lunes, 11 de abril de 2011

ARENALES 113: CRÓNICA DEL HOMBRE TOMATE.

Hoy lunes, después de despegar los ojos, se me ocurrían muchos epítetos para calificar al incalificable Triatlón de Elche 2011. Lo que no se me ocurría es como autocalificarme a mí mismo. Decir que soy un optimista indomable sería poco mordaz, y casi repetitivo, porque concurre como circunstancia agravante que soy reincidente.

Vamos, que presentarse en la línea de salida de todo un señor medio aironmán con la frasca de entrenamientos a medio rellenar (siendo generosos) es osadía y gilipollería, casi a partes iguales. Pero bueno, uno es como es, y paga sus penitencias a la vez que sus impuestos. No es la primera vez (que ya van cuatro: 3 en Elche y 1 en Zarauz), y por la dinámica cerebral en la que me muevo, me temo que no será la última.

Pero vamos a lo que toca: Arenales 113 del año 2011.
El sábado el calor era inaguantable. Menos mal que el domingo se despertó como más sosete; diríase casi hasta con ganas de ser benévolo, con un mar tranquilorro y una temperatura agradable dentro de lo que cabe (adelanto que a eso de las dos de la tarde, servidor ya no pensaba lo mismo, pero no adelantemos acontecimientos). Llego un poco pegado a la línea de salida (baste como detalle que entré a boxes después de maese Carrillo, algo bastante sintomático teniendo en cuenta que don Jesús de Cieza es más amante de apurar para llegar a las salidas que un metrosexual en el rasurado), aunque con la disculpa de haber sido invitado por un benemérito a participar en una encuesta de consumo etílico, es decir, que había pasado por un control de alcoholemia al poco de salir de casa. Luego, con la cola del guardarropa para dejar la mochila a todo correr para no llegar tarde a la salida, y casi ni tiempo me da para probar el neopreno y echar la meadita reglamentaria, para el adecuado equilibrio térmico (tomen nota los profanos en el uso del neopreno, que esto de miccionar es casi tan obligatorio como la vaselina).

¡Pum! Al agua patos. Un par de saltos de delfín y a intentar hacer el tornillo buscando deslizarme por el mar calmo. Casi me sorprende no chocarme con nadie. Sin novedad en el giro de la primera boya... mucho me temo que debo ir más bien en cola y por eso no me tengo que pegar con nadie; pero tampoco voy a ponerme a buscar ahora al Yoni Güemuler que, seguramente, llevo en lo más hondo de mi anatomía. En realidad perder 10 minutos nadando tampoco es ninguna tragedia, así que procuro nadar traquilo.

En estas se me pone a estribor un ballenato que no debe ser amigo de las brújulas. Vamos nadando en paralelo. Y tan a gusto, oiga. Hay mar de sobra, pero somos como esos delfines que gustan de ir en grupo. La referencia del velero de la 2ª boya parece clara, así que tranquilidad y goce marino.... hasta que a pocos metros de llegar a la mencionada embarcación, uno de las canoas se acerca para corregirnos el rumbo.
- ¡Cacho pez, ya podías haberte pasado un poquico antes! -acierto a pensar, porque para afuera lo único que mascullo es una especie de defecación colectiva-.

Al menos he tenido la prudencia de no maldecir a Neptuno, no vaya a ser que le de por ponerse a levantar olas y vaya la cosa a peor. Total, sólo habré nadado unos 100 metros extra... Me consuelo pensando que así llegaré con la musculatura más caliente a la primera transición; también me anima ver que sobrepaso algún gorro verde, por lo que tan mal no lo estaré haciendo. Al fin y al cabo, son de la hornada que había salido antes, pero fijándome bien al sobrepasarlos me doy cuenta de que el consuelo es de tonto con titulación, y que ya quisiera llegar yo a esa edad y tener los santos cojones de meterme en un berengenal así.

En fin, que sin demasiada gloria ni demasiado sufrimiento, salgo del mar. Oigo mi nombre "artístico" y hasta consigo de los espectadores que hay apostados justo antes de entrar en boxes unos aplausos en plan limosna -porque, dadas las circunstancias y me poco caché me he visto obligado a pedirlos... eso sí, con mi habitual arte y salero-.

Como tengo la bici al poco de entrar en boxes casi no me ha dado tiempo a pensar si voy a hacer una transición relajada como la del pasado año, y así dar la ocasión a Stani a que me ponga como ejemplo del triatleta "tranquilo", o si voy a intentar recuperar parte del tiempo perdido. Finalmente opto por una "transilición" (esto es: transición como si estuvieras hasta las cejas de transilium). Le pregunto al juez que revisaba ansioso que no cogiera la bici antes de ponerme el casco para sacarme la tarjeta si Alonso ha entrado ya en boxes, y me dice que los élite han entrado ya todos...
- No, si yo me refiero al Alonso de Ferrari

¡Ay, las cabezas!... Empieza la bici. No hay tiempo para pensar que piñón metes: el más grande, que de salida está ese pedazo de rampa´traicionera para cogerte frío. Y desde el comienzo la misma tónica: gente y más gente pasándome como bólidos. Tampoco veo yo que vaya tan mal... debe ser que estas máquinas que se trae el personal, y que viene fullequipadas tienen una marcha más o una reductora, ¡o lo mismo son las piernas y ese desfile de músculos que me adelantan a la par que se mofan de uno!

Sea como fuere, ¿he dicho ya que durante los puñeteros 88 kilómetros no hubo ningún kilómetro en que no me adelantaran un chorro incontable de tris de todos los colores y con unas patorras que debían tener más músculos de serie que las mías? Únicamente me consolaba cuando quien me adelantaba llevaba el dorsal "rosita", porque eso significaba que hasta ese momento yo había ido por delante, cosa que, obviamente, no volvería a suceder... ¿Ilustres que me adelantaron? ¡Como no el Campillico! ¡ese peazo santomerano-santapolero! (pero que sepas JC, que el otro día subiendo para Abanilla nos llevabas casi a 40 y subiendo para Aspe no te ví yo al mismo ritmo... aunque ahora que lo pienso tampoco iba yo), otros santapoleros más autóctonos como Michel (al que le dije yo en meta que la próxima vez que me quite las pegatinas que por lo menos me haga el saludo de la vaca) o el señor "Cabra", todo un señor, ¡sí señor!, porque se molestó el tío en darme los buenos días y todo al adelantarme subiendo para Aspe. Una lástima que me pillara atragantándome con media barrita que si no hubiera aprovechado para decirle que por mucho que se esforzara no iba a coger al hijo del viento -por cierto, que su padre, soplaba en esos momentos de cara-.

Lo de comer en la bici me lo tomé en serio. Probé barritas de todos los gustos y colores sin miedo a las objeciones que pondría antes o después mi estómago. Iba a lo mío, procurando reservar alguna fuerza para la carrera a pie, que fue donde en la edición anterior llegué vacío del todo. En la subidita camino de Aspe, recordando las sensaciones del año anterior, tuve la sensación de no ir tan atrancado, pero los músculos comenzaban a dar señales inequívocas de que estaba acercándome peligrosamente a su límite. Al ruego y súplica habitual de no verme obligado a abandonar por algún percance técnico, mecánico o físico irresoluble me veía obligado a añadir que ningún músculo se revelara de forma traumática. Prometía entrenar más para futuras ocasiones, como el niño travieso promete portarse bien justo el día antes de que lleguen los Reyes Magos (y luego si te he visto no me acuerdo)... ¡Y parece que funcionó!... Eso y ponerme en plan aerodinámico en la estratosférica bajada hacia Elche, y luego algunos kilómetros más acoplado como si fuera uno de los buenos, consiguiendo mantener la referencia de alguna de las ruedas que seguían sobrepasándome de forma inmisericorde.

¿Y da tiempo a pensar todo esto mientras se dan pedales y empiezan a sufrir rozadura los genitales?
- ¡me alegro de que me hagáis esa pregunta!

La verdad es que no sabría qué decir. Creo que se piensa sin tanto verso. Que se sepa nunca la abundante sudoración fue cuna de inspiración. Lo que es seguro es que cuando empieza a doler todo se piensa... ¿qué digo "se piensa"? ¡se desea!... que acabe el martirio cuanto antes. El disfrute es, digamoslo así: "relativo".

Los jueces que en los primeros kilómetros parecían vigilarme (llevé uno detrás de mí en la moto vaarios kilómetros, ¡no sé! ¡me vería cara de tramposo!), ahora ya no se preocupaban y pasaban tirando de puño y de repris.... ¡ay, quien tuviera motor de doble inyección y no únicamente un vulgar mecanismo devorador de plátanos!

lunes, 7 de marzo de 2011

SE CAMBIA BUFANDA POR PIERNAS ETIOPES

No hace falta ser un dietista deportivo de alto copete para saber que un par de yintonises la noche antes de una competición no son la mejor forma de hidratarse.

Si hubiera tenido en cuenta esta reflexión antes de atreverme con el duatlón de Fuente Álamo, lo mismo la noche del viernes me hubiera metido entre pecho y espalda un buen plato de pasta en lugar de un par de jugosos pastelicos de carne, regados con abundante y fresca cerveza, y ese par de yintonises como colofón. O tal vez me hubiera abstenido de meterme en la guarida del lobo, algo que por mucho que suene a dicho típico resúltase que fue lo que aconteció, ¡con lo demostradamente mal que se llevan mis resultados físico-deportivos con la compañía de Paco El Lobo!

Está visto que me iría bastante mejor si en lugar de hacerme acomnpañar de mi bufanda etíope tuviera un buen par de piernas etíopes, de esas que te permiten correr como si fueras un ñú perseguido por una manada de guepardos del Serengueti. Pero de momento sólo tengo la bufanda...


Y como a pie sigo entrenando como un monje cartujo en cuaresma (es decir, con abstención total), enfrentarme a los 7 kms. del primer sector, con toda esa jauría de gamos corriendo delante (¡menudo plantel el que se dio cita en Fuente Alamo!) y la bandada de gacelas que salieron 7 minutos después y me alcanzaron justo antes de llegar a boxes (¡aquello parecía una prueba del campeonato del mundo o 1 chiste de los malos: 1 checa (Vodizkova), 1 española (Ainhoa Murua, nada menos), 1 belga y 1 irlandesa! jaja), pues como que sonaba bastante atrevido. Basta echarle un vistazo a la clasificación para ver que apenas llegaron a boxes por detrás de mí una docena de participantes.

Al menos dando pedales me porté como un jabato y fui capaz de aguantar el ritmillo al que me llevaron un par de ilicitanos que se habían tomado la carrera a pie aún con más tranquilidad que yo. Eso si: me llevaron con el gancho los 30 kilómetros. Fue toda una experiencia, y no sólo porque no me quedara de rueda, sino por los continuos abanicos a los que tuve que adaptarme por el viento racheado del circuito, y por lo espectacular que fue ir superando al menos a un par de docenas de corredores que se habían ido quedando en tierra de nadie y que no lograban aguantar ni quinientos metros al fuerte ritmo que llevábamos (me salió una media de 32 km/h).

En la última transición, supongo que también me sirvió el duro entrenamiento de los ´2 últimos sábados, porque fui capaz de aguantar los 3'5 kilómetros a unos 5 min/km, con la desconocida sensación de no ir al límite.

Eso sí, lo que no me resultó desconocido fue el "frío santapolero" que me dió de camino para el coche. Y los sudores de esa noche hasta que conseguí descansar y rellenar el vacío saco de fuerzas.

Después de todo, y una vez recobradas las fuerzas, no me fue tan mal. Puesto 162 de casi 200, y casi 3 minutos menos que en mi anterior participación hace 2 temporadas (a pesar de haberlo hecho bastante peor a pie). Parece que las sufridas salidas en bici con los campillicos, los zagaliquios de Monteagudo y Alejandro, el señor de los manguitos (que es tan buen zagal que hasta le comentaba a otros corredores en meta que yo era un máquina en la bici, jaja... ¡lástima que se quedara a sólo un par de segundos de pillar cacho en su categoría! ¡ya lo siento, amigo!), están dando sus frutos. Va a ser verdad que no se mejoran las marcas llevando una bufanda sino entrenando.

PD: Tengo otros testimonios gráficos de mi pseudo-hazaña. Lo mismo si hay "quorum" de demandas me animo a subirlas.

PD2: por si alguien quiere leer la crónica oficial de la prueba, la buena, la periodística, adjunto un enlace interesante, tanto más cuanto os resultaría familiar saber quien la ha escrito.
http://www.laopiniondemurcia.es/deportes/2011/03/07/jesus-gomar-ainhoa-murua-coronan-prueba-alto-nivel/307323.html

miércoles, 16 de febrero de 2011

CONTAR LOS 40

Es esta expresión casi gemela con otra más conocida, que habla de "cantar las cuarenta", no sólo cuando se juega al tute o al subastado, sino cuando metafóricamente se le echa a alguien la bronca o se le explica algo de forma clara. Pero yo he optado por el verbo numérico, no por el lírico (contar en lugar de cantar), ese que a su vez puede tomarse por 2 vertientes, ora en plan narración (como sucede al contar cuentos -los políticos son más expertos en este arte que el mismísimo Calleja-), ora en plan matemático, por aquello del conteo ordinal: uno, dos, tres, cuatro,... y así hasta los últimos puestos.

Pues si, lo habéis adivinado: de contar triatletas se trataba. Y es que de lo aburrido que debe resultar ponerse en la línea de meta y contar piernas depiladas hasta que llegan mis 2 peludos consorcios de músculos locomotores poco entrenados, no me queda más remedio que animar mis llegadas con exuberantes demostraciones de alegría triatlética, ¡vamos! que entro radiante, como si me fueran a dar un premio...

Pero si se trataba de contar, ¿a qué viene eso de los 40? ¿que yo sepa aún no he conseguido siquiera que sea el número de participantes a los que consigo dejar atrás? (y adelanto que me costará trabajo que así sea, a no ser que la proporción de aficionados muy aficionados en el número total de participantes se incremente bastante, porque con el nivelaco que demuestra la peña últimamente, ¡tonto el último!

En fin, no os voy a aburrir con mi crónica del duatlón de San Pedro (seguramente lo podréis leer en el Finisher el próximo mes). Si acaso un breve resumen: entre que empezó tarde y lo que tardé yo en llegar, no llegué de noche por los pelos. Pero al menos llegué entero y como la lengua no la tenía cansada le estuve dando un ratico nada más entrar (y si no que se lo digan al padre de Alejandrico, al que le dí tal tabarra que creo que ya habrá ido al Decathlon a comprarle un maillot de manga larga a su retoño para que no nos deje en ridículo cuando salgamos juntos y él vaya casi en calzoncillos).

Se puede decir que me lo pasé bien, y es que a falta de calidad en mis piernas procuro poner en práctica aquel grito de guerra que decía Torrebruno (¿o eran los payasos de la tele?): lo importante es participar y ¡¡¡divertirse!!

El fin de semana siguiente (este pasado) decidí no ir a Yecla porque el domingo teníamos una "juntaera" familiar, así que el sábado me vestí de duatleta de larga "en pruebas" y me animé a irme en plan comparsa de carnaval, porque con las ganas que me tenía el bueno de Juan desde lo de Santa Pola, y el habitual empuje del hijo del viento y los maquinorros campillerosra, estaba claro que iba a dar el petardazo: cincuenta en bici y una horita de transición a pie por los polvorines. El resumen, haciendo un evidente juego de palabras, estaba claro, y es que correr por los polvorines siempre me deja echo polvo.

Los 50 en bici los aguanté como pude, bastante mejor en las bajadas que en las subidas, claro está. Lo que puso al límite del colapso a mis cuádriceps fue el trote polvorinesco. Juanico estuvo a punto de sacar el coche para ir en mi busca, pero uno, que ya se ha visto antes en situaciones parecidas de holganza muscular en los más de 40 duatlones y triatlones que llevo finalizados (que a eso me refería con lo de "contar los 40") tirando de reservas consiguió llegar por su propio pie al punto de partida. Sin duda un buen entrenamiento de cara a Elche.

Otro día, si eso, ya hablaré de los otros cuarenta que adornan mi expediente.

Ahora solo falta que

sábado, 12 de febrero de 2011

Previa del Duatlón de San Pedro del Pinatar

Como hacer las previas de las pruebas deportivas desde el punto de vista profesional está ya muy visto, ¿qué tal si intento una desde la óptica de un integrante del clan de la cerveza?

Por aclamación silenciosa allá voy:
"Esta tarde voy a Lo Pagán al segundo duatlón de la temporada".

Pues ya está, esa es toda la previa que puedo hacer, acorde con el plan de entrenamiento específico que he llevado a cabo esta semana desde que el pasado domingo participara en el no drafting de Los Camachos.

Luego os contaré más. Bueno lo mismo me ciño a contar los duatletas que entran en meta después y así acabo pronto.

lunes, 7 de febrero de 2011

Duatlón de los Camachos: sin drafting y a toda brida sin bridas

Había ganas de empezar la temporada. ¡Vaya si había ganas! En los Camachos nos juntamos la flor y nata del triatlón murciano y de parte del mundo mundial, básicamente por la presencia de la checa Radka Vodikova, campeona europea, y de un servidor, que no cuenta para la clasificación final, pero que aporta un colorido y una vistosidad al entrar en meta cuando ya parece que no queda nadie por entrar que pa qué.

El día se presentaba estupendo. También el ambiente. Supongo que la organización lo tenía todo pensado, y con el fin de que tuviéramos tiempo para saludar a los triamiguetes antes de empezar, consiguió formar una cola a la hora derecoger el dorsal que ni la del INEM después de la temporada estival. Los bafles, eso si, un lujazo, a todo trapo, para que fuéramos entrenando los tímpanos.

El caso es que se acercaban las 10 de la mañana, hora prevista para el arranque oficial de la temporada, y de cola en cola, que ahora tocaba la de la revisión de material en la entrada a boxes. El personal calentando de un lado para otro y yo buscando bridas, ya que a alguien se le olvidó meter en la bolsa del corredor, seguramente creyendo que, por aquello de que no iba a estar permitido el drafting, no harían falta para atarse a la rueda del de delante. Así que cada cual se las compuso para poner el dorsal en la bici.

Había ansiedad. Ansiedad y casi doscientos ansiosos que, en cuanto se dio el bocinazo de salida salimos "a toda brida", dispuestos a devorar los cinco primeros kilómetros, como lobos hambrientos. Cada cual a lo que le daba la máquina: los buenos por delante y los que tenemos la herramienta menos engrasada luchando por no quedarnos atrás nada más empezar. Total, que saliendo desde atrás empiezo con ganas adelantando a los del clan "de la cerveza", y al pasa por el primer kilómetro me sorprende ver que mi crono marca cuatro minutos y muy poco. Tan poco como que no me cuadra (si, amigo Stani, yo también pensé que lo habían marcado usando un metro de noventa centímetros o así), y confío en que al pasar por el segundo kilómetro la cosa se regulariza, pero resulta que entonces son ocho y poco, es decir, que aunque no me lo crea voy a poco más de cuatro el kilómetro y tan solo llevo por detrás unos 15 ó 20 de los 200 (cabe hacer mención que a las zagalas las habían soltado unos minutos antes, pero de haber salido todos juntos tampoco hubiera ido por delante de muchas de ellas). Entonces, no sé si saqué la calculadora, o si fue la maquinaria, que iba más rápida de lo que era consciente de poder aguantar, pero bajé el pistón para no dejarme todas las fuerzas antes de llegar a la primera transición.

En la entrada a boxes el crono marcaba 22'06 (¡había ido a 4'26 de media el kilómetro que para la poca suela que gasto es una pasada!). Eso me anima a pesar de que los pulmones los llevo como lijados, pero la más que evidente falta de carbono en boxes (¡vamos, que quedaban allí menos bicicletas que en un reunión de los angeles del infierno!). Como además de la carrera a pie las transiciones tampoco las entreno, me adelanta en boxes hasta el Tato, pero como no hay drafting, me animo pensando en que voy a pillar a algunos duatletas que, de haber sido posible ir a rueda, se me habrían escapado sin remisión.

¡Y así es! A pesar de que no hay al principio demasiado terreno para acoplarse, y que incluso hay un par de subiditas, a partir del kilómetro cinco, tras la bajada, parece que por cosas de la inercia -que yo soy más de bajadas que de subida- hay un par de kilómetros en los que consigo tirar de acoples y ponerme casi a cuarenta yo solito. Entonces en cuando empieza mi particular cacería... Me anima ir superando a gente que me había adelantado en la transición y a otros que me ganan de calle a pie. En la primera vuelta sólo cayeron dos o tres, pero en la segunda es cuando me siento más entonado y adelanto más posiciones (yo calculo que serían más de una docena las piezas que hice, entre ellos una rueda lenticular y otro que iba con una especie de bici de lechero, ¡nada, que por mucho que me esfuerce no me escapo del club de la cerveza!)

Llego a boxes envalentonado y lamentando que no queden otras dos vueltas más, pues cada vez me encontraba más a gusto, y por primera vez en no sé cuanto tiempo, me suelto las zapatillas encima de la bici, sacando sólamente los pies... ¡hoy voy de campeón! Pretendo perder el menor tiempo en la segunda transición para intentar resistir el embite de los que he superado al final. Sólo lo consigo a medias, pues los 2'5 kms finales, sobre todo el primer kilómetro en subida, lo hago arrastrando los pies y con un amago de pinchazo en el gemelo. Me adelantan dos o tres, pero yo hago lo propio con otro par de ellos, así que lo comido por lo servido y llego a meta bastante entero después de todo, con un tiempo total de 1h12'43, aunque con la duda razonable de que fueran dos kilómetros y medio al final, porque eso supondría haber ido a poco más de cuatro, cuando en el mejor de los casos nunca he bajado de 12 minutos en la segunda transición de este tipo de duatlones sprint.

Problemas métricos a un lado y a pesar de que el chorreo detrás de mi es más bien escaso, la conclusión que saco es que me lo he pasado realmente bien. Había venido a eso, y como ocurriera hace un par de semanas en Santa Pola, lo he conseguido. Lo mismo se hace difícil de entender por quienes llegando varios minutos antes que yo andan comentando lo mal que han ido, pero entiendo que quien entrena más, desea obtener un rendimiento acorde. Yo, concentrando todo mi entreno en perseguir los correteos de mi pequeñaja y en alguna salida esporádica y mañanera -esta semana me has fallado Juanico, porque salí una vez y no te vi, jaja-, insisto en que he cumplido mis previsiones, y dado el nivel que se daba cita por allí creo que no podía haber hecho más.

Nuestro Jesusico, al que le propuse que me cambiara su P3 por mi Orbeica, que no le cobraba nada, hizo décimo nada más y nada menos (2º en veteranos), y con Oscar Aroca y Alfonsico Salar entre los 40 primeros, séptimos por equipos, de un total de veintidós. Esta vez no era necesaria mi participación para puntuar por equipos (juas,juas). También estuvieron por ahí Pepico Raja, que estrenaba burrica atómica, y el otro Jesusico, que retornaba a la competición, con los que eché la parrafadica de rigor, así como con Perico y el amigo Lukas Gubler, dos maquinorros de Aguilas. Perico reconoció haber ido tirando miguicas de pan por el recorrido para no perderse en las rotondas, como al parecer si le pasó a más gente (tanto de delante como de atrás). Para la próxima edición, a falta de voluntarios señalizando, pediremos que incluyan en la bolsa un par de bridas y una brújula, y así todos contentos.

Y si después de todo esto a alguno todavía le pica la curiosidad por saber quien ganó, que se lea el Finisher del mes que viene, que estoy preparando la crónica oficial, aunque os adelanto que donde se ponga la crónica de un globero que se quite la aburrida visión de alguien que siempre va en cabeza y sólo tiene por delante vacío y más vacío, ¡qué aburrido debe ser eso de ganar! ¿no?

Y si a alguien le ha decepcionado mi crónica, y acusa una carencia de heróica o de sangre, tendrá que esperar hasta Elche, que es donde espero darlo todo. Como ya he dicho terminé tan anómalamente bien que, ante la ausencia de cerveza en el refrigerio posterior a la carrera (creo que hubo una brasa de cochinerías varias pero yo tenía que volver con mis dos mujercicas), todavía tuve arrestos al llegar a casa para irme de paseo a tomarme la cañica de rigor con mi pequeñaja. Aclaro que a ella la cebada todavía no le va, pero verla comer pulpo es un espectáculo. Casi tanto como ver a un servidor con un teclado delante para escribir, ¡acho, es que yo soy como un IM de la escritura!

sábado, 5 de febrero de 2011

Matemáticas del globero

Basándome en los bastos conocimientos de física cuántica que alberga la gris sustancia de mi cerebro, y la inestimable ayuda de una calculadora, os adelanto en unas pocas líneas el puesto aproximado en el que estimo mi llegada a priori, teniendo en cuenta los siguientes factores:

1) número total de inscritos
2) calidad de los mismos
3) entrenamientos que he llevado a cabo (jaja)
4) calidad de mi mismo (aquí es donde se juzga mi globería)
5) calidez del día (por seguir con lo de las calidades)
6) averías técnicas y/o/u hostiazos del quince

Y aunque seguro que me olvido de algún que otro factor corrector de suma importancia, teniendo en cuenta que JC, el gran limonchelista, me ha dicho que no debería tener problema para no llegar el último, y que a Stani y Juan los tengo un poco acobardaicos -que ya no hacen por apuntarse a un triste sprint de estos para no correr riesgos, ante la duda que tienen de si seguiré entrenando en el anonimato-, pues que yo estimo que me conformo con llegar encabezando el "pelotón de la cerveza", esto es, en el quinto-quinto.

Otra cosa no, pero chorradas con ingenio se me escurren del cerebro que no atino a controlarlas ni atándolas con esparto.

Ale, ya mañana si eso os lo cuento con pelos y señales (lo de los pelos darlo por supuesto, puesto que sigo sin depilarme; lo de las "señales", el señor de los tubulares no lo quiera, pues las últimas que me hice en la cara se me han quedado para los restos, jaja).

martes, 1 de febrero de 2011

BIENVENIDO AL CLUB DEL NO DRAFTING

Este próximo domingo, en Los Camachos nada menos (¿será porque va a tocar deshidratarse por la sobaquina?), estrenamos temporada de duatlón. Y para empezar, a juego con la ley antitabaco, otra prohibición más: no se vale el drafting. Los chuparruedas que se queden en casa disfrutando de una mañana de rodillo, que allí sólo nos juntaremos espíritus luchadores, los más esforzados, los puros y castos del triatlón...

Estoy como muy contento para no saber lo que me espera -aunque me lo imagine dado lo inexistente de mi entreno en los últimos 10 días-, y es que esta vez no sufriré porque no pueda cogerle la rueda a nadie, que en los últimos tris de la temporada pasada se me quedaba una cara de estulticio mayor cuando se me iban sin que pudiera enganchar dos pedaladas mínimamente fuertes, que no te cuento.

Y sin nervios ni nada. ¿Será que ya estoy llegando a esa edad en que ni se siente ni se padece? ¿o es que estoy en ese punto de madurez donde se rompe la sandía de puro dulce? ... Yo apostaría por lo primero. Y es que a pesar de haber conseguido la dudosa hazaña de terminar en Santa Pola antes que el bueno de Juanico, todo un señor IM, y por mucho que mi Stani me diga que he perdido la esencia, me estoy esforzando en estos últimos días en recuperarla. De paso también he recuperado un poco de pancica, que si no me va a sobrar mono de triatlón y tampoco es eso, que uno es de los rollizos, del club de la cerveza y el bombay, y no se va a cambiar así como así.

Ya os contaré cómo me va. Lo mismo hasta resulta divertido, aunque eso de hacerlo en un polígono industrial me temo que lo va a convertir en algo un poco desangelado... Mejor, así hago el ridi delante de menos peña.