lunes, 7 de junio de 2010

Un globero "Olímpico" en LOS ALCAZARES o el de las caracolas

Seguro que alguna vez os habréis puesto al oído una caracola de mar, intentando escuchar el rumor de las olas... a mí el otro día, escuchando el crujir de sus primos los caracoles terrestres (véase mi entrada anterior), no os lo dije, pero se me antojó escuchar cantos de sirena. No me refiero a los míticos cantos de la sirena de mar, esos que sólo algún marino de toda la vida o algún pariente de Nemo habrá escuchado, sino a los de las sirenas de las ambulancias, cuando se llevan a toda prisa a algún descerebrado para que se harte del "aquarius" intravenoso de hospital.

Y es que ya lo venía yo barruntando en voz baja para mis adentros para que no me oyeran los de mi entorno y se pusieran pesados intentando hacerme abandonar antes siquiera de empezar con el "disfrute-penitencia":

-¡que un olímpico es mucho olímpico para un globero que se ha abandonado a los vicios propios a los que obliga el cuidado de un bebé! -me decía mi conciencia harta de tomar cervezas para ponerme sobreaviso-

Porque lo que está claro es que no es lo mismo practicar la natación en la piscina, que hacerlo amarrado a un quintico de cerveza con su buena tapa de ensaladilla enroscada a una rosquilla, por mucho que aquí en Murcia la llamemos "marinera". Yo calculaba que podría salir del agua después de 32 ó 33 minutos salpicando espuma, pero si hacer ese pedazo de "marcón" para recorrer 1500 metros no tiene el menor mérito, salir del agua en 36 minutos ya es para pensárselo.

Como creía haber visto adelantándome por encima del agua a la mayor parte de los gorros rositas de las chicas que habían salido después de la salida masculina, ver aún unas cuantas bicicletas colgadas en boxes me quitó el inicial mal sabor de boca (aunque esta vez no era figurado porque a la salida había un lodazal con unos olores...). Ingenuo de mí pensaba que, habiendo hecho sólo los 20 kilómetros del triatlón de Cartagena desde el palizón de Elche, mis piernas se acordarían remotamente de que era capaz de pedalear de seguido y acoplado -aprovechando que el recorrido era absolutamente llano-...

No tardé en darme cuenta de que aquella no iba a ser tampoco mi tarde. Y es que la ecuación no falla: globero sin entreno, pájara de pleno. En mi caso si le sumas que en las pruebas vespertinas, mis fuerzas me fulminan... pues la cosa quedaba clara: tocaba tarde de pasión, que para el caso eran 40 kilómetros en bici y luego 10 a pie de penitencia por el paseo entre Los Narejos y los Alcázares, oyendo rumores, pero no de caracolas, sino del público que me miraba con lástima. Yo creo que de haber ido estirando la mano pidiendo un euro para pararme a tomar un aquarius en los chiringuitos de la playa, tendría para irme de vacaciones bien lejos donde nadie me conozca y pudiera señalarme como el que arrastrando sus lorzas yendo de aquí para allá y de allá para aquí, como si le fueran a dar algún premio.

Pero no adelantemos acontecimientos. Me había quedado saliendo en la bici e intentando ponerme a un ritmillo decente, que no bajara de los 30 km/hora, sopena de incurrir en otra tarjeta amarilla por escaso régimen de revoluciones que acabara con mis intenciones de finalizar la prueba (no sé si existirá este delito en el triatlón, pero manda huevos que cuando llegara a mi bicicleta tuviera un papelillo escrito a mano con el alentador texto que sigue: "tarjeta amarilla por dejar la mochila").

Total, que adelanto a una de las chicas... bueno, parece que esto marcha... ¡joder, que viene un grupillo que me va a doblar! ¡esta es la mía! ¡ahora me pongo a rueda y a vivir como un líquen chupando del árbol!... ¡¡¡los cojones del mono Amedio!!!... precisamente los que me faltaron para poder aguantar a cola del grupo (que debía de ser de los de delante) y que rodaba por encima de los cuarenta y a base de tirones...

De haber llevado un metro podría haber medido con exactitud lo que aguanté, pero estimo que rondarían los cuatrocientos o quinientos metros. Como veréis, además de escaso conocimiento y mucho atrevimiento, no se me caen los anillos reconociendo mi manifiesta incapacidad de seguir una rueda, algo que me retrotrae a mis primeros duatlones, cuando tenía que pegarme a solas contra el viento. Pues si, esta etapa que yo creía superada volvió a presentarse con toda su crudeza la tarde del sábado; la moraleja no puede ser más evidente... si ya hasta Esopo lo sabía, ¿o acaso no le dijo el cuervo al zorro que pedaleaba:

"entrena, globero, entrena,
otro remedio no te queda
si quieres ir a rueda" ?

No sé si el esfuerzo de utilizar la rima para esconder mis trapicheos con el hombre del mazo servirán de algo o ya me habréis calado como me hizo el susodicho. A partir de ahora en lugar del tópico nombre del argot ciclista, a este momento tan desagradable en el que las fuerzas -si es que acaso las tenías- abandonan la nave de tu cuerpo, yo lo voy a llamar "el tío de las caracolas", sobre todo porque es difícil en tal tesitura seguir la línea recta.

¿He dicho ya que me quedé de rueda de un grupo? ¡pues toda la tarde fue como un "dejá-vu"!... grupo tras grupo (no me daba tiempo de contar el número de tris que los integraban, pero alguno superaba la treintena) me superaban, y me dejaban lastrado... me sentí como cola de cometa cósmico, zarandeado por las estelas de viento que sembraban los alocados competidores en sus veloces pasadas...

Para que no fuera un bucle sin fin, creo recordar que fue al comienzo de mi tercera vuelta (cuarta para la mayoría) cuando me adelantó otro grupo que iba cerrando mi compañero Antonio Guardiola, con su capricho italiano de dos ruedas. Ni que decir tiene -el señor de las caracolas es testigo- que lo intenté, que intenté pillar rueda, y que aguanté algunos segundos, pero tuve que refrenar los impulsos eléctricos de mi mente porque las piernas seguían a lo suyo, en plan verano azul. Así que me conformé con mirar como se me escapaban. Decidí volver a intentar acoplarme y coger ritmillo por mi cuenta, porque aquello había que acabarlo. Y cual fue mi sorpresa cuando veo que Antonio y el último tri que cerraba el grupo se quedan. Antonio empieza a mirar para atrás y a mí se me enciende una luz. Creí recobrar fuerzas... ¡no podía ser! ¡¿me estaba esperando?!...

- Pues oye, tendré que acercarme aunque sea a decirle que no pierda su valioso tiempo, que yo voy recogiendo los cachos que se me van cayendo...

Y comienzo a pedalear y a recortar los doscientos metros que me llevaban, y sorprendentemente los alcanzo... y no sólo eso, sino que poseído o abducido por un extraño fenómeno que me ha hecho recobrar fuerzas (deduzco que será la reserva que aún no había desprecintado), me pongo a tirar del triplete... ¡c2c! ¡que no se diga! ¡si hay que morir que sea con las botas puestas!. Creo que fueron los ¿cinco-diez? únicos minutos en los que disfruté sobre la bici... ¡por fin podré decir que he dado relevos a un compañero que me sacó en meta más de media hora! ¡y hasta dí de beber al sediento porque me pidió de beber y yo le presté uno de mis bidones, que para eso vestimos los mismos colores! Pero lo más apasionante no fue eso. Creí entender que me decía algo de una caída, y por el ruido que le iba haciendo el cambio deduje que se habría caído y que por eso se hallaba en éstas, y que por eso los relevos que me daba tampoco es que fueran demoledores... Pero lo más acojonante es que el tercero en discordia del minigrupo (y que según la clasificación final he podido ver que me sacó más de cuarenta minutos) no asomaba el morro, supongo que porque no quería despeinarse...

Total, que finalizando la tercera vuelta nos alcanza un grupo, y el referido "chupón" pega un salto y se pega como una lapa por delante (no sé si me miraría con malos ojos por haberlo llevado a tan escaso régimen de vueltas...), ¡ole!¡ole! ¡y ole!... no diré el pecador, pero sólo diré que tiene bastante más veteranía que un servidor, como pudo demostrar sobradamente aprovechándose del esfuerzo de un globero tan poco curtido y tan poco sobrado de fuerzas como yo. Sólo espero que le haya dado un poco de vergüenza al ver la clasificación y comprobar que estuvo chupando rueda a uno de los últimos...

A Antonio también le perdí el rastro. Supongo que recuperaría fuerzas y conseguiría integrarse también en el grupo que nos pasó... Yo bastante tuve con terminar. Y he de reconocer que la última vuelta entera la hice a rueda del bueno de Tomás, un veterano de Cehegín, con el que suelo coincidir (ya llegamos juntos en la bici en Cartagena), pero que luego a pie me da pastillas para el pelo. La cuarta vuelta le relevé lo que pude, pero en la última le pedí disculpas porque no podía más después de un último y nuevamente frustrado intento de coger rueda a otro grupo que nos pasó. Al menos creo que él tuvo claro que no estuve aprovechándome de su rueda para luego ganarle a pie, ya que terminó sacándome diez minutos.

Del último sector, por no extenderme más (que bastante martirio habrá sido ya para los incautos y desdichados que estábais ansiosos de conocer mis penurias de globero olímpico), o por simple vergüenza torera me váis a permitir que sólo os cuente los últimos 100 metros, que fueron los de correr más alegre, pues con anterioridad a la recompensa del paso por la línea de meta gocé del inmenso placer de ver a mis dos niñas, con la pertinente e inevitable parada-beso con que las agasajé. Mi pequeña era la primera vez que veía a su padre de esta guisa, y tengo la sensación de que le dió bastante igual... ¡cachis! no sé si podré hacer de ella una campeona olímpica; por mi parte tengo claro que lo único olímpico que voy a tener es el dolor de todo que me aqueja desde el sábado, y el insomnio de la noche, no sé si debido a que las agujetas estaban tomando posiciones (por suerte las pestañas se han librado esta vez de ese suplicio) o al energy-power-drink de los cojones que me tomé a la llegada, y que debía ser una bomba de cafeína o vete tú a saber qué mejunges mágicos... ¡lástima no haber llenado las cacharras con ese elixir antes de la carrera, porque lo mismo así habría bajado de las tres horas, jaja!

En fin, hasta aquí lo que se daba. Servidor va a poner rumbo al norte, y no como el año pasado cuando íbamos a sufrir a Zarauz (¿te acuerdas, Stani?... ¡vaya chuletón el que ponen en el Telesforo, eh!, pues aunque voy para las mismas latitudes inicialmente, vamos pertrechados de los aditamentos campistas, con nuestra casita rodante para hacer unas mini vacaciones, las primeras de nuestra nueva era familiar.
Cuando volvamos ya tendremos algún IM más en la "familia", y algún locatis que habrá repetido. Desde la distancia os mandaremos ánimos, porque fuerzas va a ser que no me quedan muchas.

PD: No tengo material gráfico. No sé si lamentarme o alegrarme...

sábado, 29 de mayo de 2010

CARACOLES A MONTONES

Ayer me escapé del convento. Era mucha la tentación, y por mucho que digan que vive arriba (la tentación), te la puedes encontrar en cualquier lado. Lo siento mucho. Sé que os he fallado a los que esperábais con ansia viva a ver qué tal me iba en Los Alcázares después de otras dos semanas puras e impolutas... ¡ya no podré llegar al olímpico virgen de entrenamiento porque ayer pequé!

Lo hice con nocturnidad, como si pensara que la complicidad de la noche convertiría el pecado capital en venial. Y hoy me arrepiento. Mis rodillas están apenadas. Y de tanta pena, apenas se sostienen por la culpa.

Me tentó la noche, con su caricia fresca tras la lluvia de la tarde. La contemplación del neopreno, al que he tenido junto a mí, colgado en mi habitación desde que me lo vistiera por última vez para la reciente conquista de Carthagonova, junto a la queda soledad de las bielas de mi montura y el supino abandono de mis brooks, hicieron inútil la tenaz resistencia con la que había combatido hasta entonces la tentación de salir corriendo en busca del horizonte.

Hice oídos sordos, perdí la mirada y empecé a trotar llevado de antiguas y casi olvidadas pasiones. Fije el rumbo hacia el Norte, donde las tierras aún respiran, pensando que así podría escapar. Y fue entonces cuando vi las señales y comprendí que la noche no sería nada propicia, que había elementos que el destino o vete a saber tú si la virgen de la suelas desgastadas por el trote cochinero. ¡Caracoles a montones! ¡por cientos! ¡por millares! A ratos más me parecía granizo que hubiera caído del cielo, en forma de plaga bíblica.

Oía el crujido de sus débiles cascarones destrozando el runrún monótono de mi sufrido trote. Y la pena se hacía más grande. Al fin y al cabo, y con merecida razón, en las carreras me siento identificado con este simpático y baboso molusco gasterópodo, de lenta capacidad locomotora.

¿Cuántos cayeron sepultados por mis torpes zancadas? Por más que los intentara esquivar las aceras y hasta el asfalto de hallaba invadido de estos diminutos seres, intentando cruzar al otro lado. Dados sus escasos conocimientos de geografía no se daban cuenta de que donde antes hubo huerta ahora habían varios carriles de una vía de circunvalación.

Si, decididamente ha sido una señal. Dicen que el caracol más sabroso es el de tapia de cementerio, pero yo he decidido excluirlos tajantemente de mi abanico gastronómico. Seguro que Usaín Bolt no come caracoles.

Lo que no sé es qué será de mí en el Olímpico de Los Alcázares, toda vez que he diluído mi esencia. Lo mismo como penitencia no descarto hacer la bici con el neopreno...

PD: Por cierto Pepe, vete tomando nota para la próxima vez que te encarguemos un arroz y conejo... será sin caracoles.
PD2: Muy bueno todo lo del domingo pasado. Siempre es un placer pasar por vuestro Sequé.

miércoles, 19 de mayo de 2010

V Triatlón de Cartagena: MAS GLOBEROS QUE MARINEROS

Para lo que ha sido en la historia el puerto de Cartagena, y el número de barcos con sus marineritos y todos que atracan en sus muelles (incluyendo de vez en cuando algunas legiones de retoños rapados del tío Sam que se pasean por la ciudad departamental masticando chicle), el pasado domingo por la mañana había en el puerto de la ciudad departamental más globeros que marineros.

Entre los primeros, obviamente, se encontraba servidor que, cual Flipy del triatlón, se disponía a experimentar hasta donde le dan a uno los músculos y las fuerzas participando en un triatlón no habiendo hecho NADA, pero lo que se dice NADA, con toda su literalidad: CERO PATATERO, NAIN, NOZIN OF NOZIN... en las últimas tres semanas, y con el raquítico bagaje de lo que va de temporada que paso a enumerar:

NATACION => desde el pasado mes de septiembre, cuando recogimos los bártulos playeros de fin de semana y pusimos fin a la temporada de baño -que es cuando aprovecho para nadar un ratico, nunca superior a la media hora-, el menda ha nadado 3 veces en piscina, a razón de dosmil metros por sesión, más el arrebato ilicitano, que sumando otros dosmil metros, dan una suma total que asusta: ¡lo que cualquiera de vosotros que se prepare medianamente hace en una semana, yo lo he hecho en nueve meses!

BICICLETA => tal vez sea el apartado que, aunque de lejos, pueda parecerse a lo que es un entrenamiento... Mira, ¿para qué engañarnos? Mis kilómetros de bici este año son también para darme un premio, pero al tío que se queda los fines de semana al calor de las sábanas, porque me sobran dedos en las manos para contar las veces que he salido, y de entre ellas sólo he hecho una vez más de 100 kilómetros (fueron 101 y porque no tenía a mano el número de teléfono del sepulturero porque lo habría llamado a medio camino para decirle que me fuera preparando el terreno -de este episodio seguro que se acuerda el bueno de Stani porque sin su rueda amiga todavía no habría llegado a casa-);otro par de veces he estado por los ochenta o noventa (allá por octubre o noviembre creo recordar), y luego ya alguna sesión de spining, que tal vez haya sido lo que me ayudó a solventar Elche con cierta dignidad.

PIE => Si me han salido dos medias "oficiales" -ninguna de ellas por debajo de 1h45-, y otras dos oficiosas por la mota del río (ahí si, ya ves tú, con sensaciones decentes), más la penitencia por las dunas de los Arenales de Elche, en plan coche de San Fernando (un ratico a pie y otro ratico andando), y alguna que otra tirada por encima de los diez kilómetros, pero nada de nada de series ni de farlek, ¿qué voy a pedir?... Pues mira, aunque sea una pregunta retórica, se me ocurre que le podría ir pidiendo a los Reyes un par de rodillas nuevas, porque las que tengo están para entrar con pico y pala y azulejarlas todas...

Por tanto, teniendo en cuenta que un triatlón se compone de los tres ítems anteriormente citados, ¿qué se puede esperar?

Volviendo a Cartagena, que es donde me había quedado. Pues eso, que el mono pudo conmigo (y no me refiero al mono de triatlón porque este año tenemos un dos piezas de categoría), y dado que me quedé con ganas de hacer el particular triatlón de San Pedro, con su prueba de natación a pata, me presenté en Cartagena con toda la ilusión del mundo, dispuesto a llegar, aunque fuera agarrado al coche escoba.

Pero hete aquí que fue enfundarme el neopreno (no estaba el agua como para hacerse el machito metiéndose a pelo, que ya me conozco yo esa sensación de la primera vez que hice Cartagena), y me empecé a sentir triatleta... no sé, una sensación rara. Entre eso, que había dejado los acoples puestos a la bici y que me saludaban los buenos (lo siento Felipe, no lo digo por tí, es que estuve hablando con nuestro compañero Bart Jaeken antes de empezar), empecé a pensar que podía hacer algo grande y sonado; ya lo estaba viendo rotulado en grandes titulares: "un globero que no entrena se lleva el trofeo de campeón del triatlón de Cartagena"... pero en cuanto sonó la bocina para empezar la natación (con media hora de retraso, por cierto), pude ver que ponía ese periódico virtual en letra pequeña: "la policía aún lo busca para restituírsela a su dueño, el vencedor de la prueba".

En fin, que ya estábamos nadando, yo por la "zona limpia" (es que últimamente veo las carreras de F1), para no llevarme manotazos que interrumpieran mi estado de meditación natatoria. Y como que no me sentía mal; yo a mi ritmo, que debe ser el mismo desde que empecé a nadar cuando tenía siete años, porque me salieron sólo unos pocos segundos más que el año pasado, y eso a pesar del ralo entrenamiento que he relatado en párrafos anteriores.

Las globerías empezaron en la transición que hice plácidamente sentado junto a José María, compañero de club de Felipe, y justo detrás del cual había salido del agua. Creo que cuando el cogió la bici y se marchó yo aún estaba sacando la segunda pata del neopreno, y seguía llegando gente y marchándose... ¡se nota que esto de la transición tampoco lo entreno!

Total, que si aspiraba a coger algún grupillo, aunque fuera pequeño, para hacer una bici en condiciones, dado que cuando llegué a boxes aún quedaban un buen número de jumentos, por tortugo tendría que apechugar contra el viento en solitario, ya que el percal que salía era folklore puro (uno ví que hasta llevaba portaequipajes en la bici, ¡con eso queda tó dicho!).

Era lo que tocaba, así que no tuve más remedio que acoplarme y salí dispuesto a tirar hasta reventar. En la primera recta adelanté a unos cuantos, por unos momentos me creía el primo globero de Cancelara. Iba hasta acoplado... Pero no iría tan cañón cuando se me enchufaron a rueda varios. En un par de ocasiones miré para atrás, por ver si la cuadrilla entendía la indirecta, pero la peña iba tan tocada de globería como yo o más. O lo mismo menos, porque el panoli lo hacía yo tirando. O tal vez no, porque yo había ido a hacer mi carrera.

En éstas llega la primera subida, y yo entonces veo la jugada: uno de los que llevaba a rueda se pone delante, en plan Contador... ¿y qué os voy yo a "contar"? ¡hasta ahí podríamos llegar!... ¡de algo tenían que servir las series sufridas en la cuestecica del Valle!.. así que a plato y a pulmón, volví a coger el mando del mini grupo (si es que alguna vez fue grupo) y llegué al giro en primera posición... ¡olé mis webs! ¡y vaya calentón tonto!... pero para el que no tuviera conocimiento de ello, que sepa que el globero también tiene su honor.

A partir de ahí la cosa cambió... creo que surtió efectos la demostración y quedó claro quien mandaba... ¡me convertí en el Garibaldi de los globeros!... y hasta en una ocasión, ya mediada la tercera vuelta tuve que llamar al orden a uno de los que acabábamos de alcanzar que tiraba por otro lado, para ver si nos poníamos de acuerdo y no hacíamos más el gili-globero, como si aquel mini grupo fuera un dragón de tres cabezas...

Nos había adelantado el grupo cabecero (que eran 8 ó 10 unidades) en la segunda vuelta (para ellos la última), y aunque intenté aguantar, me reventaron en la subida. Luego me pasó Bart que iba un poco rezagado (pero que terminó dándose un festín a pie adelantando gente -lástima que sólo llegara cuarto-). Yo no albergaba duda alguna al respecto de mi rendimiento en bici, pero me quedó del todo claro con estos repasos que nos daban los primeros.

Al final, después de todo, me quedé con el buen sabor de boca de haber cogido a bastante gente (incluso a José María), ¡lástima que a Felipe no lo pude doblar, jaja!

La segunda transición tuvo un nivel de patetismo similar a la primera, razón por la cual la media docena largo de desperdigados que había conseguido llevar detrás de mí, cual flautista, salieron por piernas de boxes antes que yo. Algunos en la clasificación final me lo explicaron con 2 ó 3 minutos de diferencia, pero después de todo, y de que un "Yankauskas" casi me abrazara al llegar a meta (no se dió cuenta de que la bandera de su Lituania natal coincide en coloración con la de la Etiopía de mi niña -que es la que enarbolo yo ahora en mis carreras-, razón por la cual me estuvo persiguiendo por entre la gente que se arremolinaba en la meta), quedé satisfecho, con la sensación de haber cumplido, de haber estado a la altura de lo que se podía esperar de mí dadas las circunstancias y los entrenos. ¿Y qué si entraron por delante de mí 150? Si en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, este globero es el jefe de la cuadrilla del último quinto... de participantes, porque como ya os he dicho, más globeros que marineros ví la mañana del domingo.

martes, 11 de mayo de 2010

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ENTRENAR

Hoy me he levantado dando un salto mortal, he echado un par de huevos a mi sartén, dando volteretas he llegado al baño, me he duchado y he despilfarrado el gel, porque hoy... algo me dice que voy a pasármelo bien...

No te creas, que yo también me lo he preguntado, ¿pero qué cojones pinta una de los Hombres G en mi blog, así en "prime-time"? No sé. Será que ya vuelven a sonreir mis endorfinas, y que el cajón de mis fuerzas, que se quedó en números rojos después de Elche, vuelve a rebosar, y se prepara para dar el do de pecho y de piernas el próximo domingo en el triatlón de Cartagena, prueba que me gusta y que he estado preparando concienzudamente en las últimas dos semanas con unas rutinas de entrenamiento totalmente innovadoras y que os presento por si alguien se apunta:

1) circuito americano a las cinco de la mañana por el pasillo de casa hacia la cocina a preparar el biberón de la peque, en total oscuridad, sorteando todos los obstáculos del camino (leáse muebles, puertas cerradas que uno creía haber dejado abiertas y con las que resulta peligrosamente fácil tener un encuentro casual e indeseado),

2) tabla de levantamientos de niña etíope de siete kilos y medio -ejercicio muy reconfortante y que suele ir acompañado de una sonrisa que revitaliza más que medio litro de taurina en vena-,

3) cambio de pañal cagado y sprint corto hasta el cubo de la basura intentando evitar que el olor colapse los centros neurálgicos olfativos de las personas,

4) meneo de carrito, cuna y/o hamaca-balancín con ritmo aeróbico en series que quedan al criterio de Morfeo,

5)PS45' sin avituallamiento. Nada que ver con la Play Station; es como un R45' pero con Paseo de Sillita y sin avituallamiento porque no está permitido detenerse a tomarse nada, bajo amenaza de queja incesante en forma de lloriqueo ante el cese total de energía cinética.

En fin, seguro que ya habréis resuelto el jeroglífico y que habréis deducido perfectamente lo que quería decir el título -que, por cierto, he parafraseado del último libro que he leído-. Que me perdone Haruki Murakami. De su libro hablaré en la siguiente entrada, pero os adelanto que este escritor japonés, además de ser uno de los candidatos al Nobel es "uno de los nuestros", porque es atleta y triatleta aficionado.

Nota: Si llegara a la meta en Cartagena por delante de alguien, que no me lo tenga en cuenta. Seguramente tendrá ampollas del tamaño de melones, habrá pinchado siete veces o se habrá enredado con un tallo de Poseidónea mientras intentaba nadar y salir con vida de las aguas del puerto.

sábado, 1 de mayo de 2010

TRIATLON DE ELCHE - el vuelo rasante del colibrí ¡¡¡y tres!!!

Ni el guepardo, ni el correcaminos, ni el "campillus" velociraptorus. Los entendidos aseguran que el colibrí vuela a 27'3 metros por segundo (casi 100 km/h) y que por ello es el vertebrado más veloz. Lo asombroso del estudio es la afirmación de que ha adquirido esta extraordinaria capacidad para poder seducir a las hembras. Servidor, que es más lento corriendo los mil metros lisos que Chiquito de la Calzada con osteoporosis, le ha preguntado a su media mandarina y ésta me asegura, para mi total tranquilidad, que los colibrís no la ponen nada de nada por muy rápidos que vayan.

Respiro hondo y tranquilo, casi como cuando en el triatlón de Elche -vuelvo a engancharme aquí con la crónica de la carrera, sin que apenas se note, ¡vaya arte que tengo!- dejé los bártulos ciclistas en boxes y me calcé mis brooks -a las que tenía entre algodones para evitarles lesiones de desgaste, desde antes de marchar para las Áfricas (y de eso hace ya un mes y medio largo)-, me calé la visera y eché a correr, mientras me anudaba a la cintura la bufanda tricolor de mi pequeña. Este último gesto, que desde fuera puede parecer una invocación al espíritu de las conciencias solidarias, es pura prevención, dado que por los andurriales por los que asegura el mapa de ruta que nos van a meter y la altura acumulada, lo mismo hay que pasar junto a alguna nube y hace frío...

Falsa alarma lo del frío. Me doy cuenta apenas se me pasa el efecto "prueba superada" que se había apoderado de mi ánimo nada más bajarme de la bici. La salida de boxes, por mucha agua fresquita de la muerte que tuvieran preparada justo al comenzar el circuito a pie me recuerda a esos días de bochorno estival, cuando estás en casa, en plena canícula al amor del aire acondicionado y se te ocurre sacar el morrillo a ver lo que se cuece en la calle, y de poco lo que se cuece, precisamente, es tu morrillo. Son dos segundos lo que se tarda: uno en abrir la ventana y otro en cerrarla, ¿no?... Pues aquí, la alegría por empezar el último sector se te evapora, apremiada por el astrigente calor, en lo que tardas en acercarte a la escalera "piraña", porque se come todos los arrestos de fuerzas que te queden, desnudándote del mínimo brío necesario para acometer la aventura de los veintiún kilómetros restantes.

Rebusco en los bolsillos del recién estrenado dos piezas, pero ya ni ahí me quedan fuerzas. Tampoco llevo recambios de rodilla, así que optó por compartir el imprescindible avituallamiento líquido con ellas, rociándolas de agua fría en cada repostaje, de forma que al menos me permitan llegar al siguiente puesto de esperanzas. El invento parece que funciona y que, cual fuego, voy aplacando las iras de los músculos circundantes a los engranajes de mi falluto órgano locomotor. Por si fuera poco, el regreso al paseo, tras la dura subida, no lo puedo hacer como el pasado año, en que me tiraba cuesta abajo a toda máquina. Se me atascan las rodillas en la subida casi tanto como en la bajada.

Apenas llevo un par de kilómetros cuando el nivel se estabiliza un poco en el paseo, pero la situación no mejora. La gente anima incansable. Pero no son ánimos lo que escasean sino fuerzas. Intento estirar, tanto las piernas como las fuerzas, para llegar al siguiente puesto de socorro gastronómico. Como es cuesta abajo suelto el freno de mano y llego.

Más que una media maratón, me siento como si estuviera haciendo la ruta del tapeo de Arenales, parando en todas y cada una de las tascas que habían preparado los organizadores, alguna de ellas en pleno solanero, como para joder tanto a corredores como a los esforzados y animosos avitualladores. Eché de menos los daikiris, pero con una perfecta combinación de gel-plátano se podía ir tirando.

Como hablaros de técnica de carrera a pie sería, además de una presunción por mi parte, una falta de respeto a los que sóis capaces de correr de forma continuada sin que se os suban los caracoles, os diré que tengo el croquis del recorrido grabado a fuego para los restos, con el recuerdo imborrable de los bidones donde se cobijaba el agua o el isotónico bien fresquito. A falta de una buena cerveza que llevarse a la boca con tanto calor (del enrojecimiento cangrejil de las partes de piel expuestas al sol ya hablaremos otro día), me sigue salvando el agua fría rociada sobre las rodillas. No sé si saldría humo, pero a mí me permitía ir tirando otro poco. Más de una vez estuve tentado de meter las piernas enteras en los bidones con hielo, pero si me abstuve fue porque de haberlo hecho creo que ya no hubiera terminado pues me hubiera quedado alli a vivir, y también porque el paso por la arena hubiera sido aún más extenuante, y bastante rebozados llevaba ya los pies de tierra como para que se me pegara más.

Y en estas llegamos a la gran novedad de la cita pedestre de esta edición: la arena. Si alguien conoce una carrera donde se alternen tantos tipos de firme, que me lo diga: asfalto, escalones de cemento, aceras, tierra, tierra y piedras, más piedras con tierra, arena, pasarelas de madera... ¿en qué momento se me rompió la brújula y aparecí en una etapa del Maraton des Sables? ¿nadie se sintió abducido por un momento como yo?... Puede ser que estuvieran buscando franquiciados, o lo mismo es que, el año próximo, la etapa prólogo de la dura prueba de las arenas saharianas tienen pensado disputarla en los Arenales de Elche... Porque para hacer más duro este jodido y bendito triatlón sólo se me ocurre que pongan pinchos en la arena, que en lugar de agua nos den orina de gato recalentada, que haya que meterse al agua a cazar una medusa con las manos atadas a la espalda o que la gente que presencia la carrera en el paseo, en lugar de animar, nos insulte, nos escupa y nos ponga la zancadilla. Ahí quedan las ideas, sin copirrín ni nada...

Poco más puedo decir... ¡ah, si! ¡que los dulces del avituallamiento antes del desvío para el circuito de la playa estaban buenísimos! y que como andar por la arena lo recomiendanlos traumatólogos para fortalecer las articulaciones, ¿quién soy yo para contradecir el criterio de esos especialistas del trauma? -lo digo por si alguien aprecia en la foto alguna diferencia en la marcha de los triatletas en fila de a uno-.

A los que no lo sepan -por pertenecer a la casta de los que bajan de las cinco horas-, les diré, desde mi perspectiva casi de triatleta escoba, que eso de dar vueltas a un circuito así de variado, duro y remoto, sólo es divertido mientras te cruzas con gente (aunque te lleven hora y media). No te digo nada si eres de los que va adelantando peña como el que va recogiendo flores por el campo... Al menos espero que seas de los que se solidarizan con el que va más roto que un juguete en manos de una cría de león, y en lugar de pasar con la cabeza alta y un perfecto balanceo de hombros y brazos, al deshecho globero le regales aunque sea un esbozo de gesto de ánimo. A mi me agrada que cuando me aparto para que me doblen (aunque bastante doblado va uno ya), el derrapante triatleta me lo agradezca aunque sea con un somero "gracias", que tampoco espero que saque un gancho al que poder agarrarme. Y en cuanto a lo de apiadarse de uno, intentándote colar esa mentira piadosa tan manida del "¡venga, que ya no queda nada!", pues mira, que casi mejor que no... ¡no te jode! ¡a tí que me llevas más de diez kilómetros!

Digo esto porque, si la primera vuelta fue dura, la segunda, cuando apenas quedábamos medio centenar repartidos a lo largo de diez kilómetros ni te cuento... Sirva como dato que a lo largo de la segunda parada miccionadora, realizada en los últimos pinos, poco antes de llegar a la playa, creo que sólo me adelantaron un par de intrépidos, a los que obviamente volví a adelantar una vez reintegrado a la marcha (iba a decir "carrera" pero se me antojaba pretencioso).. Desde ahí al final, quede en nuestro haber de "finisher" que ni tuvimos tentación de acortar un giro en el que ya no quedaba nadie.

Sólo faltaba un paso por la arena... atreverme a catalogarlo de travesía por el desierto tal vez suene grandilocuente, pero he de decir que cuando no se puede más y se comparte el sentir con otro triatleta (en estas había pillado a Alvaro, un Camaleón debutante en estas lides y que iba aún más jodido que yo), poco más se puede hacer. Como dice el filósofo: "el que hace todo lo que puede, no está obligado a más", y al menos en carrera, mis rodillas y yo poco más pudimos hacer. Entrenar más (o sencillamente "entrenar") es mi asignatura pendiente. Pero es que yo siempre fui de los de estudiar el día antes.

No sé lo que opinaréis, porque esto es como lo que enseñaban en el bachillerato en clase de dibujo técnico: todo cuestión de perspectiva. Y desde la perspectiva de este colibrí alicorto eso es lo que ví.

Luego en meta también ví a campeones... ¿qué digo campeones? ¡campeonísimos y campeonísimas! Incluso me permití el lujo de ganarles en la cola del arroz. Perico y Mabel, y nuestro inagotable jefe de filas, Jesús Carrillo, tratándome todos como uno más de la cuadrilla y preguntándome qué tal -como si no se viera por las pintas y las horas de llegar-. ¡Vaya lujo! Se podían haber comido tres cabritos enteros en el tiempo que llevaban en meta, y allí estaban, detrás de mí en la cola del arroz... ¡qué sensación! ¡ya que ni en sueños podría mojarles la oreja en una carrera al menos fui más rápido que ellos para el arroz!... y también fui rápido desapareciendo, porque empecé a notar las mismas sensaciones que al terminar la media de Santa Pola y no quisé que se repitiera el espectáculo, por lo que tiré para boxes, aún no sé bien cómo -imagino que porque lo de andar no se olvida por muy mal que vaya uno-.

El que también me ganó (¡además de otros ochocientos no sé cuantos jaja!) fue el otro Jesús, el camaleón. Se nota su mayor preparación y el cuidado de su cuadro técnico (María, su novia, que lo atendía en meta a cuerpo de rey -fue a buscarle el arroz y todo- y que en la salida le sacaba fotos -por cierto, a ver si me enviáis la única foto en la que creo que tendré buena cara, que fue enfundado en el neopreno antes de empezar-).

Y ya está. ¿Alguna duda?... Si alguien quiere contratarme para alguna conferencia, clinic o similar, que sepa que mi caché sube por momentos, que a mí la crisis de Grecia no me afecta.

PD: si no pongo más fotos no es por vergüenza, sencillamente es porque no tengo (la única que he puesto es cortesía de ese depredador llamado "campillus" velociraptorus, ¡gracias juancar! Parece mentira que trabajando en un banco des fotos sin pedir aval ni nada, ja,ja). Si alguien puede facilitarme algún documento gráfico más para que no se atragante tanta letra, mejor.

miércoles, 28 de abril de 2010

Triatlón de Elche: crónica de una agonía anunciada (2ª PARTE)

Me había quedado saliendo del agua... Quien me viera en aquellas (yo oí los gritos de ánimo de Carmen y de Pepe Raja -me faltaron los de mis dos niñas, que finalmente no me acompañaron porque no era plan de que mi peque sufriera las manías masoquistas de su padre), seguro que no se confundió con el cuadro de Boticelli. No era Venus saliendo del agua, no. En todo caso dudaría entre pensar ¡este tío está disfrutando desde antes de empezar porque lleva un pedo encima que no se tiene derecho! o ¡si ya va andado camino a boxes espérate a que se baje de la bici!

Yo también tenía las mismas dudas. Había venido a disfrutar -aunque aseguro que ni iba dopado ni borracho, y que el tambaleo era como el del pescado que se ahoga al salir del agua-, pero lo de correr a pie también tenía claro que iba a ser una odisea. Lo intenté en los metros finales de la pasarela (lo de correr) y entrando en boxes, más que nada por un poco de vergüenza torera, y para que no me siguieran adelantando gorros naranjas, pero decidí conservar en el mejor estado posible a las bisagras que tenía por rodillas.

En éstas me adelanta Stani y me anima. O él lo ha hecho de muerte, o yo de pena, porque ya me lleva diez minutos. Se acabó la alfombra roja. Ahora toca concentrarse en el "paseito" en bici de casi 90 kilómetros que vamos a empezar. Ya sé que para los IM cuyas salidas de entrenamiento son notablemente superiores en distancia, esta cantidad de kilómetros es algo habitual y que lo harían con una pierna atada a la espalda (¡bueno, se suele decir con un brazo atado a la espalda, porque con una rodilla atada a la espalda lo de dar pedales debe ser más complicadillo, jaja!), pero teniendo en cuenta que yo habré hecho más de 90 kilómetros un total de 3 ó 4 veces en los últimos 39 años de mi vida, pues como que además de riñones para ir acoplado, me veía tirando de casta testicular.

Me siguen adelantando en boxes, pero tampoco era como para tener prisa. Yo a lo mío y mis músculos a lo suyo... Y es que a veces, con la mala vida que le doy a los pobres (poco entrenamiento y de vez en cuando alguna locura de éstas), me sorprende que sigan en su sitio y no se pongan en huelga. De hecho, al quitarme el disfraz de morcilla estuve a punto de forzar de más subiendo una pierna y noté como un músculo descontento amenazaba con cerrarse como una almeja inquieta... ¡uf! Vaya sustito para el cuerpo.

Acabo de ponerme guapo. Al final parece que tampoco he perdido demasiado tiempo. De hecho me da tiempo para tocarle el culico a Stani, al que pensaba que ya no volvería a ver... ¡ahora -me digo- se lo voy a poner dificil en la bici! Pero me caigo del burro en seguida... Se me había olvidado que se sale cuesta arriba, ¡con lo mal que voy yo cuando la pendiente es desfavorable! Yo soy más de cuestas abajo, no sé por qué será, pero entrenar cuando la pendiente es a favor se me da bastante bien...

Stani me pilla justo al coronar. Ya sólo queda un "rumbero" (Diego) por detrás, e intuyo que no tardará mucho en adelantarme puesto que también va bien en bici. Decido no obsesionarme y comienzo a amortizar los acoples, que para eso los compré. Parece que el ajuste que hice ayer, mientras revisaba los "niveles", aplicando el método STGM (Sistema tradicional del Globero Manirroto), es decir, a ojímetro, fue acertado. Me siento a gusto. Me siento fuerte. Veo el cuenta y ni me creo lo que me cuenta... ¡casi a cuarenta y con un rodar redondo y fácil! .. ¡ojo, y no es cuesta abajo que ya hemos salido a la general! ... ¡¡Hoy puede ser un gran día!! -me digo en plan Serrat-... Y la sensación es la leche mientras miro a la derecha y veo que incluso voy adelantando a algún que otro jenares que ha salido antes que yo. ¡Ostras! ¡hasta adelanto a uno que lleva uno de esos cascos aerodinámicos!...

Pero si miro a la izquierda la percepción es distinta, oye, que parece esto política... y es que me pasan como flechas uno tras otro un chorreo de triatletas con dorsales de numeración muy elevada, lo que imnplica que salieron 10 ó 20 minutos después. ¡Y eso que no son "élite", que fueron los únicos que me adelantaron el año pasado!... ¡En fin! Yo a lo mío, que esa gente además de depilarse las paticas, han debido tunearlas con algún que otro músculo de más, porque seguro que yo no tengo tantos.

Mientras rodeamos el aeropuerto, y aunque no se note viento a favor, la pendiente casi no se nota. Estoy consiguiendo disfrutar que es lo que quería. Pero la moral se me empieza a resbalar en cuanto el terreno empieza a picar un poco más hacia arriba, allá por el km. 20. No debe ser mucha la inclinación, porque la gente va fácil, pero a mí me quitan las pegatinas y hasta he tenido que quitar el plato. Paradójicamente un buen plato, pero de comida, es lo que me metería yo entre pecho y espalda porque empiezo a tener hambre... Me animo pensando que queda poco para el primer avituallamiento; creo que voy a pedir el entrecote al punto con unas patatas...

Diego me adelanta en el repecho justo después del avituallamiento (después de todo le he aguantado más de lo que pensaba). Como ya había pasado tanta gente se les ha acabado la carne y ya sólo queda postre. Me tomo medio plátano y una barrita... ¡Hmmmm! ¡de chocolate! Me acuerdo de Stani y de la cara de asco que le debe estar poniendo, pero a mi me recuerda al bomboncito de mi niña, y me entra una alegría que para qué.

La alegría se me borra de la cara en cuanto veo que me está adelantando uno al que había dejado atrás con ese porte de rodador holandés que tenía en los primeros kilómetros... ¡joder,joder! Él es el primero que me reconoce y va y me lo dice:
-¿tú no me has adelantado antes?
-si, es que estaba probando el botón del nitro pero se me ha atascado y aquí me ves, padeciendo los siete males. A ver si en la próxima gasolinera me paro y pongo el diesel e+ extra

Al buen hombre le ha debido animar recuperar un puesto, pero yo lo tengo claro: ¡antes muerto que sencillo! Así que en cuanto se acaba el repecho tiro de acoples y me despido educadamente -por si acaso- con un ¡hasta luego!... nos vemos en el siguiente repecho.

Pero ya parece que va quedando menos cuesta. Oteo Aspe y tras superar la cima donde han puesto el control del chip tiro para abajo y recupero bastante la distancia que me habían sacado los últimos que me habían adelantado.

La última cuesta en la circunvalación de Aspe se me vuelve a atragantar como si fuera el Turmalet -está claro que las cuestas en la bici de spinning no es fácil entrenarlas-, y con el penúltimo trozo de la barrita energética aún negociando el control de pasaportes del galillo, me descuelgo para Elche a todo lo que mis dientes me dejan (creo que he llegado a ver por unos segundos un 60 de multa). Adelanto al menos a media docena que van pedaleando. Yo me he acoplado con el sistema "ataud" (a tumba abierta, vamos), y reservo lo de dar pedales para cuando se acabe la bajada.

En el segundo avituallamiento, noto como que me faltara algún nutriente... no sé... Por eso hago uso del cartucho regenerador que me había reservado, un avance tecnológico de última generación cuyo uso aún no ha sido suficientemente desarrollado en el triatlón de larga distancia: ¡¡me paro y llamo con el móvil a casa para ver qué tal están mis niñas!! ¡¡ole, con dos cojones y un móvil!! ¡toma, toma, globero tecnológico! ... Ya sé lo que me faltaba: ¡el biberón de media mañana que suelo yo darle a mi niña!...

Repuesto de todos mis males (o al menos eso pensaba yo), vuelvo a coger carrerrilla, y aunque los pocos que quedaban por detrás me habían pasado como balas mientras estaba de cháchara familiar, aún consigo dar caza a alguno que otro de vuelta hacia al mar, contra viento y marea (sobre todo contra lo primero).

Rondando el kilómetro 70 las fuerzas me abandonan. Noto como un vacío de poder. Es como si se hubiera quedado mal cerrado el tarro del poderío físico y se hubiera ido derramando. De no haber reservado una barrita creo que hubiera tenido que pararme para evitar caerme redondo, aunque lo mismo también me la tendría que haber tomado antes para no verme en éstas... Casi no paso de los veinte por hora. Menos mal que no tengo un altímetro, porque puede que hasta vayamos cuesta abajo (al fin y al cabo vamos hacia el mar), y si lo viera reflejado en una pantalla lo mismo me marearía de la vergüenza.

Aún queda el último kilómetro de subida. Lo haré como buenamente pueda, en plan molinillo si hace falta, ¿qué le vamos a hacer? ... Jesús, que seguro que se ha ido reservando para tomarse la revancha del año pasado me pilla justo en el mismo lugar donde yo le dí caza el año anterior. La diferencia es que me lleva 10 minutos. ¡Me alegro por él! Se está currando la preparación para un IM y eso es para descubrirse... yo me quitaría el casco para festejarlo, pero por si acaso está agazapado por allí algún juez me contengo las ganas. Además, no estoy para soltarme de manos precisamente, que para mí que me he teletransportado y estoy subiendo el Mont Ventoux o algo así.

Por fin en Arenales, a la altura de la playa, ¡boxes!... hora de bajarse. Miro el crono y veo que después de todo voy bien de tiempo para intentar el asalto de las 6 horas. No he tenido fuerzas ni para descalzarme en marcha, por lo que me agacho antes de entrar en el pasillo de compensación y voy trotando en busca del último sector, el que en el futuro debería conocerse como "el de los cangrejos", por varias y justificadas razones:
1ª terminamos todos rojos
2ª algunos, como servidor, no vamos ni para atrás
3ª el paseo por la arena y los pedregales anexos es inenarrable... bueno, haré un esfuerzo en el tercer y último capítulo. De momento aquí os lo dejo, a palo seco de fotos hasta que algún alma caritativa me pase alguna foto con la que hacer más llevadera tanta letra.

¿Alguien sigue ahí? ¡pues enhorabuena!... si haces triatlón estás más que preparado para aguantar las pruebas más duras, y si aún no lo haces, ¿a qué esperas? ¡tienes espíritu de sufridor!

martes, 27 de abril de 2010

Triatlón de Elche: crónica de un sufrimiento anunciado - 1ª PARTE

Quien tenga la rara manía de leerme (¡cuanto bicho raro hay por ahí!) sabe de mi propensión a versionar títulos de obras cumbres de la literatura o la cinematografía.

Esta vez me ha venido al pelo una de las obras más universales de Gabriel García Márquez. Porque mira que tenía claro antes de empezar que a lo que iba yo a Elche, por mucho que lo disfrazara de "disfrute" era a sufrir, no hasta al límite de llegar para que me dieran el señor -porque ahora tengo que cuidarme el doble, ya que son dos las mujeres que me esperan-, pero si a un machaque tan voluntario y masoquista como considerable, dado el redundante bajo estado de forma en el que me encuentro este año.

El primero que avisaba era el mar, que había pasado del remanso de paz de la edición anterior a un amago de oleaje... por suerte se quedó en amago, aunque también se hizo inevitable algún que otro trago, y la visibilidad de las boyas fue bastante escasa (tanto más para mí, que veo menos que Rompetechos con antifaz).

La salida en tandas fue un gran invento y evitó tener que andar hostiándose por aquí y por acullá, aunque siempre habrá gente que se empeña en nadar "a la argentina"... Los más futboleros seguro que me han entendido; son esa peña que practica lo de "achicar" el espacio, doctrina en la que destacó por encima de todos el señor Menotti, en sus tiempos con la albiceleste y cuando luego entrenó a alguna escuadra española. Es decir, que por muy grande que sea el ancho mar, y por muy lejano que esté el horizonte, sienten la necesidad del calor humano, de nadar en manada cual delfin chapoteador. Esto tiene su parte buena -que no te sientes sólo en la inmensidad del océano-, y su parte mala, en forma de reiterados manotazos admonitorios del susodicho cansino de nadar impropio, irreverente, desviado y molesto, que terminan hinchándote las narices (física y metafísicamente hablando). Uno, en su nado de cuarto de baño de casa, ha hecho lo que ha podido intentando esquivar la lluvia aunque sea a costa de tener que ir corrigiendo el rumbo (con el incremento de metros naúticos nadados de más), o la ralentización del ritmo para dejarlo pasar amablemente, con la sana intención de perderlo de vista de forma global.

Pero ya se sabe que los caminos del señor de los mares son inescrutables, y que si Zeus en persona ha decidido que hoy te toca zurriagazo en la napia y tener que pararte a achicar las gafas inundadas, pues te paras y bailas. ¿Para que esperar a la primera boya pudiéndote dar mucho antes? Yo pensaba que esto sólo ocurría entre la élite que se la juega por delante y en la mítica primera boya, igual que los ciclistas se meten los codos en el sprint por la victoria, pero resulta que en el triatlón, por mucho NDS que sea la prueba (¡ojo! que yo al principio pensaba que eran las siglas de una popular consola hasta que me enteré que significaba "No Drafting Series"), en la natación está permitido el hostigamiento -iba a poner "hostiamiento" que tiene una raíz similar, pero uno guarda la compostura hasta con la nariz torcida-. Algo parecido sería que en las grandes vueltas llegaran dos ciclistas justo delante del coche escoba metiéndose el codo hasta el galillo por no ser el último, ¿a que parece inconcebible?... pues inconcebible y además patético resulta si el episodio de boxeo marino se da entre dos tipos embuchaos cual morcillicas en sus neoprenos a punto de reventar.

En resumen, tirando por lo corto y desvíos de trayectoria incluídos, seguro que recorrí bastante más de los 1900 metros establecidos. "Contóyconeso", y a pesar de que me pasaron por encima una bandada de gorros naranjas, que yo al principio pensé que eran rezagados que esprintaban a media carrera hasta que me dí cuenta de que mi gorro era amarillo (como el pipí-lastre que conseguí soltar en marcha mejorando la depurada técnica miccionadora del hijo del viento, ilustre teórico de la meada precarrera), y que los de naranja parecía que llevaran prisas en las manos y aletas en los pies, salí del agua medianamente satisfecho a la vez que mareado (seguramente por el abuso en la ingesta de solución salina y el accidente nasal). Lo que dijera el crono era lo de menos (ahora eran mis rodillas las que me daban el primer aviso). Creo que lo que más me molestó fue que me adelantara en el agua el mayor de los Campillos (que había salido diez minutos después y que no tuvo el detalle de pararse a saludar ni ná el "esaborío"... creo que todavía no ha asimilado aquella caída de globero subiendo el puente de la vía y se venga de esta forma, jaja).

Os emplazo a las próximas partes de mi crónica, para que podáis disfrutar con la narración de lo que sucedió en las más de 5 horas siguientes de mi aventura por los Arenales(¡cuando yo empecé a correr estaban terminando los primeros!). Para dejarlo en uno de esos puntos que generan impaciencia por parte del ávido lector os adelantaré que hubo "tocamientos" en los boxes, y que pequé de pensamientos impuros (por la tentación que tuve de seguir la rueda de Stani cuando me pilló nada más coronar la cuestecica de salida).

Por lo demás, habéis de saber que el culpable de que me haya decidido a contaros mis peripecias es Pedro Mª Campoy, pues me ha requerido la crónica. Además de ser un fiera (27º en la general absoluta), tiene casi tanto de masoca como un servidor, y se vé que no sufrió bastante por los Arenales el payo, pues tiene ganas de quemarse los ojos leyendo, ya que al parecer fue lo único que no nos quemamos corriendo por las dunas.

Por cierto, tengo entendido que la próxima edición del Triatlón de Elche, no solo pasará por la arena como este año, sino que para rizar el rizo en lo tocante a la dificultad, pondrán minas antipersona... y el que la pise, ¡ah, se siente!, ¡más refrigerio quedará en los avituallamientos para el siguiente!...

... Pero eso, como digo ya os lo contaré en futuras entregas, que yo aún sigo bastante entregado en brazos de don abatimiento generalizado, e intentando diseñar con cartón y un poco de plastilina dos prótesis de rodillas que me puedan tener en pie.