Tres tristes tigres comían trigo en un trigal... ¡menuda gilipollez! No creo que los tigres, tristes o no, coman trigo. Y tampoco harán tri. Será por eso por lo que no los había en Fuente Alamo el pasado sábado, día en que dábamos sepultura al moribundo abril.
Hay formas de acabar un mes. Estadísticamente la mayor parte de ellas es sin dinero. Otras es con el aliento desgastado después de pegarse una buena trisca esprintando por los andurriales de la Murcia profunda. Y aquí el menda, que en lo deportivo había estado rascándose la barriga desde Elche, última entrada y salida a un mismo tiempo (última entrada en el blog, y última salida atlética y triatlética), va y se presenta todo feliz en la línea de salida, inconsciente y consciente a partes iguales, y es que sin entrenar poco se puede esperar.
Pero empecemos por el principio. Sábado 30 de abril. Once de la mañana. He metido todos los bártulos triatléticos en el coche (¡mira que hay que llevar chismes y siempre se termina olvidando alguno!) y pongo rumbo a Fuente Alamo. Allí aguardan unas cuantas colas: primero las de recoger el dorsal y el chip (que son 2 distintas en el mismo local por algún desarraigo organizativo), luego la de montar la bici en el camión que las trasladará todas juntas, en plan comuna de carbono, a la playa de Rihuete, en el Puerto de Mazarrón, tradicional punto de partida de este conocidísimo y concurridísimo triatlón sprint con el que se suele dar el pistoletazo de salida a la temporada triatlética...
No sé para qué cuento estos detalles si los que me leéis lo conocéis de sobra, pero bueno, siempre hay por ahí algún lector que sufre en el anonimato los rigores de mi barroquismo desmedido.
Yo ya había hecho este triatlón hace un par de años. Y me gustó como para repetir, así que allí estaba. Esta vez iba dispuesto a disfrutar no sólo de la hora y media de prueba (en mi caso siempre un poco más porque me gusta "disfrutar" más tiempo), sino a tomarme el día un poco "libre", y convertirlo en una jornada de gozo triatlético, en compañía de más tris. Stani y un servidor -Stani en mucho mayor grado dada su mayor experiencia-, hicimos de Cicerones de Alejandro, la perla de Santomera, también conocido como el zagal de los manguitos (hubiera estado bien que en lugar de neopreno hubierfa nadado sólo con los manguitos, porque así hubiera tenido más sobre lo que escribir, pero parece que se está haciendo mayor, jaja). Luego, el criaturo, como ese cuervo al que después de criar te saca los ojos, no tendría piedad alguna de este veterano, pasándome por encima al comienzo del tercer sector. Pero no adelantemos acontecimientos y sigamos saboreando los pormenores de este triatlón, conocido, con razón, como el triatlón de los triatletas, por el fabuloso trato que se dispensa a los participantes, algo de lo que puedo dar fe, porque hasta que empiezas a nadar te sientes todo el día como si fueras un namberguán, compartiendo colas con los/as grandes, como la mismísima Radka Vodizkova, con la que coincidí al dejar la bici en el camión. Por cierto, parece mentira que la zagala pueda correr de esa manera... seguramente el secreto es que entrena en secreto la condenada... ¡ay, yayai! ¡esta juventud!
Yo que imaginaba que se me haría el día pesado, y resulta que con tanta tarea, y charlando con unos y otros, allí estaba, haciendo la pertinente cola para comer, después de haber sido marcado a rotu con el 130, número redondo para una jornada que estaba siendo redonda hasta en lo meteorológico: nublado, con alguna nube intimindando, pero sin la preocupante agua.
La comida bastante bien teniendo en cuenta el gran número de comensales. Pasta como es natural. Si acaso, y dada mi condición de no profesional, eché de menos una cervecita (jaja). Seguro que mi rendimiento posterior no se hubiera resentido en mucho... Y al menos mi doble viaje del coche hasta la última zona de transición para llevar las zapatillas de correr, la hubiera hecho más contento, que tuve que hacerla a trote cochinero con esa especie de chanclas de baño que me había llevado para ir hasta la salida.
Al ir a coger el autobus que nos ha de llevar a la playa, le pierdo la pista a Stani. Es casi una premonición de lo que ocurrirá en la salida, porque aunque nos toca salir en la misma tanda apenas le veré el pelo una vez que nos lancemos al agua (¡y no va con coña por lo del pelo!). Decido montarme en el primero de los buses, por aquello de ver lo que se siente yendo en cabeza (jaja), pero lo cierto es que llevamos unas pintas de globeros con todos los bártulos encima: que si neopreno, que si el casco, que si las zapatillas de la bici, que si los bidones... ¡sólo nos falta la sombrilla y la esterilla! A estas alturas de la carrera (aún sin empezar), somos todos como los bebés al nacer, que salen todos en bolas, recubiertos de una sustancia pegajosa y colgados de un cable al que llaman cordón umbilical, y que es como la pajilla por la que chupan del frasco durante el embarazo... Y eso me tranquiliza. Me siento miembro del clan, aunque mirándole las rodillas al zagal que se ha sentado a mi lado en el asiento, empiezo a pensar que aquí hay gente de otros planetas, porque por más que miro, yo esos músculos que el tiene no me los he visto nunca, así que lo mismo es de otra especie: del triatletum entrenantum lo menos, jaja.
¡Vaya tela! Hay que ver lo que he escrito y todavía no hemos llegado a la línea de salida... Todavía falta, como si fuera la F1, una especie de vuelta de reconocimiento del trazado ciclista, pero al revés y en autobús. Impresiona subir esas curvas sentado plácidamente (no es que sea un puerto de categoría especial, pero para ser un triatlón sprint va bien servido), así que imaginarse tener que hacerlo después dando pedales da una pereza que ni te cuento.
Total, que llegamos a la línea de salida una hora y media antes. ¿Y a qué no os imagináis lo que toca? ¡¡bingo!! otra cola para entrar en boxes a supervisar que la bici ha llegado en perfecto estado. Y sí, allí está, tal cual la dejé en el camión, pero con una notita de los jueces indicándome que el acople no lo autorizan, porque sobrepasa en un par de centímetros la línea de las manetas de los frenos... Sé que hay una norma que lo prohíbe cuando en el tri se permite el drafting, y creo que es por razones de seguridad, por si hubiera alguna caída, pero en tal caso también deberían revisar que el tamaño de las uñas de los participantes no superan ese par de centímetros, por razones de seguridad en el nado, ¡no te jode!... Pero como no es plan de ponerse reivindicativo y cafre, opto por ponerle a la jueza mayor carita como de rumana pidiendo con pena, "¡ay, señora árbitro, que no tengo llave Allen para echar para atrás el acople!", y la cosa termina bien y se queda el acople con su par de centímetros de más. Pensándolo bien, también le podría haber dicho que caerme no sé si me caeré, pero que seguro que no afectaría a muchos participantes en caso de hacerlo teniendo en cuenta que me estaré partiendo el pecho para no llegar esprintándole al coche escoba.
Ahora toca ponerse el neopreno, untarse bien de vaselina y abrir la vía urinaria para desaguar a gusto en el agua... Oye, que es mano de santo eso de meterse en agua fría porque se encoge de una manera la vejiga que empieza a salir calentito y no acaba... ¡yo no sé el rato que me pasé miccionando en el agua y en la arena mientras esperábamos entrar a cámara de llamadas! Creo que iba dejando rastro como los caracoles y todo. Pero, ¿y lo a gusto que me quedé? ¡Hasta pensé que gracias al lastre del que me había deshecho nadaría más rápido y todo, sin considerar que no es más rápido en el agua quien más mea sino quien más técnica entrena!
Salen las chicas. Sólo nos faltan quince minutos. Salgo con la élite... ¡por fin alguien se ha dado cuenta de mi valía! ¿o será porque soy de los veteranos? En cualquier caso voy a disfrutar estando tan cerca de la crem de la crem, viéndolos como son capaces de estar con las lumbares tensas y dobladas en esos momentos previos a oir la señal de salida, en un silencio casi de velatorio.
- ¡Acho! ¡que se váis a quedar encogíos! ¡si hay mar para todos!
Pero la gente de la primera fila, los del culo apretado no están para bromas. Yo creo que no oyen, ni sienten ni padecen. Yo he decidido no padecer tampoco. Ya me vendrán las cuitas en el agua cuando empiecen a darme palos, porque con doscientos en la tanda, ¡me van a dar una tanda!... Lo malo es que saliendo de los últimos y nadando poco soy consciente de que las hostias no me las van a dar precisamente los élite, ¡que le vamos a hacer! Esto es como al que atropellan por la calle y se consuela pensando que lo ha atropellado un Mercedes en lugar de un Dacia.
Dan la salida. La gente sale como si fueran a pescar gamba roja para venderla al peso... ¡que manera de caminar sobre el agua!¡aquello tiene tintes bíblicos! Los de delante por esa capacidad casi más de ánade que de humano, y los de atrás entre los que rápidamente me situo por la penitencia de tener que doblar la primera boya pegándote por no ser el último.
La sensación agradable de estar nadando bien que había tenido en los primeros doscientos metros se esfuma en cuanto recibo la primera andanada por estribor, y en cuanto giro la primera boya y enfilo la segunda asumo que debo ir peor de lo que pensaba porque a mi lado va ¿nadando? entre grandes aspavientos y palmetadas al agua otro triste participante de esos huérfanos de técnica acuática. Me pregunto si mi estilo será tan tosco como el suyo, o si yo soy un galán marino aunque exento de punta de velocidad (o de velocidad sin más)...
Por fí salgo del agua. Gracias a que quedan otro par de tandas por detrás hay todavía gente allí animando y quedan bicicletas en boxes. Confirmo que he hecho una natación de auténtico tri (de tristezón, vamos), en cuanto veo yerma de bicis la barra donde se arremolinaban todos los dorsales de mi tanda. Incluso falta la del dorsal 127, la del amigo Andrés de Fuente Alamo, con el que había quedado en hacer la bici, pero ya si eso quedaremos para una marcha cicloturista, porque luego viendo la clasificación pude comprobar que además de una buena natación hizo una bici de lujo.... Vuelvo a confirmar otro hecho, y es que en los 3 últimos años no he progresado absolutamente nada. Cero total. Lo cual sólo es positivo pensando que en los últimos 3 años no he dejado de cumplir años, y estando como estoy metido ya en harina de los 40, tampoco es malo del todo estar no perder en 3 años. Siguiendo esta "progresión", calculo que en unos veintipocos años podría ganar alguna chapa en categoría de más de 60 años, eso sí, siempre que el amigo Lukas Gubler se haya retirado para entonces, cosa que dudo mucho, jaja.
LO DEJO AQUÍ, CON LA EMOCIÓN DE SI SERÍA CAPAZ DE SUBIR LA "CUESTA" (que así llaman al puerto que hay caminito de Fuente Alamo), QUE SE ME HA HECHO DE NOCHE ESCRIBIENDO (ADELANTO, ESO SI, QUE NO SE ME HIZO DE NOCHE PARA LLEGAR A FUENTE ALAMO).
UNA VENTANA SIN CRISTALES ABIERTA A LA CRÓNICA SOCIAL Y TRIATLÉTICA, SEGÚN ME DÉ LA PARANOIA
viernes, 6 de mayo de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
ARENALES 113: CRÓNICA DEL HOMBRE TOMATE (2ª parte)
Como decía mi gran maestre triatlético en su comentario esclarecedor de la primera parte, llevo ya ni sé cuanta letra derramada y aún no ha empezado lo bueno, porque todavía sigo encima de la bici, pasando por el segundo avituallamiento, ese mismo donde en la pasada edición me paré a llamar a mi media mandarina... Este año no he incluído el móvil como equipaje de viaje, así que intento concentrarme en lo de darle al pedal intentando no hacerle excesivo caso a mi riñonada, que no deja de quejarse... No aguanto tirando de acoples más de un kilómetro, así que alterno lo de ir acoplado con ir en plan verano azul sin perder de vista el cuenta kilómetros. Me sorprendo festejando el paso de cada mil metros como si fuera la conquista del espacio.
También celebro con gusto que el pasado año a estas alturas iba al borde del colapso. Este año he sido más precavido y aún tengo virgen la reserva de fuerzas... ¡y sigo de festejos tomándome una barrita de chocolate y brindando con unos chupitos de Vitargo!
Tranqui, amigo Stani, que ya estoy viendo las dunas y no voy a narrar el paso de cada kilómetro hasta llegar a los Arenales. Empiezo a preparar el culo y los riñones para ver si aguanto del tirón la última subida, y mi vista para que no se asuste ni avergüence de la poca velocidad a la que voy subiendo. Intento no mirar, pero me puede la curiosidad, ¡otro año que me quedo sin el premio de la montaña!... ¡pero también otro año que termino la bici! Hoy estoy que lo celebro todo... ¡y eso que todavía no ha empezado el festival folklórico de las escaleras y las dunas! ¡mare de Deu!
Para quien no conozca la sensación, llegar a boxes a dejar la bici y casi no encontrar huecos es bastante deprimente, pero como que ya estoy acostumbrado, así que me calzo mis saltarinas y a rematar la faena. Me hago acompañar de mi bufanda de motivación tricolor, pero no será para el frío, porque a pie el calorcito se intensifica y hete aquí donde empieza a tomar cuerpo el título que le he dado a este par de entradas: la crónica del hombre tomate, porque me temo que después de las más de 2 horas que me quedan, voy a terminar con el mismo color que una de esas hortalizas, que curiosamente pertenecen al género de las "solanáceas". Parece coña, pero no, ¡no lo es! Solanácea, ¡que cachondo!
Lo que ya no me produce tanta risa es la primera subida de los 75 escalones. Como hay gente para todo me adelanta gente que las sube corriendo; imagino que pertenecen al subgénero de los "afortunati que me sacan 1 vuelta". Este trozo andando (¿o sería escalando?), lo tenía más que previsto. Lo que ya no está en el guión es cuando me asaltarán la segunda, la tercera, y las sucesivas necesidades de parar.
No me salto ningún avituallamiento. Tampoco la parada obligada para los vertidos renales. Me anima cruzarme con los míos. Me entretengo calculando cuánto me llevarán, pero sin duda lo que más me entretiene es el continuo sobrecalentamiento de mis cuádriceps. Tengo la sensación de que son como un motor de los antiguos, de esos que pierden agua y hay que estar refrigerando cada poco... Por eso me hago acompañar de un botellín de agua durante toda la carrera.
¿Qué más os puedo contar que no os haya contado ya? ¡Ah, si! La globería esta vez consistió en parar junto a mi coche (que había dejado en la parte alta del circuito a pie), abrirlo y sacar de dentro el móvil para llamar a casa y decirle a la parienta que fuera comiendo, que a mí todavía me quedaban 9 kilómetros y un plato de arroz, jaja. Total, un par de minutos perdidos.
Por lo demás, las sensaciones se parecen tanto a las del pasado año que ya me imagino el tiempo que me resta. Para acercarme de verdad a las seis horas (que era mi gran reto aunque no hubiera supuesto tampoco batir ningún record del mundo), tendré que entrenar más... ¡y sinceramente no sé si me da más pereza entrenar o sufrir lo que no está en los escritos para terminar una media maratón por los arenales en casi 2 horas y media!
Como novedad este año me quedé sin probar en carrera los pastelitos. Eso sí, me puse ciego a geles, porque en la segunda vuelta notaba un vacío en el estómago que ni el cerebro de un ministro! Y con esa experiencia os digo que si alguna vez tenéis hambre, no intentéis lo mismo: optar mejor por un bocadillo de chistorra, que llena más y tiene mejor sabor, o por un arrocico, como el de las paellas gigantes de la línea de meta, que esta vez si me supo a gloria, aunque tuviera que tomármela a solanas porque mis compis no habían tenido la santa paciencia de esperarme una hora, jaja. Yo pensaba que ya estaban acostumbrados a esperarme en cada salida en que los acompaño los sábados, pero parece que después de más de cinco horas de carrera las ganas de llegar a casa y ponerse debajo del chorro de agua fría (para quitarse las arenas y de paso intentar no convertirse en un churrasco andante) pudieron más que nada.
Prometo que este año intenté correr al pasar por la trampa de arena, pero no pude. Soy de la misma opinión de Stani y no veo sentido alguno a eso de llenarte las zapas de arena, pero es lo que tienen la heróica y la mítica. En cambio lo que si pude fue hacer una recta final con un vigor y unas fuerzas extraídas de algún recóndito rincón del alma (lo mismo fue para que no me adelantara físicamente el bueno de Jesús, que venía pisándome los talones, jaja, aunque estaba claro que en la clasificación final me había vuelto a dar sopas con onda, de lo cual me alegro ya que entrena más que servidor). Y casi más sorprendente aún, también pude renunciar a la merecida siesta para dedicarle el resto de la tarde a mi pequeña, que reclamaba al loco de su padre, al que había echado de menos todo el día. Eso sí, por la noche caí a plomo, y el resto de días de esta semana también.
A día de hoy sigo esperando al hombre del mazo, el mismo que durante la semana anterior a la prueba me mantuvo en vilo (sin ir más lejos el lunes previo había estado con fiebre por la tarde, y luego toda la semana con unos mocos que ni los elefantes del Sherengueti). De momento de quien no espero llamada es del seleccionador nacional, aunque si algún día hacen una selección de globeros animados, lo mismo si tengo alguna opción, jaja.
En fin, que enhorabuena a todos los que habéis conseguido vuestros retos, y a los que por fin habéis conseguido evitar el trastorno final. Yo he conseguido el mío, aunque un poco escuchimizado, pero se trataba de terminar y no morir en el intento. Me felicito por ello y me siento a gusto. El día que entrene y llegue antes que algún IM esto será como un orgasmo infinito, jaja (-ten cuidado, Juan, que esto va por tí-)
También celebro con gusto que el pasado año a estas alturas iba al borde del colapso. Este año he sido más precavido y aún tengo virgen la reserva de fuerzas... ¡y sigo de festejos tomándome una barrita de chocolate y brindando con unos chupitos de Vitargo!
Tranqui, amigo Stani, que ya estoy viendo las dunas y no voy a narrar el paso de cada kilómetro hasta llegar a los Arenales. Empiezo a preparar el culo y los riñones para ver si aguanto del tirón la última subida, y mi vista para que no se asuste ni avergüence de la poca velocidad a la que voy subiendo. Intento no mirar, pero me puede la curiosidad, ¡otro año que me quedo sin el premio de la montaña!... ¡pero también otro año que termino la bici! Hoy estoy que lo celebro todo... ¡y eso que todavía no ha empezado el festival folklórico de las escaleras y las dunas! ¡mare de Deu!
Para quien no conozca la sensación, llegar a boxes a dejar la bici y casi no encontrar huecos es bastante deprimente, pero como que ya estoy acostumbrado, así que me calzo mis saltarinas y a rematar la faena. Me hago acompañar de mi bufanda de motivación tricolor, pero no será para el frío, porque a pie el calorcito se intensifica y hete aquí donde empieza a tomar cuerpo el título que le he dado a este par de entradas: la crónica del hombre tomate, porque me temo que después de las más de 2 horas que me quedan, voy a terminar con el mismo color que una de esas hortalizas, que curiosamente pertenecen al género de las "solanáceas". Parece coña, pero no, ¡no lo es! Solanácea, ¡que cachondo!
Lo que ya no me produce tanta risa es la primera subida de los 75 escalones. Como hay gente para todo me adelanta gente que las sube corriendo; imagino que pertenecen al subgénero de los "afortunati que me sacan 1 vuelta". Este trozo andando (¿o sería escalando?), lo tenía más que previsto. Lo que ya no está en el guión es cuando me asaltarán la segunda, la tercera, y las sucesivas necesidades de parar.
No me salto ningún avituallamiento. Tampoco la parada obligada para los vertidos renales. Me anima cruzarme con los míos. Me entretengo calculando cuánto me llevarán, pero sin duda lo que más me entretiene es el continuo sobrecalentamiento de mis cuádriceps. Tengo la sensación de que son como un motor de los antiguos, de esos que pierden agua y hay que estar refrigerando cada poco... Por eso me hago acompañar de un botellín de agua durante toda la carrera.
¿Qué más os puedo contar que no os haya contado ya? ¡Ah, si! La globería esta vez consistió en parar junto a mi coche (que había dejado en la parte alta del circuito a pie), abrirlo y sacar de dentro el móvil para llamar a casa y decirle a la parienta que fuera comiendo, que a mí todavía me quedaban 9 kilómetros y un plato de arroz, jaja. Total, un par de minutos perdidos.
Por lo demás, las sensaciones se parecen tanto a las del pasado año que ya me imagino el tiempo que me resta. Para acercarme de verdad a las seis horas (que era mi gran reto aunque no hubiera supuesto tampoco batir ningún record del mundo), tendré que entrenar más... ¡y sinceramente no sé si me da más pereza entrenar o sufrir lo que no está en los escritos para terminar una media maratón por los arenales en casi 2 horas y media!
Como novedad este año me quedé sin probar en carrera los pastelitos. Eso sí, me puse ciego a geles, porque en la segunda vuelta notaba un vacío en el estómago que ni el cerebro de un ministro! Y con esa experiencia os digo que si alguna vez tenéis hambre, no intentéis lo mismo: optar mejor por un bocadillo de chistorra, que llena más y tiene mejor sabor, o por un arrocico, como el de las paellas gigantes de la línea de meta, que esta vez si me supo a gloria, aunque tuviera que tomármela a solanas porque mis compis no habían tenido la santa paciencia de esperarme una hora, jaja. Yo pensaba que ya estaban acostumbrados a esperarme en cada salida en que los acompaño los sábados, pero parece que después de más de cinco horas de carrera las ganas de llegar a casa y ponerse debajo del chorro de agua fría (para quitarse las arenas y de paso intentar no convertirse en un churrasco andante) pudieron más que nada.
Prometo que este año intenté correr al pasar por la trampa de arena, pero no pude. Soy de la misma opinión de Stani y no veo sentido alguno a eso de llenarte las zapas de arena, pero es lo que tienen la heróica y la mítica. En cambio lo que si pude fue hacer una recta final con un vigor y unas fuerzas extraídas de algún recóndito rincón del alma (lo mismo fue para que no me adelantara físicamente el bueno de Jesús, que venía pisándome los talones, jaja, aunque estaba claro que en la clasificación final me había vuelto a dar sopas con onda, de lo cual me alegro ya que entrena más que servidor). Y casi más sorprendente aún, también pude renunciar a la merecida siesta para dedicarle el resto de la tarde a mi pequeña, que reclamaba al loco de su padre, al que había echado de menos todo el día. Eso sí, por la noche caí a plomo, y el resto de días de esta semana también.
A día de hoy sigo esperando al hombre del mazo, el mismo que durante la semana anterior a la prueba me mantuvo en vilo (sin ir más lejos el lunes previo había estado con fiebre por la tarde, y luego toda la semana con unos mocos que ni los elefantes del Sherengueti). De momento de quien no espero llamada es del seleccionador nacional, aunque si algún día hacen una selección de globeros animados, lo mismo si tengo alguna opción, jaja.
En fin, que enhorabuena a todos los que habéis conseguido vuestros retos, y a los que por fin habéis conseguido evitar el trastorno final. Yo he conseguido el mío, aunque un poco escuchimizado, pero se trataba de terminar y no morir en el intento. Me felicito por ello y me siento a gusto. El día que entrene y llegue antes que algún IM esto será como un orgasmo infinito, jaja (-ten cuidado, Juan, que esto va por tí-)
lunes, 11 de abril de 2011
ARENALES 113: CRÓNICA DEL HOMBRE TOMATE.
Hoy lunes, después de despegar los ojos, se me ocurrían muchos epítetos para calificar al incalificable Triatlón de Elche 2011. Lo que no se me ocurría es como autocalificarme a mí mismo. Decir que soy un optimista indomable sería poco mordaz, y casi repetitivo, porque concurre como circunstancia agravante que soy reincidente.
Vamos, que presentarse en la línea de salida de todo un señor medio aironmán con la frasca de entrenamientos a medio rellenar (siendo generosos) es osadía y gilipollería, casi a partes iguales. Pero bueno, uno es como es, y paga sus penitencias a la vez que sus impuestos. No es la primera vez (que ya van cuatro: 3 en Elche y 1 en Zarauz), y por la dinámica cerebral en la que me muevo, me temo que no será la última.
Pero vamos a lo que toca: Arenales 113 del año 2011.
El sábado el calor era inaguantable. Menos mal que el domingo se despertó como más sosete; diríase casi hasta con ganas de ser benévolo, con un mar tranquilorro y una temperatura agradable dentro de lo que cabe (adelanto que a eso de las dos de la tarde, servidor ya no pensaba lo mismo, pero no adelantemos acontecimientos). Llego un poco pegado a la línea de salida (baste como detalle que entré a boxes después de maese Carrillo, algo bastante sintomático teniendo en cuenta que don Jesús de Cieza es más amante de apurar para llegar a las salidas que un metrosexual en el rasurado), aunque con la disculpa de haber sido invitado por un benemérito a participar en una encuesta de consumo etílico, es decir, que había pasado por un control de alcoholemia al poco de salir de casa. Luego, con la cola del guardarropa para dejar la mochila a todo correr para no llegar tarde a la salida, y casi ni tiempo me da para probar el neopreno y echar la meadita reglamentaria, para el adecuado equilibrio térmico (tomen nota los profanos en el uso del neopreno, que esto de miccionar es casi tan obligatorio como la vaselina).
¡Pum! Al agua patos. Un par de saltos de delfín y a intentar hacer el tornillo buscando deslizarme por el mar calmo. Casi me sorprende no chocarme con nadie. Sin novedad en el giro de la primera boya... mucho me temo que debo ir más bien en cola y por eso no me tengo que pegar con nadie; pero tampoco voy a ponerme a buscar ahora al Yoni Güemuler que, seguramente, llevo en lo más hondo de mi anatomía. En realidad perder 10 minutos nadando tampoco es ninguna tragedia, así que procuro nadar traquilo.
En estas se me pone a estribor un ballenato que no debe ser amigo de las brújulas. Vamos nadando en paralelo. Y tan a gusto, oiga. Hay mar de sobra, pero somos como esos delfines que gustan de ir en grupo. La referencia del velero de la 2ª boya parece clara, así que tranquilidad y goce marino.... hasta que a pocos metros de llegar a la mencionada embarcación, uno de las canoas se acerca para corregirnos el rumbo.
- ¡Cacho pez, ya podías haberte pasado un poquico antes! -acierto a pensar, porque para afuera lo único que mascullo es una especie de defecación colectiva-.
Al menos he tenido la prudencia de no maldecir a Neptuno, no vaya a ser que le de por ponerse a levantar olas y vaya la cosa a peor. Total, sólo habré nadado unos 100 metros extra... Me consuelo pensando que así llegaré con la musculatura más caliente a la primera transición; también me anima ver que sobrepaso algún gorro verde, por lo que tan mal no lo estaré haciendo. Al fin y al cabo, son de la hornada que había salido antes, pero fijándome bien al sobrepasarlos me doy cuenta de que el consuelo es de tonto con titulación, y que ya quisiera llegar yo a esa edad y tener los santos cojones de meterme en un berengenal así.
En fin, que sin demasiada gloria ni demasiado sufrimiento, salgo del mar. Oigo mi nombre "artístico" y hasta consigo de los espectadores que hay apostados justo antes de entrar en boxes unos aplausos en plan limosna -porque, dadas las circunstancias y me poco caché me he visto obligado a pedirlos... eso sí, con mi habitual arte y salero-.
Como tengo la bici al poco de entrar en boxes casi no me ha dado tiempo a pensar si voy a hacer una transición relajada como la del pasado año, y así dar la ocasión a Stani a que me ponga como ejemplo del triatleta "tranquilo", o si voy a intentar recuperar parte del tiempo perdido. Finalmente opto por una "transilición" (esto es: transición como si estuvieras hasta las cejas de transilium). Le pregunto al juez que revisaba ansioso que no cogiera la bici antes de ponerme el casco para sacarme la tarjeta si Alonso ha entrado ya en boxes, y me dice que los élite han entrado ya todos...
- No, si yo me refiero al Alonso de Ferrari
¡Ay, las cabezas!... Empieza la bici. No hay tiempo para pensar que piñón metes: el más grande, que de salida está ese pedazo de rampa´traicionera para cogerte frío. Y desde el comienzo la misma tónica: gente y más gente pasándome como bólidos. Tampoco veo yo que vaya tan mal... debe ser que estas máquinas que se trae el personal, y que viene fullequipadas tienen una marcha más o una reductora, ¡o lo mismo son las piernas y ese desfile de músculos que me adelantan a la par que se mofan de uno!
Sea como fuere, ¿he dicho ya que durante los puñeteros 88 kilómetros no hubo ningún kilómetro en que no me adelantaran un chorro incontable de tris de todos los colores y con unas patorras que debían tener más músculos de serie que las mías? Únicamente me consolaba cuando quien me adelantaba llevaba el dorsal "rosita", porque eso significaba que hasta ese momento yo había ido por delante, cosa que, obviamente, no volvería a suceder... ¿Ilustres que me adelantaron? ¡Como no el Campillico! ¡ese peazo santomerano-santapolero! (pero que sepas JC, que el otro día subiendo para Abanilla nos llevabas casi a 40 y subiendo para Aspe no te ví yo al mismo ritmo... aunque ahora que lo pienso tampoco iba yo), otros santapoleros más autóctonos como Michel (al que le dije yo en meta que la próxima vez que me quite las pegatinas que por lo menos me haga el saludo de la vaca) o el señor "Cabra", todo un señor, ¡sí señor!, porque se molestó el tío en darme los buenos días y todo al adelantarme subiendo para Aspe. Una lástima que me pillara atragantándome con media barrita que si no hubiera aprovechado para decirle que por mucho que se esforzara no iba a coger al hijo del viento -por cierto, que su padre, soplaba en esos momentos de cara-.
Lo de comer en la bici me lo tomé en serio. Probé barritas de todos los gustos y colores sin miedo a las objeciones que pondría antes o después mi estómago. Iba a lo mío, procurando reservar alguna fuerza para la carrera a pie, que fue donde en la edición anterior llegué vacío del todo. En la subidita camino de Aspe, recordando las sensaciones del año anterior, tuve la sensación de no ir tan atrancado, pero los músculos comenzaban a dar señales inequívocas de que estaba acercándome peligrosamente a su límite. Al ruego y súplica habitual de no verme obligado a abandonar por algún percance técnico, mecánico o físico irresoluble me veía obligado a añadir que ningún músculo se revelara de forma traumática. Prometía entrenar más para futuras ocasiones, como el niño travieso promete portarse bien justo el día antes de que lleguen los Reyes Magos (y luego si te he visto no me acuerdo)... ¡Y parece que funcionó!... Eso y ponerme en plan aerodinámico en la estratosférica bajada hacia Elche, y luego algunos kilómetros más acoplado como si fuera uno de los buenos, consiguiendo mantener la referencia de alguna de las ruedas que seguían sobrepasándome de forma inmisericorde.
¿Y da tiempo a pensar todo esto mientras se dan pedales y empiezan a sufrir rozadura los genitales?
- ¡me alegro de que me hagáis esa pregunta!
La verdad es que no sabría qué decir. Creo que se piensa sin tanto verso. Que se sepa nunca la abundante sudoración fue cuna de inspiración. Lo que es seguro es que cuando empieza a doler todo se piensa... ¿qué digo "se piensa"? ¡se desea!... que acabe el martirio cuanto antes. El disfrute es, digamoslo así: "relativo".
Los jueces que en los primeros kilómetros parecían vigilarme (llevé uno detrás de mí en la moto vaarios kilómetros, ¡no sé! ¡me vería cara de tramposo!), ahora ya no se preocupaban y pasaban tirando de puño y de repris.... ¡ay, quien tuviera motor de doble inyección y no únicamente un vulgar mecanismo devorador de plátanos!
Vamos, que presentarse en la línea de salida de todo un señor medio aironmán con la frasca de entrenamientos a medio rellenar (siendo generosos) es osadía y gilipollería, casi a partes iguales. Pero bueno, uno es como es, y paga sus penitencias a la vez que sus impuestos. No es la primera vez (que ya van cuatro: 3 en Elche y 1 en Zarauz), y por la dinámica cerebral en la que me muevo, me temo que no será la última.
Pero vamos a lo que toca: Arenales 113 del año 2011.
El sábado el calor era inaguantable. Menos mal que el domingo se despertó como más sosete; diríase casi hasta con ganas de ser benévolo, con un mar tranquilorro y una temperatura agradable dentro de lo que cabe (adelanto que a eso de las dos de la tarde, servidor ya no pensaba lo mismo, pero no adelantemos acontecimientos). Llego un poco pegado a la línea de salida (baste como detalle que entré a boxes después de maese Carrillo, algo bastante sintomático teniendo en cuenta que don Jesús de Cieza es más amante de apurar para llegar a las salidas que un metrosexual en el rasurado), aunque con la disculpa de haber sido invitado por un benemérito a participar en una encuesta de consumo etílico, es decir, que había pasado por un control de alcoholemia al poco de salir de casa. Luego, con la cola del guardarropa para dejar la mochila a todo correr para no llegar tarde a la salida, y casi ni tiempo me da para probar el neopreno y echar la meadita reglamentaria, para el adecuado equilibrio térmico (tomen nota los profanos en el uso del neopreno, que esto de miccionar es casi tan obligatorio como la vaselina).
¡Pum! Al agua patos. Un par de saltos de delfín y a intentar hacer el tornillo buscando deslizarme por el mar calmo. Casi me sorprende no chocarme con nadie. Sin novedad en el giro de la primera boya... mucho me temo que debo ir más bien en cola y por eso no me tengo que pegar con nadie; pero tampoco voy a ponerme a buscar ahora al Yoni Güemuler que, seguramente, llevo en lo más hondo de mi anatomía. En realidad perder 10 minutos nadando tampoco es ninguna tragedia, así que procuro nadar traquilo.
En estas se me pone a estribor un ballenato que no debe ser amigo de las brújulas. Vamos nadando en paralelo. Y tan a gusto, oiga. Hay mar de sobra, pero somos como esos delfines que gustan de ir en grupo. La referencia del velero de la 2ª boya parece clara, así que tranquilidad y goce marino.... hasta que a pocos metros de llegar a la mencionada embarcación, uno de las canoas se acerca para corregirnos el rumbo.
- ¡Cacho pez, ya podías haberte pasado un poquico antes! -acierto a pensar, porque para afuera lo único que mascullo es una especie de defecación colectiva-.
Al menos he tenido la prudencia de no maldecir a Neptuno, no vaya a ser que le de por ponerse a levantar olas y vaya la cosa a peor. Total, sólo habré nadado unos 100 metros extra... Me consuelo pensando que así llegaré con la musculatura más caliente a la primera transición; también me anima ver que sobrepaso algún gorro verde, por lo que tan mal no lo estaré haciendo. Al fin y al cabo, son de la hornada que había salido antes, pero fijándome bien al sobrepasarlos me doy cuenta de que el consuelo es de tonto con titulación, y que ya quisiera llegar yo a esa edad y tener los santos cojones de meterme en un berengenal así.
En fin, que sin demasiada gloria ni demasiado sufrimiento, salgo del mar. Oigo mi nombre "artístico" y hasta consigo de los espectadores que hay apostados justo antes de entrar en boxes unos aplausos en plan limosna -porque, dadas las circunstancias y me poco caché me he visto obligado a pedirlos... eso sí, con mi habitual arte y salero-.
Como tengo la bici al poco de entrar en boxes casi no me ha dado tiempo a pensar si voy a hacer una transición relajada como la del pasado año, y así dar la ocasión a Stani a que me ponga como ejemplo del triatleta "tranquilo", o si voy a intentar recuperar parte del tiempo perdido. Finalmente opto por una "transilición" (esto es: transición como si estuvieras hasta las cejas de transilium). Le pregunto al juez que revisaba ansioso que no cogiera la bici antes de ponerme el casco para sacarme la tarjeta si Alonso ha entrado ya en boxes, y me dice que los élite han entrado ya todos...
- No, si yo me refiero al Alonso de Ferrari
¡Ay, las cabezas!... Empieza la bici. No hay tiempo para pensar que piñón metes: el más grande, que de salida está ese pedazo de rampa´traicionera para cogerte frío. Y desde el comienzo la misma tónica: gente y más gente pasándome como bólidos. Tampoco veo yo que vaya tan mal... debe ser que estas máquinas que se trae el personal, y que viene fullequipadas tienen una marcha más o una reductora, ¡o lo mismo son las piernas y ese desfile de músculos que me adelantan a la par que se mofan de uno!
Sea como fuere, ¿he dicho ya que durante los puñeteros 88 kilómetros no hubo ningún kilómetro en que no me adelantaran un chorro incontable de tris de todos los colores y con unas patorras que debían tener más músculos de serie que las mías? Únicamente me consolaba cuando quien me adelantaba llevaba el dorsal "rosita", porque eso significaba que hasta ese momento yo había ido por delante, cosa que, obviamente, no volvería a suceder... ¿Ilustres que me adelantaron? ¡Como no el Campillico! ¡ese peazo santomerano-santapolero! (pero que sepas JC, que el otro día subiendo para Abanilla nos llevabas casi a 40 y subiendo para Aspe no te ví yo al mismo ritmo... aunque ahora que lo pienso tampoco iba yo), otros santapoleros más autóctonos como Michel (al que le dije yo en meta que la próxima vez que me quite las pegatinas que por lo menos me haga el saludo de la vaca) o el señor "Cabra", todo un señor, ¡sí señor!, porque se molestó el tío en darme los buenos días y todo al adelantarme subiendo para Aspe. Una lástima que me pillara atragantándome con media barrita que si no hubiera aprovechado para decirle que por mucho que se esforzara no iba a coger al hijo del viento -por cierto, que su padre, soplaba en esos momentos de cara-.
Lo de comer en la bici me lo tomé en serio. Probé barritas de todos los gustos y colores sin miedo a las objeciones que pondría antes o después mi estómago. Iba a lo mío, procurando reservar alguna fuerza para la carrera a pie, que fue donde en la edición anterior llegué vacío del todo. En la subidita camino de Aspe, recordando las sensaciones del año anterior, tuve la sensación de no ir tan atrancado, pero los músculos comenzaban a dar señales inequívocas de que estaba acercándome peligrosamente a su límite. Al ruego y súplica habitual de no verme obligado a abandonar por algún percance técnico, mecánico o físico irresoluble me veía obligado a añadir que ningún músculo se revelara de forma traumática. Prometía entrenar más para futuras ocasiones, como el niño travieso promete portarse bien justo el día antes de que lleguen los Reyes Magos (y luego si te he visto no me acuerdo)... ¡Y parece que funcionó!... Eso y ponerme en plan aerodinámico en la estratosférica bajada hacia Elche, y luego algunos kilómetros más acoplado como si fuera uno de los buenos, consiguiendo mantener la referencia de alguna de las ruedas que seguían sobrepasándome de forma inmisericorde.
¿Y da tiempo a pensar todo esto mientras se dan pedales y empiezan a sufrir rozadura los genitales?
- ¡me alegro de que me hagáis esa pregunta!
La verdad es que no sabría qué decir. Creo que se piensa sin tanto verso. Que se sepa nunca la abundante sudoración fue cuna de inspiración. Lo que es seguro es que cuando empieza a doler todo se piensa... ¿qué digo "se piensa"? ¡se desea!... que acabe el martirio cuanto antes. El disfrute es, digamoslo así: "relativo".
Los jueces que en los primeros kilómetros parecían vigilarme (llevé uno detrás de mí en la moto vaarios kilómetros, ¡no sé! ¡me vería cara de tramposo!), ahora ya no se preocupaban y pasaban tirando de puño y de repris.... ¡ay, quien tuviera motor de doble inyección y no únicamente un vulgar mecanismo devorador de plátanos!
lunes, 7 de marzo de 2011
SE CAMBIA BUFANDA POR PIERNAS ETIOPES
No hace falta ser un dietista deportivo de alto copete para saber que un par de yintonises la noche antes de una competición no son la mejor forma de hidratarse.
Si hubiera tenido en cuenta esta reflexión antes de atreverme con el duatlón de Fuente Álamo, lo mismo la noche del viernes me hubiera metido entre pecho y espalda un buen plato de pasta en lugar de un par de jugosos pastelicos de carne, regados con abundante y fresca cerveza, y ese par de yintonises como colofón. O tal vez me hubiera abstenido de meterme en la guarida del lobo, algo que por mucho que suene a dicho típico resúltase que fue lo que aconteció, ¡con lo demostradamente mal que se llevan mis resultados físico-deportivos con la compañía de Paco El Lobo!
Está visto que me iría bastante mejor si en lugar de hacerme acomnpañar de mi bufanda etíope tuviera un buen par de piernas etíopes, de esas que te permiten correr como si fueras un ñú perseguido por una manada de guepardos del Serengueti. Pero de momento sólo tengo la bufanda...

Y como a pie sigo entrenando como un monje cartujo en cuaresma (es decir, con abstención total), enfrentarme a los 7 kms. del primer sector, con toda esa jauría de gamos corriendo delante (¡menudo plantel el que se dio cita en Fuente Alamo!) y la bandada de gacelas que salieron 7 minutos después y me alcanzaron justo antes de llegar a boxes (¡aquello parecía una prueba del campeonato del mundo o 1 chiste de los malos: 1 checa (Vodizkova), 1 española (Ainhoa Murua, nada menos), 1 belga y 1 irlandesa! jaja), pues como que sonaba bastante atrevido. Basta echarle un vistazo a la clasificación para ver que apenas llegaron a boxes por detrás de mí una docena de participantes.
Al menos dando pedales me porté como un jabato y fui capaz de aguantar el ritmillo al que me llevaron un par de ilicitanos que se habían tomado la carrera a pie aún con más tranquilidad que yo. Eso si: me llevaron con el gancho los 30 kilómetros. Fue toda una experiencia, y no sólo porque no me quedara de rueda, sino por los continuos abanicos a los que tuve que adaptarme por el viento racheado del circuito, y por lo espectacular que fue ir superando al menos a un par de docenas de corredores que se habían ido quedando en tierra de nadie y que no lograban aguantar ni quinientos metros al fuerte ritmo que llevábamos (me salió una media de 32 km/h).
En la última transición, supongo que también me sirvió el duro entrenamiento de los ´2 últimos sábados, porque fui capaz de aguantar los 3'5 kilómetros a unos 5 min/km, con la desconocida sensación de no ir al límite.
Eso sí, lo que no me resultó desconocido fue el "frío santapolero" que me dió de camino para el coche. Y los sudores de esa noche hasta que conseguí descansar y rellenar el vacío saco de fuerzas.
Después de todo, y una vez recobradas las fuerzas, no me fue tan mal. Puesto 162 de casi 200, y casi 3 minutos menos que en mi anterior participación hace 2 temporadas (a pesar de haberlo hecho bastante peor a pie). Parece que las sufridas salidas en bici con los campillicos, los zagaliquios de Monteagudo y Alejandro, el señor de los manguitos (que es tan buen zagal que hasta le comentaba a otros corredores en meta que yo era un máquina en la bici, jaja... ¡lástima que se quedara a sólo un par de segundos de pillar cacho en su categoría! ¡ya lo siento, amigo!), están dando sus frutos. Va a ser verdad que no se mejoran las marcas llevando una bufanda sino entrenando.
PD: Tengo otros testimonios gráficos de mi pseudo-hazaña. Lo mismo si hay "quorum" de demandas me animo a subirlas.
PD2: por si alguien quiere leer la crónica oficial de la prueba, la buena, la periodística, adjunto un enlace interesante, tanto más cuanto os resultaría familiar saber quien la ha escrito.
http://www.laopiniondemurcia.es/deportes/2011/03/07/jesus-gomar-ainhoa-murua-coronan-prueba-alto-nivel/307323.html
Si hubiera tenido en cuenta esta reflexión antes de atreverme con el duatlón de Fuente Álamo, lo mismo la noche del viernes me hubiera metido entre pecho y espalda un buen plato de pasta en lugar de un par de jugosos pastelicos de carne, regados con abundante y fresca cerveza, y ese par de yintonises como colofón. O tal vez me hubiera abstenido de meterme en la guarida del lobo, algo que por mucho que suene a dicho típico resúltase que fue lo que aconteció, ¡con lo demostradamente mal que se llevan mis resultados físico-deportivos con la compañía de Paco El Lobo!
Está visto que me iría bastante mejor si en lugar de hacerme acomnpañar de mi bufanda etíope tuviera un buen par de piernas etíopes, de esas que te permiten correr como si fueras un ñú perseguido por una manada de guepardos del Serengueti. Pero de momento sólo tengo la bufanda...
Y como a pie sigo entrenando como un monje cartujo en cuaresma (es decir, con abstención total), enfrentarme a los 7 kms. del primer sector, con toda esa jauría de gamos corriendo delante (¡menudo plantel el que se dio cita en Fuente Alamo!) y la bandada de gacelas que salieron 7 minutos después y me alcanzaron justo antes de llegar a boxes (¡aquello parecía una prueba del campeonato del mundo o 1 chiste de los malos: 1 checa (Vodizkova), 1 española (Ainhoa Murua, nada menos), 1 belga y 1 irlandesa! jaja), pues como que sonaba bastante atrevido. Basta echarle un vistazo a la clasificación para ver que apenas llegaron a boxes por detrás de mí una docena de participantes.
Al menos dando pedales me porté como un jabato y fui capaz de aguantar el ritmillo al que me llevaron un par de ilicitanos que se habían tomado la carrera a pie aún con más tranquilidad que yo. Eso si: me llevaron con el gancho los 30 kilómetros. Fue toda una experiencia, y no sólo porque no me quedara de rueda, sino por los continuos abanicos a los que tuve que adaptarme por el viento racheado del circuito, y por lo espectacular que fue ir superando al menos a un par de docenas de corredores que se habían ido quedando en tierra de nadie y que no lograban aguantar ni quinientos metros al fuerte ritmo que llevábamos (me salió una media de 32 km/h).
En la última transición, supongo que también me sirvió el duro entrenamiento de los ´2 últimos sábados, porque fui capaz de aguantar los 3'5 kilómetros a unos 5 min/km, con la desconocida sensación de no ir al límite.
Eso sí, lo que no me resultó desconocido fue el "frío santapolero" que me dió de camino para el coche. Y los sudores de esa noche hasta que conseguí descansar y rellenar el vacío saco de fuerzas.
Después de todo, y una vez recobradas las fuerzas, no me fue tan mal. Puesto 162 de casi 200, y casi 3 minutos menos que en mi anterior participación hace 2 temporadas (a pesar de haberlo hecho bastante peor a pie). Parece que las sufridas salidas en bici con los campillicos, los zagaliquios de Monteagudo y Alejandro, el señor de los manguitos (que es tan buen zagal que hasta le comentaba a otros corredores en meta que yo era un máquina en la bici, jaja... ¡lástima que se quedara a sólo un par de segundos de pillar cacho en su categoría! ¡ya lo siento, amigo!), están dando sus frutos. Va a ser verdad que no se mejoran las marcas llevando una bufanda sino entrenando.
PD: Tengo otros testimonios gráficos de mi pseudo-hazaña. Lo mismo si hay "quorum" de demandas me animo a subirlas.
PD2: por si alguien quiere leer la crónica oficial de la prueba, la buena, la periodística, adjunto un enlace interesante, tanto más cuanto os resultaría familiar saber quien la ha escrito.
http://www.laopiniondemurcia.es/deportes/2011/03/07/jesus-gomar-ainhoa-murua-coronan-prueba-alto-nivel/307323.html
miércoles, 16 de febrero de 2011
CONTAR LOS 40
Es esta expresión casi gemela con otra más conocida, que habla de "cantar las cuarenta", no sólo cuando se juega al tute o al subastado, sino cuando metafóricamente se le echa a alguien la bronca o se le explica algo de forma clara. Pero yo he optado por el verbo numérico, no por el lírico (contar en lugar de cantar), ese que a su vez puede tomarse por 2 vertientes, ora en plan narración (como sucede al contar cuentos -los políticos son más expertos en este arte que el mismísimo Calleja-), ora en plan matemático, por aquello del conteo ordinal: uno, dos, tres, cuatro,... y así hasta los últimos puestos.
Pues si, lo habéis adivinado: de contar triatletas se trataba. Y es que de lo aburrido que debe resultar ponerse en la línea de meta y contar piernas depiladas hasta que llegan mis 2 peludos consorcios de músculos locomotores poco entrenados, no me queda más remedio que animar mis llegadas con exuberantes demostraciones de alegría triatlética, ¡vamos! que entro radiante, como si me fueran a dar un premio...
Pero si se trataba de contar, ¿a qué viene eso de los 40? ¿que yo sepa aún no he conseguido siquiera que sea el número de participantes a los que consigo dejar atrás? (y adelanto que me costará trabajo que así sea, a no ser que la proporción de aficionados muy aficionados en el número total de participantes se incremente bastante, porque con el nivelaco que demuestra la peña últimamente, ¡tonto el último!
En fin, no os voy a aburrir con mi crónica del duatlón de San Pedro (seguramente lo podréis leer en el Finisher el próximo mes). Si acaso un breve resumen: entre que empezó tarde y lo que tardé yo en llegar, no llegué de noche por los pelos. Pero al menos llegué entero y como la lengua no la tenía cansada le estuve dando un ratico nada más entrar (y si no que se lo digan al padre de Alejandrico, al que le dí tal tabarra que creo que ya habrá ido al Decathlon a comprarle un maillot de manga larga a su retoño para que no nos deje en ridículo cuando salgamos juntos y él vaya casi en calzoncillos).
Se puede decir que me lo pasé bien, y es que a falta de calidad en mis piernas procuro poner en práctica aquel grito de guerra que decía Torrebruno (¿o eran los payasos de la tele?): lo importante es participar y ¡¡¡divertirse!!
El fin de semana siguiente (este pasado) decidí no ir a Yecla porque el domingo teníamos una "juntaera" familiar, así que el sábado me vestí de duatleta de larga "en pruebas" y me animé a irme en plan comparsa de carnaval, porque con las ganas que me tenía el bueno de Juan desde lo de Santa Pola, y el habitual empuje del hijo del viento y los maquinorros campillerosra, estaba claro que iba a dar el petardazo: cincuenta en bici y una horita de transición a pie por los polvorines. El resumen, haciendo un evidente juego de palabras, estaba claro, y es que correr por los polvorines siempre me deja echo polvo.
Los 50 en bici los aguanté como pude, bastante mejor en las bajadas que en las subidas, claro está. Lo que puso al límite del colapso a mis cuádriceps fue el trote polvorinesco. Juanico estuvo a punto de sacar el coche para ir en mi busca, pero uno, que ya se ha visto antes en situaciones parecidas de holganza muscular en los más de 40 duatlones y triatlones que llevo finalizados (que a eso me refería con lo de "contar los 40") tirando de reservas consiguió llegar por su propio pie al punto de partida. Sin duda un buen entrenamiento de cara a Elche.
Otro día, si eso, ya hablaré de los otros cuarenta que adornan mi expediente.
Ahora solo falta que
Pues si, lo habéis adivinado: de contar triatletas se trataba. Y es que de lo aburrido que debe resultar ponerse en la línea de meta y contar piernas depiladas hasta que llegan mis 2 peludos consorcios de músculos locomotores poco entrenados, no me queda más remedio que animar mis llegadas con exuberantes demostraciones de alegría triatlética, ¡vamos! que entro radiante, como si me fueran a dar un premio...
Pero si se trataba de contar, ¿a qué viene eso de los 40? ¿que yo sepa aún no he conseguido siquiera que sea el número de participantes a los que consigo dejar atrás? (y adelanto que me costará trabajo que así sea, a no ser que la proporción de aficionados muy aficionados en el número total de participantes se incremente bastante, porque con el nivelaco que demuestra la peña últimamente, ¡tonto el último!
En fin, no os voy a aburrir con mi crónica del duatlón de San Pedro (seguramente lo podréis leer en el Finisher el próximo mes). Si acaso un breve resumen: entre que empezó tarde y lo que tardé yo en llegar, no llegué de noche por los pelos. Pero al menos llegué entero y como la lengua no la tenía cansada le estuve dando un ratico nada más entrar (y si no que se lo digan al padre de Alejandrico, al que le dí tal tabarra que creo que ya habrá ido al Decathlon a comprarle un maillot de manga larga a su retoño para que no nos deje en ridículo cuando salgamos juntos y él vaya casi en calzoncillos).
Se puede decir que me lo pasé bien, y es que a falta de calidad en mis piernas procuro poner en práctica aquel grito de guerra que decía Torrebruno (¿o eran los payasos de la tele?): lo importante es participar y ¡¡¡divertirse!!
El fin de semana siguiente (este pasado) decidí no ir a Yecla porque el domingo teníamos una "juntaera" familiar, así que el sábado me vestí de duatleta de larga "en pruebas" y me animé a irme en plan comparsa de carnaval, porque con las ganas que me tenía el bueno de Juan desde lo de Santa Pola, y el habitual empuje del hijo del viento y los maquinorros campillerosra, estaba claro que iba a dar el petardazo: cincuenta en bici y una horita de transición a pie por los polvorines. El resumen, haciendo un evidente juego de palabras, estaba claro, y es que correr por los polvorines siempre me deja echo polvo.
Los 50 en bici los aguanté como pude, bastante mejor en las bajadas que en las subidas, claro está. Lo que puso al límite del colapso a mis cuádriceps fue el trote polvorinesco. Juanico estuvo a punto de sacar el coche para ir en mi busca, pero uno, que ya se ha visto antes en situaciones parecidas de holganza muscular en los más de 40 duatlones y triatlones que llevo finalizados (que a eso me refería con lo de "contar los 40") tirando de reservas consiguió llegar por su propio pie al punto de partida. Sin duda un buen entrenamiento de cara a Elche.
Otro día, si eso, ya hablaré de los otros cuarenta que adornan mi expediente.
Ahora solo falta que
sábado, 12 de febrero de 2011
Previa del Duatlón de San Pedro del Pinatar
Como hacer las previas de las pruebas deportivas desde el punto de vista profesional está ya muy visto, ¿qué tal si intento una desde la óptica de un integrante del clan de la cerveza?
Por aclamación silenciosa allá voy:
"Esta tarde voy a Lo Pagán al segundo duatlón de la temporada".
Pues ya está, esa es toda la previa que puedo hacer, acorde con el plan de entrenamiento específico que he llevado a cabo esta semana desde que el pasado domingo participara en el no drafting de Los Camachos.
Luego os contaré más. Bueno lo mismo me ciño a contar los duatletas que entran en meta después y así acabo pronto.
Por aclamación silenciosa allá voy:
"Esta tarde voy a Lo Pagán al segundo duatlón de la temporada".
Pues ya está, esa es toda la previa que puedo hacer, acorde con el plan de entrenamiento específico que he llevado a cabo esta semana desde que el pasado domingo participara en el no drafting de Los Camachos.
Luego os contaré más. Bueno lo mismo me ciño a contar los duatletas que entran en meta después y así acabo pronto.
lunes, 7 de febrero de 2011
Duatlón de los Camachos: sin drafting y a toda brida sin bridas
Había ganas de empezar la temporada. ¡Vaya si había ganas! En los Camachos nos juntamos la flor y nata del triatlón murciano y de parte del mundo mundial, básicamente por la presencia de la checa Radka Vodikova, campeona europea, y de un servidor, que no cuenta para la clasificación final, pero que aporta un colorido y una vistosidad al entrar en meta cuando ya parece que no queda nadie por entrar que pa qué.
El día se presentaba estupendo. También el ambiente. Supongo que la organización lo tenía todo pensado, y con el fin de que tuviéramos tiempo para saludar a los triamiguetes antes de empezar, consiguió formar una cola a la hora derecoger el dorsal que ni la del INEM después de la temporada estival. Los bafles, eso si, un lujazo, a todo trapo, para que fuéramos entrenando los tímpanos.
El caso es que se acercaban las 10 de la mañana, hora prevista para el arranque oficial de la temporada, y de cola en cola, que ahora tocaba la de la revisión de material en la entrada a boxes. El personal calentando de un lado para otro y yo buscando bridas, ya que a alguien se le olvidó meter en la bolsa del corredor, seguramente creyendo que, por aquello de que no iba a estar permitido el drafting, no harían falta para atarse a la rueda del de delante. Así que cada cual se las compuso para poner el dorsal en la bici.
Había ansiedad. Ansiedad y casi doscientos ansiosos que, en cuanto se dio el bocinazo de salida salimos "a toda brida", dispuestos a devorar los cinco primeros kilómetros, como lobos hambrientos. Cada cual a lo que le daba la máquina: los buenos por delante y los que tenemos la herramienta menos engrasada luchando por no quedarnos atrás nada más empezar. Total, que saliendo desde atrás empiezo con ganas adelantando a los del clan "de la cerveza", y al pasa por el primer kilómetro me sorprende ver que mi crono marca cuatro minutos y muy poco. Tan poco como que no me cuadra (si, amigo Stani, yo también pensé que lo habían marcado usando un metro de noventa centímetros o así), y confío en que al pasar por el segundo kilómetro la cosa se regulariza, pero resulta que entonces son ocho y poco, es decir, que aunque no me lo crea voy a poco más de cuatro el kilómetro y tan solo llevo por detrás unos 15 ó 20 de los 200 (cabe hacer mención que a las zagalas las habían soltado unos minutos antes, pero de haber salido todos juntos tampoco hubiera ido por delante de muchas de ellas). Entonces, no sé si saqué la calculadora, o si fue la maquinaria, que iba más rápida de lo que era consciente de poder aguantar, pero bajé el pistón para no dejarme todas las fuerzas antes de llegar a la primera transición.
En la entrada a boxes el crono marcaba 22'06 (¡había ido a 4'26 de media el kilómetro que para la poca suela que gasto es una pasada!). Eso me anima a pesar de que los pulmones los llevo como lijados, pero la más que evidente falta de carbono en boxes (¡vamos, que quedaban allí menos bicicletas que en un reunión de los angeles del infierno!). Como además de la carrera a pie las transiciones tampoco las entreno, me adelanta en boxes hasta el Tato, pero como no hay drafting, me animo pensando en que voy a pillar a algunos duatletas que, de haber sido posible ir a rueda, se me habrían escapado sin remisión.
¡Y así es! A pesar de que no hay al principio demasiado terreno para acoplarse, y que incluso hay un par de subiditas, a partir del kilómetro cinco, tras la bajada, parece que por cosas de la inercia -que yo soy más de bajadas que de subida- hay un par de kilómetros en los que consigo tirar de acoples y ponerme casi a cuarenta yo solito. Entonces en cuando empieza mi particular cacería... Me anima ir superando a gente que me había adelantado en la transición y a otros que me ganan de calle a pie. En la primera vuelta sólo cayeron dos o tres, pero en la segunda es cuando me siento más entonado y adelanto más posiciones (yo calculo que serían más de una docena las piezas que hice, entre ellos una rueda lenticular y otro que iba con una especie de bici de lechero, ¡nada, que por mucho que me esfuerce no me escapo del club de la cerveza!)
Llego a boxes envalentonado y lamentando que no queden otras dos vueltas más, pues cada vez me encontraba más a gusto, y por primera vez en no sé cuanto tiempo, me suelto las zapatillas encima de la bici, sacando sólamente los pies... ¡hoy voy de campeón! Pretendo perder el menor tiempo en la segunda transición para intentar resistir el embite de los que he superado al final. Sólo lo consigo a medias, pues los 2'5 kms finales, sobre todo el primer kilómetro en subida, lo hago arrastrando los pies y con un amago de pinchazo en el gemelo. Me adelantan dos o tres, pero yo hago lo propio con otro par de ellos, así que lo comido por lo servido y llego a meta bastante entero después de todo, con un tiempo total de 1h12'43, aunque con la duda razonable de que fueran dos kilómetros y medio al final, porque eso supondría haber ido a poco más de cuatro, cuando en el mejor de los casos nunca he bajado de 12 minutos en la segunda transición de este tipo de duatlones sprint.
Problemas métricos a un lado y a pesar de que el chorreo detrás de mi es más bien escaso, la conclusión que saco es que me lo he pasado realmente bien. Había venido a eso, y como ocurriera hace un par de semanas en Santa Pola, lo he conseguido. Lo mismo se hace difícil de entender por quienes llegando varios minutos antes que yo andan comentando lo mal que han ido, pero entiendo que quien entrena más, desea obtener un rendimiento acorde. Yo, concentrando todo mi entreno en perseguir los correteos de mi pequeñaja y en alguna salida esporádica y mañanera -esta semana me has fallado Juanico, porque salí una vez y no te vi, jaja-, insisto en que he cumplido mis previsiones, y dado el nivel que se daba cita por allí creo que no podía haber hecho más.
Nuestro Jesusico, al que le propuse que me cambiara su P3 por mi Orbeica, que no le cobraba nada, hizo décimo nada más y nada menos (2º en veteranos), y con Oscar Aroca y Alfonsico Salar entre los 40 primeros, séptimos por equipos, de un total de veintidós. Esta vez no era necesaria mi participación para puntuar por equipos (juas,juas). También estuvieron por ahí Pepico Raja, que estrenaba burrica atómica, y el otro Jesusico, que retornaba a la competición, con los que eché la parrafadica de rigor, así como con Perico y el amigo Lukas Gubler, dos maquinorros de Aguilas. Perico reconoció haber ido tirando miguicas de pan por el recorrido para no perderse en las rotondas, como al parecer si le pasó a más gente (tanto de delante como de atrás). Para la próxima edición, a falta de voluntarios señalizando, pediremos que incluyan en la bolsa un par de bridas y una brújula, y así todos contentos.
Y si después de todo esto a alguno todavía le pica la curiosidad por saber quien ganó, que se lea el Finisher del mes que viene, que estoy preparando la crónica oficial, aunque os adelanto que donde se ponga la crónica de un globero que se quite la aburrida visión de alguien que siempre va en cabeza y sólo tiene por delante vacío y más vacío, ¡qué aburrido debe ser eso de ganar! ¿no?
Y si a alguien le ha decepcionado mi crónica, y acusa una carencia de heróica o de sangre, tendrá que esperar hasta Elche, que es donde espero darlo todo. Como ya he dicho terminé tan anómalamente bien que, ante la ausencia de cerveza en el refrigerio posterior a la carrera (creo que hubo una brasa de cochinerías varias pero yo tenía que volver con mis dos mujercicas), todavía tuve arrestos al llegar a casa para irme de paseo a tomarme la cañica de rigor con mi pequeñaja. Aclaro que a ella la cebada todavía no le va, pero verla comer pulpo es un espectáculo. Casi tanto como ver a un servidor con un teclado delante para escribir, ¡acho, es que yo soy como un IM de la escritura!
El día se presentaba estupendo. También el ambiente. Supongo que la organización lo tenía todo pensado, y con el fin de que tuviéramos tiempo para saludar a los triamiguetes antes de empezar, consiguió formar una cola a la hora derecoger el dorsal que ni la del INEM después de la temporada estival. Los bafles, eso si, un lujazo, a todo trapo, para que fuéramos entrenando los tímpanos.
El caso es que se acercaban las 10 de la mañana, hora prevista para el arranque oficial de la temporada, y de cola en cola, que ahora tocaba la de la revisión de material en la entrada a boxes. El personal calentando de un lado para otro y yo buscando bridas, ya que a alguien se le olvidó meter en la bolsa del corredor, seguramente creyendo que, por aquello de que no iba a estar permitido el drafting, no harían falta para atarse a la rueda del de delante. Así que cada cual se las compuso para poner el dorsal en la bici.
Había ansiedad. Ansiedad y casi doscientos ansiosos que, en cuanto se dio el bocinazo de salida salimos "a toda brida", dispuestos a devorar los cinco primeros kilómetros, como lobos hambrientos. Cada cual a lo que le daba la máquina: los buenos por delante y los que tenemos la herramienta menos engrasada luchando por no quedarnos atrás nada más empezar. Total, que saliendo desde atrás empiezo con ganas adelantando a los del clan "de la cerveza", y al pasa por el primer kilómetro me sorprende ver que mi crono marca cuatro minutos y muy poco. Tan poco como que no me cuadra (si, amigo Stani, yo también pensé que lo habían marcado usando un metro de noventa centímetros o así), y confío en que al pasar por el segundo kilómetro la cosa se regulariza, pero resulta que entonces son ocho y poco, es decir, que aunque no me lo crea voy a poco más de cuatro el kilómetro y tan solo llevo por detrás unos 15 ó 20 de los 200 (cabe hacer mención que a las zagalas las habían soltado unos minutos antes, pero de haber salido todos juntos tampoco hubiera ido por delante de muchas de ellas). Entonces, no sé si saqué la calculadora, o si fue la maquinaria, que iba más rápida de lo que era consciente de poder aguantar, pero bajé el pistón para no dejarme todas las fuerzas antes de llegar a la primera transición.
En la entrada a boxes el crono marcaba 22'06 (¡había ido a 4'26 de media el kilómetro que para la poca suela que gasto es una pasada!). Eso me anima a pesar de que los pulmones los llevo como lijados, pero la más que evidente falta de carbono en boxes (¡vamos, que quedaban allí menos bicicletas que en un reunión de los angeles del infierno!). Como además de la carrera a pie las transiciones tampoco las entreno, me adelanta en boxes hasta el Tato, pero como no hay drafting, me animo pensando en que voy a pillar a algunos duatletas que, de haber sido posible ir a rueda, se me habrían escapado sin remisión.
¡Y así es! A pesar de que no hay al principio demasiado terreno para acoplarse, y que incluso hay un par de subiditas, a partir del kilómetro cinco, tras la bajada, parece que por cosas de la inercia -que yo soy más de bajadas que de subida- hay un par de kilómetros en los que consigo tirar de acoples y ponerme casi a cuarenta yo solito. Entonces en cuando empieza mi particular cacería... Me anima ir superando a gente que me había adelantado en la transición y a otros que me ganan de calle a pie. En la primera vuelta sólo cayeron dos o tres, pero en la segunda es cuando me siento más entonado y adelanto más posiciones (yo calculo que serían más de una docena las piezas que hice, entre ellos una rueda lenticular y otro que iba con una especie de bici de lechero, ¡nada, que por mucho que me esfuerce no me escapo del club de la cerveza!)
Llego a boxes envalentonado y lamentando que no queden otras dos vueltas más, pues cada vez me encontraba más a gusto, y por primera vez en no sé cuanto tiempo, me suelto las zapatillas encima de la bici, sacando sólamente los pies... ¡hoy voy de campeón! Pretendo perder el menor tiempo en la segunda transición para intentar resistir el embite de los que he superado al final. Sólo lo consigo a medias, pues los 2'5 kms finales, sobre todo el primer kilómetro en subida, lo hago arrastrando los pies y con un amago de pinchazo en el gemelo. Me adelantan dos o tres, pero yo hago lo propio con otro par de ellos, así que lo comido por lo servido y llego a meta bastante entero después de todo, con un tiempo total de 1h12'43, aunque con la duda razonable de que fueran dos kilómetros y medio al final, porque eso supondría haber ido a poco más de cuatro, cuando en el mejor de los casos nunca he bajado de 12 minutos en la segunda transición de este tipo de duatlones sprint.
Problemas métricos a un lado y a pesar de que el chorreo detrás de mi es más bien escaso, la conclusión que saco es que me lo he pasado realmente bien. Había venido a eso, y como ocurriera hace un par de semanas en Santa Pola, lo he conseguido. Lo mismo se hace difícil de entender por quienes llegando varios minutos antes que yo andan comentando lo mal que han ido, pero entiendo que quien entrena más, desea obtener un rendimiento acorde. Yo, concentrando todo mi entreno en perseguir los correteos de mi pequeñaja y en alguna salida esporádica y mañanera -esta semana me has fallado Juanico, porque salí una vez y no te vi, jaja-, insisto en que he cumplido mis previsiones, y dado el nivel que se daba cita por allí creo que no podía haber hecho más.
Nuestro Jesusico, al que le propuse que me cambiara su P3 por mi Orbeica, que no le cobraba nada, hizo décimo nada más y nada menos (2º en veteranos), y con Oscar Aroca y Alfonsico Salar entre los 40 primeros, séptimos por equipos, de un total de veintidós. Esta vez no era necesaria mi participación para puntuar por equipos (juas,juas). También estuvieron por ahí Pepico Raja, que estrenaba burrica atómica, y el otro Jesusico, que retornaba a la competición, con los que eché la parrafadica de rigor, así como con Perico y el amigo Lukas Gubler, dos maquinorros de Aguilas. Perico reconoció haber ido tirando miguicas de pan por el recorrido para no perderse en las rotondas, como al parecer si le pasó a más gente (tanto de delante como de atrás). Para la próxima edición, a falta de voluntarios señalizando, pediremos que incluyan en la bolsa un par de bridas y una brújula, y así todos contentos.
Y si después de todo esto a alguno todavía le pica la curiosidad por saber quien ganó, que se lea el Finisher del mes que viene, que estoy preparando la crónica oficial, aunque os adelanto que donde se ponga la crónica de un globero que se quite la aburrida visión de alguien que siempre va en cabeza y sólo tiene por delante vacío y más vacío, ¡qué aburrido debe ser eso de ganar! ¿no?
Y si a alguien le ha decepcionado mi crónica, y acusa una carencia de heróica o de sangre, tendrá que esperar hasta Elche, que es donde espero darlo todo. Como ya he dicho terminé tan anómalamente bien que, ante la ausencia de cerveza en el refrigerio posterior a la carrera (creo que hubo una brasa de cochinerías varias pero yo tenía que volver con mis dos mujercicas), todavía tuve arrestos al llegar a casa para irme de paseo a tomarme la cañica de rigor con mi pequeñaja. Aclaro que a ella la cebada todavía no le va, pero verla comer pulpo es un espectáculo. Casi tanto como ver a un servidor con un teclado delante para escribir, ¡acho, es que yo soy como un IM de la escritura!
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