parte 1: el misterio del triatleta y los manguitos desaparecidos
Ya sé que puede parecer el titulo de una novela de intriga, así en plan Agatha Cristie, pero es que con la "pelaera" que caía el sábado por la mañanita al arrejuntarnos con el clan de los "santomeranos" y tirar para las Abanillas de Dios, a golpe de machetazo, resulta que, cuando nosotros ibamos con nuestras mejores galas invernales, se presenta el sin par pipiolo Alejandro, el mismo que nos ha prometido dedicarnos sus primeras victorias, porque no albergo duda alguna de que las habrá, que el crío además de músico es un portento físico (Alejandro, con todo esto que te digo ya me debo haber ganado alguna cerveza, ¿no?), con un maillot y un culote de manga corta, ¡y sin guantes!...
Yo estuve por preguntarle al zagal si es que acaso los había hipotecado para pagar el nuevo jumento que se ha mercado, pero viendo nuestra cara de estupefacción no tuvo más remedio que aclararnos el mismo que algo de fresquete en la punta de los dedos si que tenía... ¡manda huevos! ¡yo con los míos más congelados que los de una merluza en un barco del capitán Pescanova y el tío sale con que tenía algo de "fresquete" en la punta de los dedos!...
Lo mismo fue por eso por lo que se puso a tirar como un poseso, y también fue por eso por lo que yo me las veía y me las deseaba para aguantar los coletazos al final del amorfo grupo... aunque soy de la opinión de que aquella amalgama de cuádriceps que habíamos formado subiendo para Abanilla no llegó a ser un grupo compacto ni doscientos metros.
Seguramente, además del de los manguitos, hubo otro misterio que algunos no habrán conseguido desentrañar todavía, y es que por qué me empeñaba en arrancarles en cada bajada si en cuanto volvía a equilibrarse la carretera me pillaban y me dejaban más cortado que un tetrabrik de leche abierto desde hace tres semanas, sobre todo teniendo en cuenta que me había apuntado a una transición de tres cuartos de hora a pie después de los sesenta kilómetros de bici... ¡No tengo respuesta! Y tampoco sé como terminé vivo, pero lo cierto es que aquí estoy contándolo.
Parte 2: media de Santa Pola 2011
Decir que ha sido la media maratón en la que más he disfrutado de todas cuantas he corrido (y ya son una docenita, sin contar las de los 3 medios IM que he terminado) tampoco tiene mucho mérito, porque algunas podría decirse que sólo las he corrido a medias. Del mismo modo, será difícil explicárselo a cualquier maquinorro de los que si van a cinco el kilómetro se retiran porque para competir con tortugas se compran un acuario...
Tampoco da para presumir mucho si se observa la clasificación, porque resulta que han llegado por delante de mí unos 4000 tíos... creo que es preferible empezar por detrás y resaltar que he llegado por delante de 3000 tíos... ¡si, así mola más! ¡y ya es la repanocha poder afirmar en mayúsculas, que HE LLEGADO ANTES QUE UN IM, y sin ponerle la zancadilla ni nada... (creo que lo de decir "sin entrenar" no cuela, porque el susodicho me ha estado espiando y sabe que salir de casa en pantalón corto y con mis pantorrilleras, al menos lo hice una vez la semana antes de la carrera, por lo que, siendo yo quien soy, puede decirse que estaba sobreentrenado, jaja). Pero no ahondaré en este tema de haber conseguido llegar antes, más que nada porque en la siguiente carrera me dirá que me vaya a patita para ir calentando en lugar de llevarme en coche, o más bien porque siendo honesto está claro que ha sido un accidente que dificilmente se repetirá en cuanto vuelva a su nivel habitual, que para eso es un IM.
Pero a lo que iba, que esta vez, además de correrla de principio a final, lo he hecho con una regularidad que hasta a mí me sorprende. Me había fijado como objetivo acercarme a 1h45, y creo que lo he conseguido con creces (1h46'34), sobre todo teniendo en cuenta que salimos muy retrasados y que fuimos combinando la disciplina atlélica con la nueva modalidad olímpica: el eslalon santapolero, consistente en ir metiendo codos por doquier y sorteando corredores durante 21 kilómetros, ¡que se dice pronto!, pero que seguro que un par de cientos de metros demás si que te obliga a hacer. La parte buena es la psicológica, porque no dejas de adelantar gente durante toda la carrera. Seguro que eso y olvidarme del ritmo de los demás (práctica que tan mal me sentó en carreras anteriores), han sido las claves de mi modesto éxito. Bueno, y también que no se pasara por allí el Lobo, que tengo comprobado que es estar él delante y a mí me sucede una desgracia, jaja.
Ya me están intentando tentarme con Orihuela, pero yo he empezado a pensar en la temporada de duatlón. El año pasado me la perdí entera por esa razoncica que en su momento fue la causa de que dejara de entrenar y toda competición, y que ahora me tiene loco, y que me hace ir detrás de ella todo el rato; seguro que esto cuenta como entrenamiento. Al menos a mí me cansa igual.
Antes de terminar una advertencia y es que no descarto seguir derrotando a aironmanes que se descuiden un poco y se duerman en los laureles, así que ojo avizor.
Bueno, la verdad es que había pensado titularlo así como "el día que derroté a un ironman", pero me parecía demasiado pretencioso, para lo humilde que viene a ser uno, con sus entrenos en secreto y demás. Así que lo he cambiado por el que habéis visto, que mezcla episodios de fines de semana distintos. Por tanto, tiraré de memoria primero y empezaré por algo que se me había quedado en el tintero el fin de semana anterior al de la masificada media de Santa Pola.
Parte 1: el misterio del triatleta y los manguitos desaparecidos
Ya sé que puede parecer el titulo de una novela de intriga, así en plan Agatha Cristie, pero es que con la "pelaera" que caía el sábado por la mañanita al arrejuntarnos con el clan de los "santomeranos" y tirar para las Abanillas de Dios, a golpe de machetazo, resulta que, cuando nosotros ibamos con nuestras mejores galas invernales, se presenta el sin par pipiolo Alejandro, el mismo que nos ha prometido dedicarnos sus primeras victorias, porque no albergo duda alguna de que las habrá, que el crío además de músico es un portento físico (Alejandro, con todo esto que te digo ya me debo haber ganado alguna cerveza, ¿no?), con un maillot y un culote de manga corta, ¡y sin guantes!...
Yo estuve por preguntarle al zagal si es que acaso los había hipotecado para pagar el nuevo jumento que se ha mercado, pero viendo nuestra cara de estupefacción no tuvo más remedio que aclararnos el mismo que algo de fresquete en la punta de los dedos si que tenía... ¡manda huevos! ¡yo con los míos más congelados que los de una merluza en un barco del capitán Pescanova y el tío sale con que tenía algo de "fresquete" en la punta de los dedos!...
Lo mismo fue por eso por lo que se puso a tirar como un poseso, y también fue por eso por lo que yo me las veía y me las deseaba para aguantar los coletazos al final del amorfo grupo... aunque soy de la opinión de que aquella amalgama de cuádriceps que habíamos formado subiendo para Abanilla no llegó a ser un grupo compacto ni doscientos metros.
Seguramente, además del de los manguitos, hubo otro misterio que algunos no habrán conseguido desentrañar todavía, y es que por qué me empeñaba en arrancarles en cada bajada si en cuanto volvía a equilibrarse la carretera me pillaban y me dejaban más cortado que un tetrabrik de leche abierto desde hace tres semanas, sobre todo teniendo en cuenta que me había apuntado a una transición de tres cuartos de hora a pie después de los sesenta kilómetros de bici... ¡No tengo respuesta! Y tampoco sé como terminé vivo, pero lo cierto es que aquí estoy contándolo.
Parte 2: media de Santa Pola 2011
Decir que ha sido la media maratón en la que más he disfrutado de todas cuantas he corrido (y ya son una docenita, sin contar las de los 3 medios IM que he terminado) tampoco tiene mucho mérito, porque algunas podría decirse que sólo las he corrido a medias. Del mismo modo, será difícil explicárselo a cualquier maquinorro de los que si van a cinco el kilómetro se retiran porque para competir con tortugas se compran un acuario...
Tampoco da para presumir mucho si se observa la clasificación, porque resulta que han llegado por delante de mí unos 4000 tíos... creo que es preferible empezar por detrás y resaltar que he llegado por delante de 3000 tíos... ¡si, así mola más! ¡y ya es la repanocha poder afirmar en mayúsculas, que HE LLEGADO ANTES QUE UN IM, y sin ponerle la zancadilla ni nada... (creo que lo de decir "sin entrenar" no cuela, porque el susodicho me ha estado espiando y sabe que salir de casa en pantalón corto y con mis pantorrilleras, al menos lo hice una vez la semana antes de la carrera, por lo que, siendo yo quien soy, puede decirse que estaba sobreentrenado, jaja). Pero no ahondaré en este tema de haber conseguido llegar antes, más que nada porque en la siguiente carrera me dirá que me vaya a patita para ir calentando en lugar de llevarme en coche, o más bien porque siendo honesto está claro que ha sido un accidente que dificilmente se repetirá en cuanto vuelva a su nivel habitual, que para eso es un IM.
Pero a lo que iba, que esta vez, además de correrla de principio a final, lo he hecho con una regularidad que hasta a mí me sorprende. Me había fijado como objetivo acercarme a 1h45, y creo que lo he conseguido con creces (1h46'34), sobre todo teniendo en cuenta que salimos muy retrasados y que fuimos combinando la disciplina atlélica con la nueva modalidad olímpica: el eslalon santapolero, consistente en ir metiendo codos por doquier y sorteando corredores durante 21 kilómetros, ¡que se dice pronto!, pero que seguro que un par de cientos de metros demás si que te obliga a hacer. La parte buena es la psicológica, porque no dejas de adelantar gente durante toda la carrera. Seguro que eso y olvidarme del ritmo de los demás (práctica que tan mal me sentó en carreras anteriores), han sido las claves de mi modesto éxito. Bueno, y también que no se pasara por allí el Lobo, que tengo comprobado que es estar él delante y a mí me sucede una desgracia, jaja.
Ya me están intentando tentarme con Orihuela, pero yo he empezado a pensar en la temporada de duatlón. El año pasado me la perdí entera por esa razoncica que en su momento fue la causa de que dejara de entrenar y toda competición, y que ahora me tiene loco, y que me hace ir detrás de ella todo el rato; seguro que esto cuenta como entrenamiento. Al menos a mí me cansa igual.
Antes de terminar una advertencia y es que no descarto seguir derrotando a aironmanes que se descuiden un poco y se duerman en los laureles, así que ojo avizor.
martes, 11 de enero de 2011
11111
Si estás leyendo esto es que no te ha tocado la lotería. Iba a empezar con el topicazo ese de "año nuevo, vida nueva", y aunque le he hecho unos apañicos visuales al blog, esto no deja de ser como que Falete se haga la liposucción en un moflete del culo, porque las células adiposas por mucho que las desinfles vuelven a su ser si en lo del manduque va uno con superávit. Vamos, que si, estamos de estreno de nuevo año, pero en lo que a mí respecta poco ha cambiado.
Mi vida, felizmente, cambió hace unos meses. Y desde entonces el sueño que se hizo realidad sigue pareciendo un sueño (toco madera o melamina o lo que se pueda tocar para que no cambie), así que he dejado a los Reyes Majos tranquilitos este año, que yo, que siempre he sido de buen conformar, me siento el más afortunado del mundo con nuestro regalico moreno.
En lo triatlético, todo sigue igual también. Por mucho que se rumoree que entreno con nocturnidad y matutinidad, aquí no hay sueño cumplido ni pollas en vinagre ni nadie ha de temer nada: parece que entreno porque me tienen vigilado (parece que ahora soy el rival a batir por ciertos aironmanes que parece que se están amanerando, jaja) y cada vez que salgo alguno de la cuadrilla se cruza conmigo. Y claro, con ese correr mío y esas pintas que debo llevar, ¡como para no fijarse!
Pero parece que tengo suerte y de momento me respetan dolores, molestias y lesiones (aunque con lo que entreno sería de muy gafe lesionarse), así que preparaos para el festival que este año voy a dar en el circuito murciano de duatlones, triatlones y todos los "ones" que haya que hacer.
Por cierto, ¿os habéis fijado que hoy es un día de números uno? ¡Y no, no es mi santo! Porque yo número 1 sólo podría aspirar a serlo dando la vuelta a las clasificaciones. Así que, si bien podría parecer que en el título se me ha ido el dedo pulsando el "1", para los que gocéis con estas mariconadas de las fechas curiosas, recordad que un día así no lo vamos a volver a ver (salvo firma expresa de pacto con el diablo, o que los científicos de la Universidad de Machachuset descubran que el limonchelo es el secreto de la eterna juventud): nada más y nada menos que 11 del 1 del año 11.
Mi vida, felizmente, cambió hace unos meses. Y desde entonces el sueño que se hizo realidad sigue pareciendo un sueño (toco madera o melamina o lo que se pueda tocar para que no cambie), así que he dejado a los Reyes Majos tranquilitos este año, que yo, que siempre he sido de buen conformar, me siento el más afortunado del mundo con nuestro regalico moreno.
En lo triatlético, todo sigue igual también. Por mucho que se rumoree que entreno con nocturnidad y matutinidad, aquí no hay sueño cumplido ni pollas en vinagre ni nadie ha de temer nada: parece que entreno porque me tienen vigilado (parece que ahora soy el rival a batir por ciertos aironmanes que parece que se están amanerando, jaja) y cada vez que salgo alguno de la cuadrilla se cruza conmigo. Y claro, con ese correr mío y esas pintas que debo llevar, ¡como para no fijarse!
Pero parece que tengo suerte y de momento me respetan dolores, molestias y lesiones (aunque con lo que entreno sería de muy gafe lesionarse), así que preparaos para el festival que este año voy a dar en el circuito murciano de duatlones, triatlones y todos los "ones" que haya que hacer.
Por cierto, ¿os habéis fijado que hoy es un día de números uno? ¡Y no, no es mi santo! Porque yo número 1 sólo podría aspirar a serlo dando la vuelta a las clasificaciones. Así que, si bien podría parecer que en el título se me ha ido el dedo pulsando el "1", para los que gocéis con estas mariconadas de las fechas curiosas, recordad que un día así no lo vamos a volver a ver (salvo firma expresa de pacto con el diablo, o que los científicos de la Universidad de Machachuset descubran que el limonchelo es el secreto de la eterna juventud): nada más y nada menos que 11 del 1 del año 11.
lunes, 20 de diciembre de 2010
POR EL CAMINO VERDE QUE VA A LA ERMITA
El pasado sábado me había abrigado como para acompañar a Amundsen a una expedición ártica, pero lo cierto es que sólo se trataba de hacer una salida ciclista.
Los otros cinco componentes de la grupeta que se formó camino de Torremendo (ruta que decidió nuestro guía espiritual, Stani) pedaleaban temerosos de que en cualquier momento pudiera ponerse a jarrear, casi tanto como que saliera de cualquier camino una panda de conductores borrachos de esos que todavía no había acabado la comida de empresas de navidad del día anterior. ¿Tal vez por eso decidieron poner un ritmo de esos que como no andes fino te quedas más cortado que siete lonchas de salami?...
Tal vez tendría que haberles tranquilizado haciéndoles saber que, en el bolsillo de mi chaqueta ciclista de invierno, me había llevado, amén de medio kilo de almendra molida y apelmazada en forma de barritas, llaves como para ejercer de sereno de media Murcia, y lo menos medio kilo de plátanos con el que se alimentarían el mono Amedio y los descendientes por línea materna de la mona chita, el amuleto definitivo para prevenir lluvias: el chubasquero.
Pero no lo hice (lo de tranquilizar a los forajidos de la bici a los que tuve, nuevamente, la osadía de acompañar, a saber: ese par de Campillos guerreros, el sin par Alejandro, más conocido como "el tío de los manguitos" o el triatleta que nunca tiene frío, Juanico y Stani, con sus dotes de "gepese" rural), y entre eso, y que Stani se había quedado con ganas de correr la BTT, tomamos las de Torremendo, parafraseando la cancioncilla popular: "por el camino verde, camino verde que va a la ermita".
Dice la canción que por el camino verde que va a la ermita, desde que tú te fuiste, lloran de pena las margaritas... Las margaritas no sé. Pero a mí me empezaron las ganas de llorar desde bien pronto. ¡Y eso que el camino no era verde sino azul!... Me estoy refiriendo a esa especie de carril bici que uno de esos gurús-ingenieros de caminos se ha marcado en paralelo a la nueva autovía que lleva a la playa desde Zeneta. Oye, que lo de "para-lelo" sirve como definición definitiva, porque hay que ser un poco gili para ir por ahí, sobre todo si la pintura azul pitufo que le han puesto al continuo y bárbaro sube-baja no es antideslizante, y no te puedes levantar para dar pedales si no quieres patinar de lo lindo.
Vamos, que entre lo duro que se me hacía subir, y el canguelo al bajar (porque encima había barro en los badenes, ya que el ingenieriete no había previsto que había ramblas que cuando caen 4 gotas sacan agua de los campos y embadurnan todo haciendo parecer aquello "el infierno del Norte" cuando estamos tan al sur), se me fueron la mayor parte de las fuerzas. Menos mal que cuando al fin cogimos una carretera en condiciones, alguien decidió que tampoco había ninguna alarma nuclear y llegamos hasta Torremendo sin demasiadas penurias.
En cambio, la vuelta, tras el almuerzo a las puertas de la gasolinera, ya sabía yo que iba a ser (como el resto de veces que he hecho esa ruta), un auténtico calvario para mi rala preparación. Menos mal que Stani me ofreció su rueda (si se la cogiera siempre que me la ofrece no tendría trastero para tener tanta rueda), y así, mal que bien, y sobre todo cuando la cosa tendía hacia abajo, pudimos dar caza a los que tenían prisa, que habían hecho una "R", un poco antes de llegar a Alquerías.
A la vuelta, aún me invitaron a dar unas vueltas por las inmediaciones del pantano de Santomera, para cubrir los ochenta kilómetros que tenían en el plan, pero Juanico (que tampoco iba para más fiestas) y este amigo del descanso, dijimos que ya habíamos tenido bastante con un pantano, y obviamos seguir sufriendo, aunque tampoco nos quitamos mucha pena, que el cuenta nos confesó al final que hicimos en torno a los 75.
La próxima que me inviten a ir por el camino azul, yo les cantaré los del camino verde, y me iré, si hace falta, por los cerros de Úbeda, que seguro que no están tan empinados, ni tienen tanto barro cuando llueve. De momento ahora, hasta nueva orden (o hasta el próximo año, ya veremos), me parece que voy a colgar los escarpines, por aquello de que los 2 próximos sábados (que es el día que vengo animándome a salir con esta peña que me dan tanta leña), son festividad del Señor. ¡Y yo no voy a ser menos -menos Señor, se entiende-!
Los otros cinco componentes de la grupeta que se formó camino de Torremendo (ruta que decidió nuestro guía espiritual, Stani) pedaleaban temerosos de que en cualquier momento pudiera ponerse a jarrear, casi tanto como que saliera de cualquier camino una panda de conductores borrachos de esos que todavía no había acabado la comida de empresas de navidad del día anterior. ¿Tal vez por eso decidieron poner un ritmo de esos que como no andes fino te quedas más cortado que siete lonchas de salami?...
Tal vez tendría que haberles tranquilizado haciéndoles saber que, en el bolsillo de mi chaqueta ciclista de invierno, me había llevado, amén de medio kilo de almendra molida y apelmazada en forma de barritas, llaves como para ejercer de sereno de media Murcia, y lo menos medio kilo de plátanos con el que se alimentarían el mono Amedio y los descendientes por línea materna de la mona chita, el amuleto definitivo para prevenir lluvias: el chubasquero.
Pero no lo hice (lo de tranquilizar a los forajidos de la bici a los que tuve, nuevamente, la osadía de acompañar, a saber: ese par de Campillos guerreros, el sin par Alejandro, más conocido como "el tío de los manguitos" o el triatleta que nunca tiene frío, Juanico y Stani, con sus dotes de "gepese" rural), y entre eso, y que Stani se había quedado con ganas de correr la BTT, tomamos las de Torremendo, parafraseando la cancioncilla popular: "por el camino verde, camino verde que va a la ermita".
Dice la canción que por el camino verde que va a la ermita, desde que tú te fuiste, lloran de pena las margaritas... Las margaritas no sé. Pero a mí me empezaron las ganas de llorar desde bien pronto. ¡Y eso que el camino no era verde sino azul!... Me estoy refiriendo a esa especie de carril bici que uno de esos gurús-ingenieros de caminos se ha marcado en paralelo a la nueva autovía que lleva a la playa desde Zeneta. Oye, que lo de "para-lelo" sirve como definición definitiva, porque hay que ser un poco gili para ir por ahí, sobre todo si la pintura azul pitufo que le han puesto al continuo y bárbaro sube-baja no es antideslizante, y no te puedes levantar para dar pedales si no quieres patinar de lo lindo.
Vamos, que entre lo duro que se me hacía subir, y el canguelo al bajar (porque encima había barro en los badenes, ya que el ingenieriete no había previsto que había ramblas que cuando caen 4 gotas sacan agua de los campos y embadurnan todo haciendo parecer aquello "el infierno del Norte" cuando estamos tan al sur), se me fueron la mayor parte de las fuerzas. Menos mal que cuando al fin cogimos una carretera en condiciones, alguien decidió que tampoco había ninguna alarma nuclear y llegamos hasta Torremendo sin demasiadas penurias.
En cambio, la vuelta, tras el almuerzo a las puertas de la gasolinera, ya sabía yo que iba a ser (como el resto de veces que he hecho esa ruta), un auténtico calvario para mi rala preparación. Menos mal que Stani me ofreció su rueda (si se la cogiera siempre que me la ofrece no tendría trastero para tener tanta rueda), y así, mal que bien, y sobre todo cuando la cosa tendía hacia abajo, pudimos dar caza a los que tenían prisa, que habían hecho una "R", un poco antes de llegar a Alquerías.
A la vuelta, aún me invitaron a dar unas vueltas por las inmediaciones del pantano de Santomera, para cubrir los ochenta kilómetros que tenían en el plan, pero Juanico (que tampoco iba para más fiestas) y este amigo del descanso, dijimos que ya habíamos tenido bastante con un pantano, y obviamos seguir sufriendo, aunque tampoco nos quitamos mucha pena, que el cuenta nos confesó al final que hicimos en torno a los 75.
La próxima que me inviten a ir por el camino azul, yo les cantaré los del camino verde, y me iré, si hace falta, por los cerros de Úbeda, que seguro que no están tan empinados, ni tienen tanto barro cuando llueve. De momento ahora, hasta nueva orden (o hasta el próximo año, ya veremos), me parece que voy a colgar los escarpines, por aquello de que los 2 próximos sábados (que es el día que vengo animándome a salir con esta peña que me dan tanta leña), son festividad del Señor. ¡Y yo no voy a ser menos -menos Señor, se entiende-!
domingo, 5 de diciembre de 2010
MENOS CLEMBUTEROL Y MÁS COLESTEROL. DE COMO SUBIR A BARQUEROS Y NO PERECER EN EL INTENTO.
No lo busquéis en la "wikilist". Es una propuesta casera, como el morcón de Lorca. Tal vez no se consiga una mejora espectacular en el rendimiento deportivo, pero puedo asegurar que la mejora en la satisfacción es notable. ¿No se trata de cuidarse? Unos escogen la vía saludable...
- ¡demasiado sacrificio para la poca gloria que hay para repartir! -me espeta mi subconsciente, apalancado en su nube de comodidad
... Yo me quedo con la otra vía: inyectarme en vena endorfinas saturadas de colesterol. El colesterol no tiene por qué proceder de grasas saturadas. También son las buenas vibraciones (gud vibreison -que hubieran dicho los bichboys-).
¿Qué tal si empiezo por el principio? Todas las paranoias tienen el suyo.
Ayer sábado 4 de diciembre, con un frío del que pela las orejas si no te las envuelves bien con una bufanda o una braga, me dispuse a salir a la aventura de dar pedales después de toda una semana sin haber pegado ni clavo en lo deportivo. Por delante ochenta kilómetros, aunque de incierta ruta y compañía, pues sólo sabía de antemano que iría en compañía del hijo del viento. Juan no pudo ser de la partida (¡siempre había querido meter este circunloquio tan habitual de las narraciones ciclistas!) por problemas de salud en el entorno familiar -confío en que puedan solventarse sin demasiada dilación-, pero allí estaban los Campillicos, además de Alejandro, ese triatleta de nueva generación que no conoce lo que es el frío y un par de amigos más de Santomera. Mayoría absoluta por tanto de santomeranos en el grupo de siete que formamos.
Alejandro, al que dedico con cariño esta entrada por 3 razones: porque no tiene aún blog, porque reconoció que era "el otro" que se atrevía a leer mi blog (aunque no concretó que tuviera el valor suficiente para llegar hasta el final de cada una de mis entradas) y porque confío en que cuando gane carreras se acuerde de que compartió ruta y rueda con globeros como yo, daba frío verlo vestidico con su maillot de un equipo gabacho y manguitos y perneras en lugar de un buen conjunto de invierno, que es lo a lo que invitaba el día.
Stani, en un gesto de apadrinamiento que demuestra el gran provecho que está sacando a sus denodados esfuerzos por dejar de ser un güertano que monta en bici, decidió que debíamos poner rumbo a Librilla para que Alejadnro, que tenía que hacer el test en la bici, contara con una recta para realizar el ensayo con unas mínimas garantías.
Allí todo el mundo guardaba sus cartas y afirmaba no estar demasiado bien, argumentando las más variopintas excusas, que no reproduciré pues el catálogo es amplio y de lo más surrealista, amén de fundamentalmente mentira. Casi parecía que iba a ser yo el que tendría que llevar la voz cantante, así que los puse a todos en fila de a uno... (jeje, esto es una licencia del autor en plan hipérbole que difícilmente podría darse, a no ser que pasásemos por un camino de medio metro de ancho y hubiera sido yo el primero en entrar).
Como iba diciendo, Stani se dedicó a adoctrinar a Alejandro, novato total en este tipo de mediciones. Lo único que faltó es que le pusiera el termómetro en la boca, y le diera un beso en la frente de buenas noches. ¡Stani! ¡pedazo de entrenador hay aquí para las futuras generaciones! ... ¡que bien se explica el zagal para ser de Monteagudo!
Fijaos si le quedaron claras las explicaciones a Alex, que en la recta después de Sangonera, por aquellas vías de servicio de Dios, puso la directa, llegando la prueba hasta los 42 km/h. ¡Y si no pudo conseguir más el bueno de Alex, como luego reconoció es porque la bici no corría más! ¡vaya crack el tío! ¡Menos mal que ya tiene encargaica la "Willem" -o como se ponga-, que es una burrica con diseño italiano de esas de carbono repujado! Ya veremos cuando deje su BH y se ponga a los mandos de ese torpedo si no rompe la barrera del sonido el zagaliquio.
Salvada la primera parte del test enfilamos hacia la Cola de Caballo, subida que a mi me gusta por la paz que se respira, aunque me deja baldaíco del tó, en donde debía hacer un par de repeticiones de 1 km. Como no podía ser de otra manera, Stani se paró para ilustrar a su pupilo con todo lujo de detalles. Los otros cinco nos tiramos para el monte, y como no podía ser de otra manera yo fui el primero en quedarme. La sorpresa fue que pasado el primer kilómetro me encontré descolgado a Antonio, uno de los santomeranos a los que no conocía y que había dado un petardazo del siete por haber empezado la subida a tope. Unas pocas de excusas por su parte después, me esperé con Stani a que Alejandró hiciera sus dos subidas.
El descanso me sirvió para tomar el "almuerzo" que llevaba en las alforjas, pero dado el frío reinante, también sirvió para que me enfriara y luego me costara volver a coger el ritmo hasta el cruce hacia Barqueros, que es donde se pararon a esperar los cuatro jinetes del Apocalipsis. Menos mal que Stani y Alejandro subieron a ritmo de globero hasta arriba, entre chistes malos de esos que parecían salidos de mi fábrica de chistes malos, que si no aún me están esperando arriba.
En Barqueros teóricamente terminaba la subida, pero resulta que la bajada de Barqueros hacia Alcantarilla es de las pocas bajadas en donde te encuentras unas subidas rompepiernas, con un firme en un estado bastante deplorable, lo que convierte el trazado en una trampa como le dé al personal por tirar, que es lo que pasó.
Con este escenario tenía todas las papeletas para pegar el gran reventón, pero ocurrió algo que no estaba preparado en el guión: fui el primero en tirarme para abajo. Los campillos no tardaron en pillarme y en dejarme. Hasta ahí nada extraño, pero por detrás tardaban en darme caza, y cuando lo hicieron o me fallaban las matemáticas o allí sorprendentemente faltaba uno... ¡pues si! estoy en lo cierto, me dicen que se ha quedado Antonio, ¡acojonante! Esto ha debido de ser otro cambio demoniaco de esos de personalidad y al pobre hombre le ha venido la pájara.
Yo, que sigo sin creérmelo, sólo pierdo diez escasos metros en el último repecho (ese que siempre se me ha atragantado cuando he pasado por allí), pero en la bajada se arma una zapatiesta que me corta un poco más, más que nada pensando en mis dientes. En cuanto bajan un poco el pistón consigo cazar y justo antes de entrar en Alcantarilla paramos a esperar al descolgado. Cuatro o cinco minutos después aparece y seguimos para terminar la jornada, no sin antes darnos un pequeño festival rodador hasta entrar en Murcia.
Después vendría, Stanti, tu felicitación velada y escrita, preguntando si el sorprendente golpe de pedal que parece que voy cogiendo se debe al clembuterol. Pero como ya te contesté en mi anterior entrada, creo que se debe a un atracón que me dí ayer de albóndigas del Ikea.
PD. Oye, pero no te creas que venían en una caja de esas donde vienen tan bien desmontados los muebles. Es que los suecos estos también tienen un mini super con productos suecos en la planta baja, pero tampoco te vayas a pensar que las cajeras son suecas de esas de las de Benidorm, ¡eh!
- ¡demasiado sacrificio para la poca gloria que hay para repartir! -me espeta mi subconsciente, apalancado en su nube de comodidad
... Yo me quedo con la otra vía: inyectarme en vena endorfinas saturadas de colesterol. El colesterol no tiene por qué proceder de grasas saturadas. También son las buenas vibraciones (gud vibreison -que hubieran dicho los bichboys-).
¿Qué tal si empiezo por el principio? Todas las paranoias tienen el suyo.
Ayer sábado 4 de diciembre, con un frío del que pela las orejas si no te las envuelves bien con una bufanda o una braga, me dispuse a salir a la aventura de dar pedales después de toda una semana sin haber pegado ni clavo en lo deportivo. Por delante ochenta kilómetros, aunque de incierta ruta y compañía, pues sólo sabía de antemano que iría en compañía del hijo del viento. Juan no pudo ser de la partida (¡siempre había querido meter este circunloquio tan habitual de las narraciones ciclistas!) por problemas de salud en el entorno familiar -confío en que puedan solventarse sin demasiada dilación-, pero allí estaban los Campillicos, además de Alejandro, ese triatleta de nueva generación que no conoce lo que es el frío y un par de amigos más de Santomera. Mayoría absoluta por tanto de santomeranos en el grupo de siete que formamos.
Alejandro, al que dedico con cariño esta entrada por 3 razones: porque no tiene aún blog, porque reconoció que era "el otro" que se atrevía a leer mi blog (aunque no concretó que tuviera el valor suficiente para llegar hasta el final de cada una de mis entradas) y porque confío en que cuando gane carreras se acuerde de que compartió ruta y rueda con globeros como yo, daba frío verlo vestidico con su maillot de un equipo gabacho y manguitos y perneras en lugar de un buen conjunto de invierno, que es lo a lo que invitaba el día.
Stani, en un gesto de apadrinamiento que demuestra el gran provecho que está sacando a sus denodados esfuerzos por dejar de ser un güertano que monta en bici, decidió que debíamos poner rumbo a Librilla para que Alejadnro, que tenía que hacer el test en la bici, contara con una recta para realizar el ensayo con unas mínimas garantías.
Allí todo el mundo guardaba sus cartas y afirmaba no estar demasiado bien, argumentando las más variopintas excusas, que no reproduciré pues el catálogo es amplio y de lo más surrealista, amén de fundamentalmente mentira. Casi parecía que iba a ser yo el que tendría que llevar la voz cantante, así que los puse a todos en fila de a uno... (jeje, esto es una licencia del autor en plan hipérbole que difícilmente podría darse, a no ser que pasásemos por un camino de medio metro de ancho y hubiera sido yo el primero en entrar).
Como iba diciendo, Stani se dedicó a adoctrinar a Alejandro, novato total en este tipo de mediciones. Lo único que faltó es que le pusiera el termómetro en la boca, y le diera un beso en la frente de buenas noches. ¡Stani! ¡pedazo de entrenador hay aquí para las futuras generaciones! ... ¡que bien se explica el zagal para ser de Monteagudo!
Fijaos si le quedaron claras las explicaciones a Alex, que en la recta después de Sangonera, por aquellas vías de servicio de Dios, puso la directa, llegando la prueba hasta los 42 km/h. ¡Y si no pudo conseguir más el bueno de Alex, como luego reconoció es porque la bici no corría más! ¡vaya crack el tío! ¡Menos mal que ya tiene encargaica la "Willem" -o como se ponga-, que es una burrica con diseño italiano de esas de carbono repujado! Ya veremos cuando deje su BH y se ponga a los mandos de ese torpedo si no rompe la barrera del sonido el zagaliquio.
Salvada la primera parte del test enfilamos hacia la Cola de Caballo, subida que a mi me gusta por la paz que se respira, aunque me deja baldaíco del tó, en donde debía hacer un par de repeticiones de 1 km. Como no podía ser de otra manera, Stani se paró para ilustrar a su pupilo con todo lujo de detalles. Los otros cinco nos tiramos para el monte, y como no podía ser de otra manera yo fui el primero en quedarme. La sorpresa fue que pasado el primer kilómetro me encontré descolgado a Antonio, uno de los santomeranos a los que no conocía y que había dado un petardazo del siete por haber empezado la subida a tope. Unas pocas de excusas por su parte después, me esperé con Stani a que Alejandró hiciera sus dos subidas.
El descanso me sirvió para tomar el "almuerzo" que llevaba en las alforjas, pero dado el frío reinante, también sirvió para que me enfriara y luego me costara volver a coger el ritmo hasta el cruce hacia Barqueros, que es donde se pararon a esperar los cuatro jinetes del Apocalipsis. Menos mal que Stani y Alejandro subieron a ritmo de globero hasta arriba, entre chistes malos de esos que parecían salidos de mi fábrica de chistes malos, que si no aún me están esperando arriba.
En Barqueros teóricamente terminaba la subida, pero resulta que la bajada de Barqueros hacia Alcantarilla es de las pocas bajadas en donde te encuentras unas subidas rompepiernas, con un firme en un estado bastante deplorable, lo que convierte el trazado en una trampa como le dé al personal por tirar, que es lo que pasó.
Con este escenario tenía todas las papeletas para pegar el gran reventón, pero ocurrió algo que no estaba preparado en el guión: fui el primero en tirarme para abajo. Los campillos no tardaron en pillarme y en dejarme. Hasta ahí nada extraño, pero por detrás tardaban en darme caza, y cuando lo hicieron o me fallaban las matemáticas o allí sorprendentemente faltaba uno... ¡pues si! estoy en lo cierto, me dicen que se ha quedado Antonio, ¡acojonante! Esto ha debido de ser otro cambio demoniaco de esos de personalidad y al pobre hombre le ha venido la pájara.
Yo, que sigo sin creérmelo, sólo pierdo diez escasos metros en el último repecho (ese que siempre se me ha atragantado cuando he pasado por allí), pero en la bajada se arma una zapatiesta que me corta un poco más, más que nada pensando en mis dientes. En cuanto bajan un poco el pistón consigo cazar y justo antes de entrar en Alcantarilla paramos a esperar al descolgado. Cuatro o cinco minutos después aparece y seguimos para terminar la jornada, no sin antes darnos un pequeño festival rodador hasta entrar en Murcia.
Después vendría, Stanti, tu felicitación velada y escrita, preguntando si el sorprendente golpe de pedal que parece que voy cogiendo se debe al clembuterol. Pero como ya te contesté en mi anterior entrada, creo que se debe a un atracón que me dí ayer de albóndigas del Ikea.
PD. Oye, pero no te creas que venían en una caja de esas donde vienen tan bien desmontados los muebles. Es que los suecos estos también tienen un mini super con productos suecos en la planta baja, pero tampoco te vayas a pensar que las cajeras son suecas de esas de las de Benidorm, ¡eh!
lunes, 29 de noviembre de 2010
¡CÁGATE LORITO! El día que la cagué en Lorca .
¡La he cagado!
Acabo de leer en uno de esos blogs imprescindibles si quieres llegar a ser algo en el mundo del triatlón que en próximas entradas tratarán sobre las variadas excusas con que suelen adornarse desde los pros hasta los más globeros para justificar sus malos resultados.
Aunque yo prefiero buscar explicaciones en lugar de excusas, tengo una duda razonable que puede parecer un galimatías ¿queda excusado el que en lugar de buscar excusa busca un excusado? ... ¿apasionante pregunta, verdad? Casi me siento tan orgulloso de haber desentrañado ese misterio como de haber mantenido en vilo a mis amigos aironmanes, a los que, por haberme pillado in fraganti un par de veces de buena mañana echando unas carreritas por los alrededores, hice creer que podía estar entrenándome en secreto.
Servidor, que tiene más dedos que sesiones de entrenamiento, había decidido ir a la media de Lorca a dar la cara, dado que mi estreno en la media de San Javier, unas semanas antes, había sido con cierta ilegalidad (amén de con una baja forma alarmante), suplantando la identidad de otro triatleta, cuyo curriculo he mancillado para los restos (confío en que el retoño de Eolo me perdone algún día por esos casi ciento diez minutos de trote continuo).
Tras un sábado feo y mojado, se abrieron los cielos ayer domingo, como si alguien hubiera reservado con antelación unas horas de buen tiempo. Hablando de excusas y visto lo visto, tampoco habría pasado nada si el señor de las tempestades hubiera decidido no tomarse el día libre, y soltar toda su ira líquida a la hora de la carrera, pero salió el sol, y aunque no me atacaron los caracoles gracias a que el circuito de la media era totalmente urbano (no como aquella primera vez en que el trazado discurría por los alrededores de la huerta de Lorca y hubiera sido arriesgado enfrentarse a hordas de seres babosos subiéndose por mis piernas dada mi reducida velocidad de crucero).
Pero la tormenta perfecta se estaba gestando. Ningún meteorólogo se lo hubiera olido, pero allí estuvo casi desde el principio. Hasta el kilómetro cinco ni el cronómetro ni el ritmo cardíaco parecíeron darse cuenta. Aquello era raro. De puro raro llego incluso a parecerme el mundo al revés: ¡el mejor IM murciano de todos los tiempos, Ramón García, animando como público, a uno de los más aventajados globeros del panorama triatlético murciano cuando lo normal hubiera sido al revés!...¡muchas gracias, Ramón!
Pero la extrañeza se tornó en molestia, y la molestia en apretura, y la apretura, ¡en fin!: en cagada; pero no en la que resulta sinónimo de torpeza (aunque también resultó torpe no haber pasado antes por el "control de firmas"). Allá por el quince no tuve más remedio que deponer. Sí, depuse las armas un par de minutos, abandoné el trazado oficial establecido, con el consiguiente riesgo de descalificación que ello implicaba, en busca de un paraje o rincón en el que poder deshacerme de parte del exceso de equipaje del que no había conseguido desprenderme de forma reglamentaria.
No sé si os habrá parecido demasiado escatológico, pero a mí me resultó liberador. En cuanto conseguí recuperar un poco el ritmo disfruté de un par de kilómetros gloriosos rebasando a buena parte de los corredores que me habían adelantado en ese par de minutos de desalojo intestinal. Pero la gasolina se me acabó antes de tiempo. Se vé que pisé más de la cuenta el acelerador. Y entre eso y que los puestos de avituallamiento líquidos los habían recogido con premura (digo yo si no sería para evitar que ese poco más de un centenar de sufridos corredores que luchábamos para llegar a meta sin tener que tirar de camilla pudiéramos causar una agudización de la sequía), llegué a la meta más tieso que la mojama.
Eso sí, en la postmeta cumplí como un campeón, no como algunos aironmanes que mucho hablar de cervezas y demás, pero que luego, en un ejercicio de profesionalidad desmedido, se excusan en no sé que estechamientos esofágicos para evitar la ingesta de alcohol o productos cárnicos de chato murciano embuchados y con un toque impecable de plancha, ¡hmmmm que buena estaba la salchicha, por favor! ¿por qué no pondrán de esto en los avituallamientos?
Pues eso, que aquí sigo. A Torre Pachecho, dentro de dos semanas, como no sea a recoger melones, no sé a qué voy a ir. Y como para melones ya tengo bastante conmigo mismo, va a ser que paso palabra, y ya veremos cuando reaparezco. A ver si por fin consigo que quien corra sea yo, y no un holograma que se diluye a partir del quinto kilómetro. ¡Va a resultar que voy a tener que entrenar un poco y todo!
Acabo de leer en uno de esos blogs imprescindibles si quieres llegar a ser algo en el mundo del triatlón que en próximas entradas tratarán sobre las variadas excusas con que suelen adornarse desde los pros hasta los más globeros para justificar sus malos resultados.
Aunque yo prefiero buscar explicaciones en lugar de excusas, tengo una duda razonable que puede parecer un galimatías ¿queda excusado el que en lugar de buscar excusa busca un excusado? ... ¿apasionante pregunta, verdad? Casi me siento tan orgulloso de haber desentrañado ese misterio como de haber mantenido en vilo a mis amigos aironmanes, a los que, por haberme pillado in fraganti un par de veces de buena mañana echando unas carreritas por los alrededores, hice creer que podía estar entrenándome en secreto.
Servidor, que tiene más dedos que sesiones de entrenamiento, había decidido ir a la media de Lorca a dar la cara, dado que mi estreno en la media de San Javier, unas semanas antes, había sido con cierta ilegalidad (amén de con una baja forma alarmante), suplantando la identidad de otro triatleta, cuyo curriculo he mancillado para los restos (confío en que el retoño de Eolo me perdone algún día por esos casi ciento diez minutos de trote continuo).
Tras un sábado feo y mojado, se abrieron los cielos ayer domingo, como si alguien hubiera reservado con antelación unas horas de buen tiempo. Hablando de excusas y visto lo visto, tampoco habría pasado nada si el señor de las tempestades hubiera decidido no tomarse el día libre, y soltar toda su ira líquida a la hora de la carrera, pero salió el sol, y aunque no me atacaron los caracoles gracias a que el circuito de la media era totalmente urbano (no como aquella primera vez en que el trazado discurría por los alrededores de la huerta de Lorca y hubiera sido arriesgado enfrentarse a hordas de seres babosos subiéndose por mis piernas dada mi reducida velocidad de crucero).
Pero la tormenta perfecta se estaba gestando. Ningún meteorólogo se lo hubiera olido, pero allí estuvo casi desde el principio. Hasta el kilómetro cinco ni el cronómetro ni el ritmo cardíaco parecíeron darse cuenta. Aquello era raro. De puro raro llego incluso a parecerme el mundo al revés: ¡el mejor IM murciano de todos los tiempos, Ramón García, animando como público, a uno de los más aventajados globeros del panorama triatlético murciano cuando lo normal hubiera sido al revés!...¡muchas gracias, Ramón!
Pero la extrañeza se tornó en molestia, y la molestia en apretura, y la apretura, ¡en fin!: en cagada; pero no en la que resulta sinónimo de torpeza (aunque también resultó torpe no haber pasado antes por el "control de firmas"). Allá por el quince no tuve más remedio que deponer. Sí, depuse las armas un par de minutos, abandoné el trazado oficial establecido, con el consiguiente riesgo de descalificación que ello implicaba, en busca de un paraje o rincón en el que poder deshacerme de parte del exceso de equipaje del que no había conseguido desprenderme de forma reglamentaria.
No sé si os habrá parecido demasiado escatológico, pero a mí me resultó liberador. En cuanto conseguí recuperar un poco el ritmo disfruté de un par de kilómetros gloriosos rebasando a buena parte de los corredores que me habían adelantado en ese par de minutos de desalojo intestinal. Pero la gasolina se me acabó antes de tiempo. Se vé que pisé más de la cuenta el acelerador. Y entre eso y que los puestos de avituallamiento líquidos los habían recogido con premura (digo yo si no sería para evitar que ese poco más de un centenar de sufridos corredores que luchábamos para llegar a meta sin tener que tirar de camilla pudiéramos causar una agudización de la sequía), llegué a la meta más tieso que la mojama.
Eso sí, en la postmeta cumplí como un campeón, no como algunos aironmanes que mucho hablar de cervezas y demás, pero que luego, en un ejercicio de profesionalidad desmedido, se excusan en no sé que estechamientos esofágicos para evitar la ingesta de alcohol o productos cárnicos de chato murciano embuchados y con un toque impecable de plancha, ¡hmmmm que buena estaba la salchicha, por favor! ¿por qué no pondrán de esto en los avituallamientos?
Pues eso, que aquí sigo. A Torre Pachecho, dentro de dos semanas, como no sea a recoger melones, no sé a qué voy a ir. Y como para melones ya tengo bastante conmigo mismo, va a ser que paso palabra, y ya veremos cuando reaparezco. A ver si por fin consigo que quien corra sea yo, y no un holograma que se diluye a partir del quinto kilómetro. ¡Va a resultar que voy a tener que entrenar un poco y todo!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)