Como el rincón del alma, del que hablaba el poeta, lo tengo lleno de chismes y sin barrer, los últimos anhelos los he guardado en una caja fuerte, para que no se me escapen ni nadie me los robe.
¿A que es poético a más no poder?... Ya iré quitando el velo de la poesía conforme me vaya asentando para contaros en qué consisten los anhelos-sueños-proyectos de la nueva temporada, que con eso de haber vuelto hoy al curro, ¡¡¡cinco meses después!!!, me encuentro así como raro, sin terminar de encontrarme, aunque suene paradójico.
Pero ya que hablo de cajas fuertes, me estaba preguntando si el tipo que inventó el armatoste de marras pagaría mucho por el "copirrín", porque conforme las cosas que pasan en este mundo de corruptelas, y teniendo en cuenta que las polícias locales no persiguen por esta causa a los subsaharianos por las playas, como si fueran conejos o como si no tuvieran otra cosa más importante que hacer, ¡con la de delicuentes que hay!...
Con un poco de ojo y un par bien puesto, ni tan siquiera se tendrían que molestar en pasar calor, pateando las calles, que gran parte de la chusma están a buen recaudo ejerciendo de concejal, arquitecto municipal o incluso gran jefe consistorial. Bastaría con que montasen guardia a las puertas del Ayuntamiento y esperaran a verlos salir con las bolsas de basura, al estilo Muñoz.
Después de todo, el ex de la Pantoja debe sentirse orgulloso de haber marcado estilo. Y si no que se lo digan a Paul Shin Devine, un ejecutvo de Apple d 37 años, que está acusado de espionaje industrial según revela hoy la prensa internacional. Al parecer el fulano, tampoco quería que se enriqueciera injustamente el inventor de las cajas de caudales y prefería guardar los 150.000 dólares que han encontrado en su casa, ¡en cajas de zapatos!... ¡Vamos que trabajar en una empresa de las puntera en tecnología y no tener en casa un enfriador de billetes o un microondas para seguir cociendo el negocio en moneda extranjera! ¡¡¡A este tío le daba yo con la zapatilla!!!
Todavía no conozcon a nadie que falsifique cajas fuertes ni nadie que las venda a cinco "leuros" en los mercadillos. Pero conforme se está poniendo de difícil eso de vender cedeses pirateados no me extrañaría que se lo estuvieran pensando, ¡que queda muy cutre lo de guardar tanta pasta de forma tan chabacana! ¡un poco de elegancia por lo menos! ¡que lo que priva ahora es el estilo Camps! Y si no al tiempo.
Ladrones si. Que si no, con la de paro que hay ya, se nos quedan los policías sin trabajo. Pero de guante blanco y con imaginación.
UNA VENTANA SIN CRISTALES ABIERTA A LA CRÓNICA SOCIAL Y TRIATLÉTICA, SEGÚN ME DÉ LA PARANOIA
miércoles, 25 de agosto de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
Agua fresca de Rosas
Aunque soy consciente del riesgo que entraña titular, a estas alturas, una entrada de mi blog con el nombre de una fragancia, tranquilidad y buenos alimentos, que no estoy en proceso de "gutización", ni se me ha ido la pinza para Turquía como al de la rubia y pija melena, ni me he vuelto de repente un Adolfo Dominguez cualquiera.
La cosa tiene que ver con la cosa triatlética (o con esa especie de modalidad deportiva que yo practico de vez en cuando), y es que, para ser agosto, estoy que me salgo.
Hace unos días, después de llevar varias semanas tirado en la playa, a base de cervezas y tapas varias, eso de que estaba que me salía era una descripción fidedigna de cómo estaba mi barriga. Pero a día de hoy, después de haber denostado de mi dieta la cerveza y sustituirla por el agua corriente, y de haberme autoinfligido varias penitencias en forma de tiradas a pie largas y cansinas como sesiones parlamentarias, para lo penoso de mi estado, resulta que casi me encuentro en plena forma, algo no demasiado complicado si tenemos en cuenta que mi pico de forma se asemeja, en el mejor de los casos, al de un gorrioncillo recién salido del cascarón, nada que ver con los de mis amigos y colegas aironmanes, a los cuales se ha unido recientemente Jesusico, el niño camaleón, que se ha "im-bautizado" en Ratisbona, allá por las Alemanias del pulpo nada menos: ¡felicidades amigo!
Volviendo a lo de mi estado de forma y a lo del agua de Rosas, me dejaré ya de circunloquios, a los que ya sabéis que soy adicto, para daros cumplida cuenta de mi últino fin de semana acuático en la bahía de Rosas (Gerona) -por más que los catalanoparlantes se dediquen a cambiar las vocales de sitio y denominen Roses al bello pueblo ampurdanés y Girona a la última provincia del litoral mediterráneo español antes de adentrarse en suelos galos-.
Dos travesías a nado en dos días consecutivos podrían parecer mucho, pero es que, sumando ambas, la distancia recorrida fue de unos 2 kms. únicamente.
El sábado 14 de agosto participé, como ya hiciera el pasado año, en la Travesía Local, cuya distancia habían incrementado este año hasta los 700 metros. Salí del agua tan encantado que, hoy por hoy, me estoy pensando seriamente empadronarme aquí para lograr el éxito natatorio. Y es que, este menda, un tipo de secano, un nadador de una sola velocidad incapaz de nadar el kilómetro por debajo de los veinte minutos, así le muerda un tiburón en el culo, si optara por la nacionalidad catalana (no sé si el tener un sobrino catalán me daría derecho a disponer de la doble nacionalidad, tendré que consultarlo con el buen señor Mazón, abogado tocahuevos de profesión) empadronándose en Rosas, resulta que tanto el pasado año como éste ¡¡¡habría conseguido ganar trofeo en mi categoría!!! ¡manda cojones de palmípedo!
El año pasado fui 2º en la categoría M35-39 y este año he quedado 3º en M40. Pero al ser una travesía local, además de no dar ni un triste botellín de aua al terminar, me han dejado sin trofeo. En la general, el 38º de 88 participantes, incluyendo niños (no valen las risas, porque la mayor parte de los infantes llegaron por delante).
Ayer domingo 15, día de la Fiesta Mayor, se celebraba la LXXIV edición de la Travesía al Puerto de Rosas, prueba open, con un recorrido de 1350 metros. A pesar de no haber premios económnicos, aparecieron nadadores de clubes de natación de la provincia como si fueran caracoles y acabara de llover.
Casi 200 participantes, y viendo la clasificación, hasta mi puesto (rondando el 150, con un tiempo de 29'36') había pocos que no pertenecieran a tal o cual club. Vamos, "pofesionales" del agua.
En general la experiencia ha sido positiva. Lo de tirarse el último al mar desde el espigón del puerto ha tenido el efecto reconfortante de ir siempre adelantando gente, aunque también me topé con la sorpresa de lo fresquita que estaba. Además, las leches esta vez las he dado yo, ahí, en plan veterano, marcando dominios marinos. Lo único, si acaso, es que no consigo afinar el sextante marino para conseguir ir en linea recta. Creo que ya sé qué hago con las "eses" que, como buen murciano me como cada vez que hablo... ¡las hago en el agua cuando nado!
Lo dicho, el honor a salvo, sobre todo porque conseguí salir por delante del participante que tenía una sola pierna. No sé si sería a él al que le dí las leches.
La cosa tiene que ver con la cosa triatlética (o con esa especie de modalidad deportiva que yo practico de vez en cuando), y es que, para ser agosto, estoy que me salgo.
Hace unos días, después de llevar varias semanas tirado en la playa, a base de cervezas y tapas varias, eso de que estaba que me salía era una descripción fidedigna de cómo estaba mi barriga. Pero a día de hoy, después de haber denostado de mi dieta la cerveza y sustituirla por el agua corriente, y de haberme autoinfligido varias penitencias en forma de tiradas a pie largas y cansinas como sesiones parlamentarias, para lo penoso de mi estado, resulta que casi me encuentro en plena forma, algo no demasiado complicado si tenemos en cuenta que mi pico de forma se asemeja, en el mejor de los casos, al de un gorrioncillo recién salido del cascarón, nada que ver con los de mis amigos y colegas aironmanes, a los cuales se ha unido recientemente Jesusico, el niño camaleón, que se ha "im-bautizado" en Ratisbona, allá por las Alemanias del pulpo nada menos: ¡felicidades amigo!
Volviendo a lo de mi estado de forma y a lo del agua de Rosas, me dejaré ya de circunloquios, a los que ya sabéis que soy adicto, para daros cumplida cuenta de mi últino fin de semana acuático en la bahía de Rosas (Gerona) -por más que los catalanoparlantes se dediquen a cambiar las vocales de sitio y denominen Roses al bello pueblo ampurdanés y Girona a la última provincia del litoral mediterráneo español antes de adentrarse en suelos galos-.
Dos travesías a nado en dos días consecutivos podrían parecer mucho, pero es que, sumando ambas, la distancia recorrida fue de unos 2 kms. únicamente.
El sábado 14 de agosto participé, como ya hiciera el pasado año, en la Travesía Local, cuya distancia habían incrementado este año hasta los 700 metros. Salí del agua tan encantado que, hoy por hoy, me estoy pensando seriamente empadronarme aquí para lograr el éxito natatorio. Y es que, este menda, un tipo de secano, un nadador de una sola velocidad incapaz de nadar el kilómetro por debajo de los veinte minutos, así le muerda un tiburón en el culo, si optara por la nacionalidad catalana (no sé si el tener un sobrino catalán me daría derecho a disponer de la doble nacionalidad, tendré que consultarlo con el buen señor Mazón, abogado tocahuevos de profesión) empadronándose en Rosas, resulta que tanto el pasado año como éste ¡¡¡habría conseguido ganar trofeo en mi categoría!!! ¡manda cojones de palmípedo!
El año pasado fui 2º en la categoría M35-39 y este año he quedado 3º en M40. Pero al ser una travesía local, además de no dar ni un triste botellín de aua al terminar, me han dejado sin trofeo. En la general, el 38º de 88 participantes, incluyendo niños (no valen las risas, porque la mayor parte de los infantes llegaron por delante).
Ayer domingo 15, día de la Fiesta Mayor, se celebraba la LXXIV edición de la Travesía al Puerto de Rosas, prueba open, con un recorrido de 1350 metros. A pesar de no haber premios económnicos, aparecieron nadadores de clubes de natación de la provincia como si fueran caracoles y acabara de llover.
Casi 200 participantes, y viendo la clasificación, hasta mi puesto (rondando el 150, con un tiempo de 29'36') había pocos que no pertenecieran a tal o cual club. Vamos, "pofesionales" del agua.
En general la experiencia ha sido positiva. Lo de tirarse el último al mar desde el espigón del puerto ha tenido el efecto reconfortante de ir siempre adelantando gente, aunque también me topé con la sorpresa de lo fresquita que estaba. Además, las leches esta vez las he dado yo, ahí, en plan veterano, marcando dominios marinos. Lo único, si acaso, es que no consigo afinar el sextante marino para conseguir ir en linea recta. Creo que ya sé qué hago con las "eses" que, como buen murciano me como cada vez que hablo... ¡las hago en el agua cuando nado!
Lo dicho, el honor a salvo, sobre todo porque conseguí salir por delante del participante que tenía una sola pierna. No sé si sería a él al que le dí las leches.
viernes, 23 de julio de 2010
El día en que Güinidepú convenció a Jelokiti para irse de marcha
Algún día tenía que ser. La infancia no puede ser eterna, aunque deberíamos procurar entre todos que nadie se quedara sin ella -de este tema se habla mucho con la boca grande, pero luego hacemos cosas muy pequeñas-.
Y es que ya le iba haciendo falta a Güinidepú dejar de comer miel en el bosque de los cien acres, que aunque no lo hubieran dicho, tenía a las abejas de los contornos hartas de fabricar y fabricar miel como si no costara, y a puntito mismo de llevarlo a los tribunales por apropiación indebida, por abuso de poder o por cansino, a saber.
Me he leído la biografía del personajillo éste, con su simpática barriga y su carita de no haber roto un plato en su vida, ¿y qué queréis que os diga? ¡que sí! ¡muy de Walt Disney, que fue quien descubrió el filón! ¡pero ya empezaba a cansar!
Menos mal que ha llegado la Jelokiti esta, que tiene unas pintas de moderna y de consumista que se caga la burra, y se lo ha llevado de marcha. En el fondo hacen buena pareja: el uno un setón y la otra una pija, ¡ale, a crear osigatos para este mundo que además de no trabajar siempre querrán ir de punto en blanco!
¿No os ha pasado alguna vez? ¡menuda decisión! ¡momentazo ese de tu vida en el que te haces o del Madrid o del Barsa! ¡de Nike o de Adidas! ¡de Lancome o de Bulgari! ¡de Moris Lacruá o de Festina! ¡del Zara o del Berska!... ¡vaya camino de espinas! Con razón se habla de lo duro de esta vida.
Pobres niños, ni se imaginan lo que les espera. Se volverán locos y no terminarán nunca de decidirse si prefieren ir con la camiseta del osito Güini, o con el top de la Jelokiti... ¿y qué decir del Pocoyo? ¿y cómo olvidarse del amarillento y esponjoso Bob y sus amigos acuáticos? ... Y en cuanto seas mayor de edad infantil y manejes móvil, un presupuesto semanal superior a la renta percápita anual de siete poblados africanos, y te muevas con soltura diciendo lo de "tía" no sólo a las hermanas de tus padres, ¡a tontear con la Jana Montana de turno y sus cientos de tonterías sacacuartos del merchandising!
Por eso me alegro de que Güinidepú haya madurado y deje de ser un amuermado. Hay que empezar a salir un poquito más, que ya vas teniendo una edad, amigo Güini. Aunque no pienses por ahora en buscarte la independencia, así en plan Estatú ni nada de eso, que tampoco hay que irse al otro extremo. Tú con moderación, como la juventud moderna, una especie de tercer grado: todo el día en la calle y sólo vuelves a casa a dormir.
Y es que ya le iba haciendo falta a Güinidepú dejar de comer miel en el bosque de los cien acres, que aunque no lo hubieran dicho, tenía a las abejas de los contornos hartas de fabricar y fabricar miel como si no costara, y a puntito mismo de llevarlo a los tribunales por apropiación indebida, por abuso de poder o por cansino, a saber.
Me he leído la biografía del personajillo éste, con su simpática barriga y su carita de no haber roto un plato en su vida, ¿y qué queréis que os diga? ¡que sí! ¡muy de Walt Disney, que fue quien descubrió el filón! ¡pero ya empezaba a cansar!
Menos mal que ha llegado la Jelokiti esta, que tiene unas pintas de moderna y de consumista que se caga la burra, y se lo ha llevado de marcha. En el fondo hacen buena pareja: el uno un setón y la otra una pija, ¡ale, a crear osigatos para este mundo que además de no trabajar siempre querrán ir de punto en blanco!
¿No os ha pasado alguna vez? ¡menuda decisión! ¡momentazo ese de tu vida en el que te haces o del Madrid o del Barsa! ¡de Nike o de Adidas! ¡de Lancome o de Bulgari! ¡de Moris Lacruá o de Festina! ¡del Zara o del Berska!... ¡vaya camino de espinas! Con razón se habla de lo duro de esta vida.
Pobres niños, ni se imaginan lo que les espera. Se volverán locos y no terminarán nunca de decidirse si prefieren ir con la camiseta del osito Güini, o con el top de la Jelokiti... ¿y qué decir del Pocoyo? ¿y cómo olvidarse del amarillento y esponjoso Bob y sus amigos acuáticos? ... Y en cuanto seas mayor de edad infantil y manejes móvil, un presupuesto semanal superior a la renta percápita anual de siete poblados africanos, y te muevas con soltura diciendo lo de "tía" no sólo a las hermanas de tus padres, ¡a tontear con la Jana Montana de turno y sus cientos de tonterías sacacuartos del merchandising!
Por eso me alegro de que Güinidepú haya madurado y deje de ser un amuermado. Hay que empezar a salir un poquito más, que ya vas teniendo una edad, amigo Güini. Aunque no pienses por ahora en buscarte la independencia, así en plan Estatú ni nada de eso, que tampoco hay que irse al otro extremo. Tú con moderación, como la juventud moderna, una especie de tercer grado: todo el día en la calle y sólo vuelves a casa a dormir.
lunes, 5 de julio de 2010
ACORRALADO
No tengo los biceps de Stalone, y en el "cuerpo a cuerpo" (face to face, que dirían los anglos) creo que dispongo de un poder de diálogo considerablemente más consistente que el referido musculitos (algo que no es demasiado difícil teniendo en cuenta que de parlanchín aún no le han dado un papel al amigo Silvestre), pero la verdad es que me siento un poco ACORRALADO últimamente, con tanto aironman a mi alrededor, de gentes con las que he tenido el honor de compartir tantos buenos raticos -de los menos buenos me olvido, ¡que se note que soy selectivo, que para eso aprobé en su día la selectividad!-: Stanis, Juan, Campillico, Mitxel, José Pascual, y en breve Jesús, y Pepe porque no le dan las horas del día preparando sus guisos, que si no también lo teníamos ya).
- ¡Coronel Truman! ¡Coronel Truman! ¡que vienen los charlis! ¡no siento las piernas!
Y digo yo que es bastante normal no sentir las piernas, sobre todo después de marcarse un IM. Me cuentan los que lo han vivido que los días siguientes al gran día le darían un beso en los morracos al invento del pasamanos y las barandillas, gracias a los cuales pueden subir y bajar escaleras reduciendo el riesgo de desmorrarse para regocijo de las clínicas odontológicas. Yo, que soy más blando que un paquete de mantequilla en los Monegros, he notado esa sensación (la de no sentir las piernas) con bastante menos, por lo que no creo que en esta vida salga en post del "sueño férrico", por mucho que me insistan en que yo podría acabarlo, aunque fuera en 15-16 horas.
Precisamente en lo referido a esto de los tiempos, los hay que opinan que eres de hierro acabando un IM, y otros, más exigentes, que los únicos finishers son los pro, los que rondan las 8 horas, un poco como para no desmitificar la gesta. Pero digo yo que todos no podemos aspirar a ser Nadales del triatlón. La forma que yo encuentro de colaborar en esto de no quitarle "glamur" a cruzar la línea de meta de un IM es decidiendo que no es para mí, que en el hormiguero global en que vivimos, cada uno tiene su cometido, y el mío, por más que me gustara poder presumir de chapa es otro.
Eso no significa, empero, que servidor no vaya a seguir con sus globerías, pero sólo a "media jornada". Vamos, de medio IM "tólomás", en plan superviviente de Elche. Aunque no descarto aderezarlo algún día (no muy lejano) con un asalto a la Maratón, a poder ser sin tirar mucho más de cuatro horas.
Por tanto, amigos tris, ¡seguid acorralándome de metal!... ¡me encanta ilustrarme con las experiencias aironmaníacas de mis amigos! Yo escucharé atento vuestras historias, hasta que el alcohol de la cervecica que ha de acompañar irremediablemente tales narraciones, secuestre mis sentidos y me lleve a ese mundo onírico donde todo es posible... Alicia estará allí, con el león, aunque yo seré un poco como su amigo el de hojalata, propenso a oxidarse con tan ralo entrenamiento como el que suelo practicar.
- ¡Coronel Truman! ¡Coronel Truman! ¡que vienen los charlis! ¡no siento las piernas!
Y digo yo que es bastante normal no sentir las piernas, sobre todo después de marcarse un IM. Me cuentan los que lo han vivido que los días siguientes al gran día le darían un beso en los morracos al invento del pasamanos y las barandillas, gracias a los cuales pueden subir y bajar escaleras reduciendo el riesgo de desmorrarse para regocijo de las clínicas odontológicas. Yo, que soy más blando que un paquete de mantequilla en los Monegros, he notado esa sensación (la de no sentir las piernas) con bastante menos, por lo que no creo que en esta vida salga en post del "sueño férrico", por mucho que me insistan en que yo podría acabarlo, aunque fuera en 15-16 horas.
Precisamente en lo referido a esto de los tiempos, los hay que opinan que eres de hierro acabando un IM, y otros, más exigentes, que los únicos finishers son los pro, los que rondan las 8 horas, un poco como para no desmitificar la gesta. Pero digo yo que todos no podemos aspirar a ser Nadales del triatlón. La forma que yo encuentro de colaborar en esto de no quitarle "glamur" a cruzar la línea de meta de un IM es decidiendo que no es para mí, que en el hormiguero global en que vivimos, cada uno tiene su cometido, y el mío, por más que me gustara poder presumir de chapa es otro.
Eso no significa, empero, que servidor no vaya a seguir con sus globerías, pero sólo a "media jornada". Vamos, de medio IM "tólomás", en plan superviviente de Elche. Aunque no descarto aderezarlo algún día (no muy lejano) con un asalto a la Maratón, a poder ser sin tirar mucho más de cuatro horas.
Por tanto, amigos tris, ¡seguid acorralándome de metal!... ¡me encanta ilustrarme con las experiencias aironmaníacas de mis amigos! Yo escucharé atento vuestras historias, hasta que el alcohol de la cervecica que ha de acompañar irremediablemente tales narraciones, secuestre mis sentidos y me lleve a ese mundo onírico donde todo es posible... Alicia estará allí, con el león, aunque yo seré un poco como su amigo el de hojalata, propenso a oxidarse con tan ralo entrenamiento como el que suelo practicar.
lunes, 7 de junio de 2010
Un globero "Olímpico" en LOS ALCAZARES o el de las caracolas
Seguro que alguna vez os habréis puesto al oído una caracola de mar, intentando escuchar el rumor de las olas... a mí el otro día, escuchando el crujir de sus primos los caracoles terrestres (véase mi entrada anterior), no os lo dije, pero se me antojó escuchar cantos de sirena. No me refiero a los míticos cantos de la sirena de mar, esos que sólo algún marino de toda la vida o algún pariente de Nemo habrá escuchado, sino a los de las sirenas de las ambulancias, cuando se llevan a toda prisa a algún descerebrado para que se harte del "aquarius" intravenoso de hospital.
Y es que ya lo venía yo barruntando en voz baja para mis adentros para que no me oyeran los de mi entorno y se pusieran pesados intentando hacerme abandonar antes siquiera de empezar con el "disfrute-penitencia":
-¡que un olímpico es mucho olímpico para un globero que se ha abandonado a los vicios propios a los que obliga el cuidado de un bebé! -me decía mi conciencia harta de tomar cervezas para ponerme sobreaviso-
Porque lo que está claro es que no es lo mismo practicar la natación en la piscina, que hacerlo amarrado a un quintico de cerveza con su buena tapa de ensaladilla enroscada a una rosquilla, por mucho que aquí en Murcia la llamemos "marinera". Yo calculaba que podría salir del agua después de 32 ó 33 minutos salpicando espuma, pero si hacer ese pedazo de "marcón" para recorrer 1500 metros no tiene el menor mérito, salir del agua en 36 minutos ya es para pensárselo.
Como creía haber visto adelantándome por encima del agua a la mayor parte de los gorros rositas de las chicas que habían salido después de la salida masculina, ver aún unas cuantas bicicletas colgadas en boxes me quitó el inicial mal sabor de boca (aunque esta vez no era figurado porque a la salida había un lodazal con unos olores...). Ingenuo de mí pensaba que, habiendo hecho sólo los 20 kilómetros del triatlón de Cartagena desde el palizón de Elche, mis piernas se acordarían remotamente de que era capaz de pedalear de seguido y acoplado -aprovechando que el recorrido era absolutamente llano-...
No tardé en darme cuenta de que aquella no iba a ser tampoco mi tarde. Y es que la ecuación no falla: globero sin entreno, pájara de pleno. En mi caso si le sumas que en las pruebas vespertinas, mis fuerzas me fulminan... pues la cosa quedaba clara: tocaba tarde de pasión, que para el caso eran 40 kilómetros en bici y luego 10 a pie de penitencia por el paseo entre Los Narejos y los Alcázares, oyendo rumores, pero no de caracolas, sino del público que me miraba con lástima. Yo creo que de haber ido estirando la mano pidiendo un euro para pararme a tomar un aquarius en los chiringuitos de la playa, tendría para irme de vacaciones bien lejos donde nadie me conozca y pudiera señalarme como el que arrastrando sus lorzas yendo de aquí para allá y de allá para aquí, como si le fueran a dar algún premio.
Pero no adelantemos acontecimientos. Me había quedado saliendo en la bici e intentando ponerme a un ritmillo decente, que no bajara de los 30 km/hora, sopena de incurrir en otra tarjeta amarilla por escaso régimen de revoluciones que acabara con mis intenciones de finalizar la prueba (no sé si existirá este delito en el triatlón, pero manda huevos que cuando llegara a mi bicicleta tuviera un papelillo escrito a mano con el alentador texto que sigue: "tarjeta amarilla por dejar la mochila").
Total, que adelanto a una de las chicas... bueno, parece que esto marcha... ¡joder, que viene un grupillo que me va a doblar! ¡esta es la mía! ¡ahora me pongo a rueda y a vivir como un líquen chupando del árbol!... ¡¡¡los cojones del mono Amedio!!!... precisamente los que me faltaron para poder aguantar a cola del grupo (que debía de ser de los de delante) y que rodaba por encima de los cuarenta y a base de tirones...
De haber llevado un metro podría haber medido con exactitud lo que aguanté, pero estimo que rondarían los cuatrocientos o quinientos metros. Como veréis, además de escaso conocimiento y mucho atrevimiento, no se me caen los anillos reconociendo mi manifiesta incapacidad de seguir una rueda, algo que me retrotrae a mis primeros duatlones, cuando tenía que pegarme a solas contra el viento. Pues si, esta etapa que yo creía superada volvió a presentarse con toda su crudeza la tarde del sábado; la moraleja no puede ser más evidente... si ya hasta Esopo lo sabía, ¿o acaso no le dijo el cuervo al zorro que pedaleaba:
"entrena, globero, entrena,
otro remedio no te queda
si quieres ir a rueda" ?
No sé si el esfuerzo de utilizar la rima para esconder mis trapicheos con el hombre del mazo servirán de algo o ya me habréis calado como me hizo el susodicho. A partir de ahora en lugar del tópico nombre del argot ciclista, a este momento tan desagradable en el que las fuerzas -si es que acaso las tenías- abandonan la nave de tu cuerpo, yo lo voy a llamar "el tío de las caracolas", sobre todo porque es difícil en tal tesitura seguir la línea recta.
¿He dicho ya que me quedé de rueda de un grupo? ¡pues toda la tarde fue como un "dejá-vu"!... grupo tras grupo (no me daba tiempo de contar el número de tris que los integraban, pero alguno superaba la treintena) me superaban, y me dejaban lastrado... me sentí como cola de cometa cósmico, zarandeado por las estelas de viento que sembraban los alocados competidores en sus veloces pasadas...
Para que no fuera un bucle sin fin, creo recordar que fue al comienzo de mi tercera vuelta (cuarta para la mayoría) cuando me adelantó otro grupo que iba cerrando mi compañero Antonio Guardiola, con su capricho italiano de dos ruedas. Ni que decir tiene -el señor de las caracolas es testigo- que lo intenté, que intenté pillar rueda, y que aguanté algunos segundos, pero tuve que refrenar los impulsos eléctricos de mi mente porque las piernas seguían a lo suyo, en plan verano azul. Así que me conformé con mirar como se me escapaban. Decidí volver a intentar acoplarme y coger ritmillo por mi cuenta, porque aquello había que acabarlo. Y cual fue mi sorpresa cuando veo que Antonio y el último tri que cerraba el grupo se quedan. Antonio empieza a mirar para atrás y a mí se me enciende una luz. Creí recobrar fuerzas... ¡no podía ser! ¡¿me estaba esperando?!...
- Pues oye, tendré que acercarme aunque sea a decirle que no pierda su valioso tiempo, que yo voy recogiendo los cachos que se me van cayendo...
Y comienzo a pedalear y a recortar los doscientos metros que me llevaban, y sorprendentemente los alcanzo... y no sólo eso, sino que poseído o abducido por un extraño fenómeno que me ha hecho recobrar fuerzas (deduzco que será la reserva que aún no había desprecintado), me pongo a tirar del triplete... ¡c2c! ¡que no se diga! ¡si hay que morir que sea con las botas puestas!. Creo que fueron los ¿cinco-diez? únicos minutos en los que disfruté sobre la bici... ¡por fin podré decir que he dado relevos a un compañero que me sacó en meta más de media hora! ¡y hasta dí de beber al sediento porque me pidió de beber y yo le presté uno de mis bidones, que para eso vestimos los mismos colores! Pero lo más apasionante no fue eso. Creí entender que me decía algo de una caída, y por el ruido que le iba haciendo el cambio deduje que se habría caído y que por eso se hallaba en éstas, y que por eso los relevos que me daba tampoco es que fueran demoledores... Pero lo más acojonante es que el tercero en discordia del minigrupo (y que según la clasificación final he podido ver que me sacó más de cuarenta minutos) no asomaba el morro, supongo que porque no quería despeinarse...
Total, que finalizando la tercera vuelta nos alcanza un grupo, y el referido "chupón" pega un salto y se pega como una lapa por delante (no sé si me miraría con malos ojos por haberlo llevado a tan escaso régimen de vueltas...), ¡ole!¡ole! ¡y ole!... no diré el pecador, pero sólo diré que tiene bastante más veteranía que un servidor, como pudo demostrar sobradamente aprovechándose del esfuerzo de un globero tan poco curtido y tan poco sobrado de fuerzas como yo. Sólo espero que le haya dado un poco de vergüenza al ver la clasificación y comprobar que estuvo chupando rueda a uno de los últimos...
A Antonio también le perdí el rastro. Supongo que recuperaría fuerzas y conseguiría integrarse también en el grupo que nos pasó... Yo bastante tuve con terminar. Y he de reconocer que la última vuelta entera la hice a rueda del bueno de Tomás, un veterano de Cehegín, con el que suelo coincidir (ya llegamos juntos en la bici en Cartagena), pero que luego a pie me da pastillas para el pelo. La cuarta vuelta le relevé lo que pude, pero en la última le pedí disculpas porque no podía más después de un último y nuevamente frustrado intento de coger rueda a otro grupo que nos pasó. Al menos creo que él tuvo claro que no estuve aprovechándome de su rueda para luego ganarle a pie, ya que terminó sacándome diez minutos.
Del último sector, por no extenderme más (que bastante martirio habrá sido ya para los incautos y desdichados que estábais ansiosos de conocer mis penurias de globero olímpico), o por simple vergüenza torera me váis a permitir que sólo os cuente los últimos 100 metros, que fueron los de correr más alegre, pues con anterioridad a la recompensa del paso por la línea de meta gocé del inmenso placer de ver a mis dos niñas, con la pertinente e inevitable parada-beso con que las agasajé. Mi pequeña era la primera vez que veía a su padre de esta guisa, y tengo la sensación de que le dió bastante igual... ¡cachis! no sé si podré hacer de ella una campeona olímpica; por mi parte tengo claro que lo único olímpico que voy a tener es el dolor de todo que me aqueja desde el sábado, y el insomnio de la noche, no sé si debido a que las agujetas estaban tomando posiciones (por suerte las pestañas se han librado esta vez de ese suplicio) o al energy-power-drink de los cojones que me tomé a la llegada, y que debía ser una bomba de cafeína o vete tú a saber qué mejunges mágicos... ¡lástima no haber llenado las cacharras con ese elixir antes de la carrera, porque lo mismo así habría bajado de las tres horas, jaja!
En fin, hasta aquí lo que se daba. Servidor va a poner rumbo al norte, y no como el año pasado cuando íbamos a sufrir a Zarauz (¿te acuerdas, Stani?... ¡vaya chuletón el que ponen en el Telesforo, eh!, pues aunque voy para las mismas latitudes inicialmente, vamos pertrechados de los aditamentos campistas, con nuestra casita rodante para hacer unas mini vacaciones, las primeras de nuestra nueva era familiar.
Cuando volvamos ya tendremos algún IM más en la "familia", y algún locatis que habrá repetido. Desde la distancia os mandaremos ánimos, porque fuerzas va a ser que no me quedan muchas.
PD: No tengo material gráfico. No sé si lamentarme o alegrarme...
Y es que ya lo venía yo barruntando en voz baja para mis adentros para que no me oyeran los de mi entorno y se pusieran pesados intentando hacerme abandonar antes siquiera de empezar con el "disfrute-penitencia":
-¡que un olímpico es mucho olímpico para un globero que se ha abandonado a los vicios propios a los que obliga el cuidado de un bebé! -me decía mi conciencia harta de tomar cervezas para ponerme sobreaviso-
Porque lo que está claro es que no es lo mismo practicar la natación en la piscina, que hacerlo amarrado a un quintico de cerveza con su buena tapa de ensaladilla enroscada a una rosquilla, por mucho que aquí en Murcia la llamemos "marinera". Yo calculaba que podría salir del agua después de 32 ó 33 minutos salpicando espuma, pero si hacer ese pedazo de "marcón" para recorrer 1500 metros no tiene el menor mérito, salir del agua en 36 minutos ya es para pensárselo.
Como creía haber visto adelantándome por encima del agua a la mayor parte de los gorros rositas de las chicas que habían salido después de la salida masculina, ver aún unas cuantas bicicletas colgadas en boxes me quitó el inicial mal sabor de boca (aunque esta vez no era figurado porque a la salida había un lodazal con unos olores...). Ingenuo de mí pensaba que, habiendo hecho sólo los 20 kilómetros del triatlón de Cartagena desde el palizón de Elche, mis piernas se acordarían remotamente de que era capaz de pedalear de seguido y acoplado -aprovechando que el recorrido era absolutamente llano-...
No tardé en darme cuenta de que aquella no iba a ser tampoco mi tarde. Y es que la ecuación no falla: globero sin entreno, pájara de pleno. En mi caso si le sumas que en las pruebas vespertinas, mis fuerzas me fulminan... pues la cosa quedaba clara: tocaba tarde de pasión, que para el caso eran 40 kilómetros en bici y luego 10 a pie de penitencia por el paseo entre Los Narejos y los Alcázares, oyendo rumores, pero no de caracolas, sino del público que me miraba con lástima. Yo creo que de haber ido estirando la mano pidiendo un euro para pararme a tomar un aquarius en los chiringuitos de la playa, tendría para irme de vacaciones bien lejos donde nadie me conozca y pudiera señalarme como el que arrastrando sus lorzas yendo de aquí para allá y de allá para aquí, como si le fueran a dar algún premio.
Pero no adelantemos acontecimientos. Me había quedado saliendo en la bici e intentando ponerme a un ritmillo decente, que no bajara de los 30 km/hora, sopena de incurrir en otra tarjeta amarilla por escaso régimen de revoluciones que acabara con mis intenciones de finalizar la prueba (no sé si existirá este delito en el triatlón, pero manda huevos que cuando llegara a mi bicicleta tuviera un papelillo escrito a mano con el alentador texto que sigue: "tarjeta amarilla por dejar la mochila").
Total, que adelanto a una de las chicas... bueno, parece que esto marcha... ¡joder, que viene un grupillo que me va a doblar! ¡esta es la mía! ¡ahora me pongo a rueda y a vivir como un líquen chupando del árbol!... ¡¡¡los cojones del mono Amedio!!!... precisamente los que me faltaron para poder aguantar a cola del grupo (que debía de ser de los de delante) y que rodaba por encima de los cuarenta y a base de tirones...
De haber llevado un metro podría haber medido con exactitud lo que aguanté, pero estimo que rondarían los cuatrocientos o quinientos metros. Como veréis, además de escaso conocimiento y mucho atrevimiento, no se me caen los anillos reconociendo mi manifiesta incapacidad de seguir una rueda, algo que me retrotrae a mis primeros duatlones, cuando tenía que pegarme a solas contra el viento. Pues si, esta etapa que yo creía superada volvió a presentarse con toda su crudeza la tarde del sábado; la moraleja no puede ser más evidente... si ya hasta Esopo lo sabía, ¿o acaso no le dijo el cuervo al zorro que pedaleaba:
"entrena, globero, entrena,
otro remedio no te queda
si quieres ir a rueda" ?
No sé si el esfuerzo de utilizar la rima para esconder mis trapicheos con el hombre del mazo servirán de algo o ya me habréis calado como me hizo el susodicho. A partir de ahora en lugar del tópico nombre del argot ciclista, a este momento tan desagradable en el que las fuerzas -si es que acaso las tenías- abandonan la nave de tu cuerpo, yo lo voy a llamar "el tío de las caracolas", sobre todo porque es difícil en tal tesitura seguir la línea recta.
¿He dicho ya que me quedé de rueda de un grupo? ¡pues toda la tarde fue como un "dejá-vu"!... grupo tras grupo (no me daba tiempo de contar el número de tris que los integraban, pero alguno superaba la treintena) me superaban, y me dejaban lastrado... me sentí como cola de cometa cósmico, zarandeado por las estelas de viento que sembraban los alocados competidores en sus veloces pasadas...
Para que no fuera un bucle sin fin, creo recordar que fue al comienzo de mi tercera vuelta (cuarta para la mayoría) cuando me adelantó otro grupo que iba cerrando mi compañero Antonio Guardiola, con su capricho italiano de dos ruedas. Ni que decir tiene -el señor de las caracolas es testigo- que lo intenté, que intenté pillar rueda, y que aguanté algunos segundos, pero tuve que refrenar los impulsos eléctricos de mi mente porque las piernas seguían a lo suyo, en plan verano azul. Así que me conformé con mirar como se me escapaban. Decidí volver a intentar acoplarme y coger ritmillo por mi cuenta, porque aquello había que acabarlo. Y cual fue mi sorpresa cuando veo que Antonio y el último tri que cerraba el grupo se quedan. Antonio empieza a mirar para atrás y a mí se me enciende una luz. Creí recobrar fuerzas... ¡no podía ser! ¡¿me estaba esperando?!...
- Pues oye, tendré que acercarme aunque sea a decirle que no pierda su valioso tiempo, que yo voy recogiendo los cachos que se me van cayendo...
Y comienzo a pedalear y a recortar los doscientos metros que me llevaban, y sorprendentemente los alcanzo... y no sólo eso, sino que poseído o abducido por un extraño fenómeno que me ha hecho recobrar fuerzas (deduzco que será la reserva que aún no había desprecintado), me pongo a tirar del triplete... ¡c2c! ¡que no se diga! ¡si hay que morir que sea con las botas puestas!. Creo que fueron los ¿cinco-diez? únicos minutos en los que disfruté sobre la bici... ¡por fin podré decir que he dado relevos a un compañero que me sacó en meta más de media hora! ¡y hasta dí de beber al sediento porque me pidió de beber y yo le presté uno de mis bidones, que para eso vestimos los mismos colores! Pero lo más apasionante no fue eso. Creí entender que me decía algo de una caída, y por el ruido que le iba haciendo el cambio deduje que se habría caído y que por eso se hallaba en éstas, y que por eso los relevos que me daba tampoco es que fueran demoledores... Pero lo más acojonante es que el tercero en discordia del minigrupo (y que según la clasificación final he podido ver que me sacó más de cuarenta minutos) no asomaba el morro, supongo que porque no quería despeinarse...
Total, que finalizando la tercera vuelta nos alcanza un grupo, y el referido "chupón" pega un salto y se pega como una lapa por delante (no sé si me miraría con malos ojos por haberlo llevado a tan escaso régimen de vueltas...), ¡ole!¡ole! ¡y ole!... no diré el pecador, pero sólo diré que tiene bastante más veteranía que un servidor, como pudo demostrar sobradamente aprovechándose del esfuerzo de un globero tan poco curtido y tan poco sobrado de fuerzas como yo. Sólo espero que le haya dado un poco de vergüenza al ver la clasificación y comprobar que estuvo chupando rueda a uno de los últimos...
A Antonio también le perdí el rastro. Supongo que recuperaría fuerzas y conseguiría integrarse también en el grupo que nos pasó... Yo bastante tuve con terminar. Y he de reconocer que la última vuelta entera la hice a rueda del bueno de Tomás, un veterano de Cehegín, con el que suelo coincidir (ya llegamos juntos en la bici en Cartagena), pero que luego a pie me da pastillas para el pelo. La cuarta vuelta le relevé lo que pude, pero en la última le pedí disculpas porque no podía más después de un último y nuevamente frustrado intento de coger rueda a otro grupo que nos pasó. Al menos creo que él tuvo claro que no estuve aprovechándome de su rueda para luego ganarle a pie, ya que terminó sacándome diez minutos.
Del último sector, por no extenderme más (que bastante martirio habrá sido ya para los incautos y desdichados que estábais ansiosos de conocer mis penurias de globero olímpico), o por simple vergüenza torera me váis a permitir que sólo os cuente los últimos 100 metros, que fueron los de correr más alegre, pues con anterioridad a la recompensa del paso por la línea de meta gocé del inmenso placer de ver a mis dos niñas, con la pertinente e inevitable parada-beso con que las agasajé. Mi pequeña era la primera vez que veía a su padre de esta guisa, y tengo la sensación de que le dió bastante igual... ¡cachis! no sé si podré hacer de ella una campeona olímpica; por mi parte tengo claro que lo único olímpico que voy a tener es el dolor de todo que me aqueja desde el sábado, y el insomnio de la noche, no sé si debido a que las agujetas estaban tomando posiciones (por suerte las pestañas se han librado esta vez de ese suplicio) o al energy-power-drink de los cojones que me tomé a la llegada, y que debía ser una bomba de cafeína o vete tú a saber qué mejunges mágicos... ¡lástima no haber llenado las cacharras con ese elixir antes de la carrera, porque lo mismo así habría bajado de las tres horas, jaja!
En fin, hasta aquí lo que se daba. Servidor va a poner rumbo al norte, y no como el año pasado cuando íbamos a sufrir a Zarauz (¿te acuerdas, Stani?... ¡vaya chuletón el que ponen en el Telesforo, eh!, pues aunque voy para las mismas latitudes inicialmente, vamos pertrechados de los aditamentos campistas, con nuestra casita rodante para hacer unas mini vacaciones, las primeras de nuestra nueva era familiar.
Cuando volvamos ya tendremos algún IM más en la "familia", y algún locatis que habrá repetido. Desde la distancia os mandaremos ánimos, porque fuerzas va a ser que no me quedan muchas.
PD: No tengo material gráfico. No sé si lamentarme o alegrarme...
sábado, 29 de mayo de 2010
CARACOLES A MONTONES
Ayer me escapé del convento. Era mucha la tentación, y por mucho que digan que vive arriba (la tentación), te la puedes encontrar en cualquier lado. Lo siento mucho. Sé que os he fallado a los que esperábais con ansia viva a ver qué tal me iba en Los Alcázares después de otras dos semanas puras e impolutas... ¡ya no podré llegar al olímpico virgen de entrenamiento porque ayer pequé!
Lo hice con nocturnidad, como si pensara que la complicidad de la noche convertiría el pecado capital en venial. Y hoy me arrepiento. Mis rodillas están apenadas. Y de tanta pena, apenas se sostienen por la culpa.
Me tentó la noche, con su caricia fresca tras la lluvia de la tarde. La contemplación del neopreno, al que he tenido junto a mí, colgado en mi habitación desde que me lo vistiera por última vez para la reciente conquista de Carthagonova, junto a la queda soledad de las bielas de mi montura y el supino abandono de mis brooks, hicieron inútil la tenaz resistencia con la que había combatido hasta entonces la tentación de salir corriendo en busca del horizonte.
Hice oídos sordos, perdí la mirada y empecé a trotar llevado de antiguas y casi olvidadas pasiones. Fije el rumbo hacia el Norte, donde las tierras aún respiran, pensando que así podría escapar. Y fue entonces cuando vi las señales y comprendí que la noche no sería nada propicia, que había elementos que el destino o vete a saber tú si la virgen de la suelas desgastadas por el trote cochinero. ¡Caracoles a montones! ¡por cientos! ¡por millares! A ratos más me parecía granizo que hubiera caído del cielo, en forma de plaga bíblica.
Oía el crujido de sus débiles cascarones destrozando el runrún monótono de mi sufrido trote. Y la pena se hacía más grande. Al fin y al cabo, y con merecida razón, en las carreras me siento identificado con este simpático y baboso molusco gasterópodo, de lenta capacidad locomotora.
¿Cuántos cayeron sepultados por mis torpes zancadas? Por más que los intentara esquivar las aceras y hasta el asfalto de hallaba invadido de estos diminutos seres, intentando cruzar al otro lado. Dados sus escasos conocimientos de geografía no se daban cuenta de que donde antes hubo huerta ahora habían varios carriles de una vía de circunvalación.
Si, decididamente ha sido una señal. Dicen que el caracol más sabroso es el de tapia de cementerio, pero yo he decidido excluirlos tajantemente de mi abanico gastronómico. Seguro que Usaín Bolt no come caracoles.
Lo que no sé es qué será de mí en el Olímpico de Los Alcázares, toda vez que he diluído mi esencia. Lo mismo como penitencia no descarto hacer la bici con el neopreno...
PD: Por cierto Pepe, vete tomando nota para la próxima vez que te encarguemos un arroz y conejo... será sin caracoles.
PD2: Muy bueno todo lo del domingo pasado. Siempre es un placer pasar por vuestro Sequé.
Lo hice con nocturnidad, como si pensara que la complicidad de la noche convertiría el pecado capital en venial. Y hoy me arrepiento. Mis rodillas están apenadas. Y de tanta pena, apenas se sostienen por la culpa.
Me tentó la noche, con su caricia fresca tras la lluvia de la tarde. La contemplación del neopreno, al que he tenido junto a mí, colgado en mi habitación desde que me lo vistiera por última vez para la reciente conquista de Carthagonova, junto a la queda soledad de las bielas de mi montura y el supino abandono de mis brooks, hicieron inútil la tenaz resistencia con la que había combatido hasta entonces la tentación de salir corriendo en busca del horizonte.
Hice oídos sordos, perdí la mirada y empecé a trotar llevado de antiguas y casi olvidadas pasiones. Fije el rumbo hacia el Norte, donde las tierras aún respiran, pensando que así podría escapar. Y fue entonces cuando vi las señales y comprendí que la noche no sería nada propicia, que había elementos que el destino o vete a saber tú si la virgen de la suelas desgastadas por el trote cochinero. ¡Caracoles a montones! ¡por cientos! ¡por millares! A ratos más me parecía granizo que hubiera caído del cielo, en forma de plaga bíblica.
Oía el crujido de sus débiles cascarones destrozando el runrún monótono de mi sufrido trote. Y la pena se hacía más grande. Al fin y al cabo, y con merecida razón, en las carreras me siento identificado con este simpático y baboso molusco gasterópodo, de lenta capacidad locomotora.
¿Cuántos cayeron sepultados por mis torpes zancadas? Por más que los intentara esquivar las aceras y hasta el asfalto de hallaba invadido de estos diminutos seres, intentando cruzar al otro lado. Dados sus escasos conocimientos de geografía no se daban cuenta de que donde antes hubo huerta ahora habían varios carriles de una vía de circunvalación.
Si, decididamente ha sido una señal. Dicen que el caracol más sabroso es el de tapia de cementerio, pero yo he decidido excluirlos tajantemente de mi abanico gastronómico. Seguro que Usaín Bolt no come caracoles.
Lo que no sé es qué será de mí en el Olímpico de Los Alcázares, toda vez que he diluído mi esencia. Lo mismo como penitencia no descarto hacer la bici con el neopreno...
PD: Por cierto Pepe, vete tomando nota para la próxima vez que te encarguemos un arroz y conejo... será sin caracoles.
PD2: Muy bueno todo lo del domingo pasado. Siempre es un placer pasar por vuestro Sequé.
miércoles, 19 de mayo de 2010
V Triatlón de Cartagena: MAS GLOBEROS QUE MARINEROS
Para lo que ha sido en la historia el puerto de Cartagena, y el número de barcos con sus marineritos y todos que atracan en sus muelles (incluyendo de vez en cuando algunas legiones de retoños rapados del tío Sam que se pasean por la ciudad departamental masticando chicle), el pasado domingo por la mañana había en el puerto de la ciudad departamental más globeros que marineros.
Entre los primeros, obviamente, se encontraba servidor que, cual Flipy del triatlón, se disponía a experimentar hasta donde le dan a uno los músculos y las fuerzas participando en un triatlón no habiendo hecho NADA, pero lo que se dice NADA, con toda su literalidad: CERO PATATERO, NAIN, NOZIN OF NOZIN... en las últimas tres semanas, y con el raquítico bagaje de lo que va de temporada que paso a enumerar:
NATACION => desde el pasado mes de septiembre, cuando recogimos los bártulos playeros de fin de semana y pusimos fin a la temporada de baño -que es cuando aprovecho para nadar un ratico, nunca superior a la media hora-, el menda ha nadado 3 veces en piscina, a razón de dosmil metros por sesión, más el arrebato ilicitano, que sumando otros dosmil metros, dan una suma total que asusta: ¡lo que cualquiera de vosotros que se prepare medianamente hace en una semana, yo lo he hecho en nueve meses!
BICICLETA => tal vez sea el apartado que, aunque de lejos, pueda parecerse a lo que es un entrenamiento... Mira, ¿para qué engañarnos? Mis kilómetros de bici este año son también para darme un premio, pero al tío que se queda los fines de semana al calor de las sábanas, porque me sobran dedos en las manos para contar las veces que he salido, y de entre ellas sólo he hecho una vez más de 100 kilómetros (fueron 101 y porque no tenía a mano el número de teléfono del sepulturero porque lo habría llamado a medio camino para decirle que me fuera preparando el terreno -de este episodio seguro que se acuerda el bueno de Stani porque sin su rueda amiga todavía no habría llegado a casa-);otro par de veces he estado por los ochenta o noventa (allá por octubre o noviembre creo recordar), y luego ya alguna sesión de spining, que tal vez haya sido lo que me ayudó a solventar Elche con cierta dignidad.
PIE => Si me han salido dos medias "oficiales" -ninguna de ellas por debajo de 1h45-, y otras dos oficiosas por la mota del río (ahí si, ya ves tú, con sensaciones decentes), más la penitencia por las dunas de los Arenales de Elche, en plan coche de San Fernando (un ratico a pie y otro ratico andando), y alguna que otra tirada por encima de los diez kilómetros, pero nada de nada de series ni de farlek, ¿qué voy a pedir?... Pues mira, aunque sea una pregunta retórica, se me ocurre que le podría ir pidiendo a los Reyes un par de rodillas nuevas, porque las que tengo están para entrar con pico y pala y azulejarlas todas...
Por tanto, teniendo en cuenta que un triatlón se compone de los tres ítems anteriormente citados, ¿qué se puede esperar?
Volviendo a Cartagena, que es donde me había quedado. Pues eso, que el mono pudo conmigo (y no me refiero al mono de triatlón porque este año tenemos un dos piezas de categoría), y dado que me quedé con ganas de hacer el particular triatlón de San Pedro, con su prueba de natación a pata, me presenté en Cartagena con toda la ilusión del mundo, dispuesto a llegar, aunque fuera agarrado al coche escoba.
Pero hete aquí que fue enfundarme el neopreno (no estaba el agua como para hacerse el machito metiéndose a pelo, que ya me conozco yo esa sensación de la primera vez que hice Cartagena), y me empecé a sentir triatleta... no sé, una sensación rara. Entre eso, que había dejado los acoples puestos a la bici y que me saludaban los buenos (lo siento Felipe, no lo digo por tí, es que estuve hablando con nuestro compañero Bart Jaeken antes de empezar), empecé a pensar que podía hacer algo grande y sonado; ya lo estaba viendo rotulado en grandes titulares: "un globero que no entrena se lleva el trofeo de campeón del triatlón de Cartagena"... pero en cuanto sonó la bocina para empezar la natación (con media hora de retraso, por cierto), pude ver que ponía ese periódico virtual en letra pequeña: "la policía aún lo busca para restituírsela a su dueño, el vencedor de la prueba".
En fin, que ya estábamos nadando, yo por la "zona limpia" (es que últimamente veo las carreras de F1), para no llevarme manotazos que interrumpieran mi estado de meditación natatoria. Y como que no me sentía mal; yo a mi ritmo, que debe ser el mismo desde que empecé a nadar cuando tenía siete años, porque me salieron sólo unos pocos segundos más que el año pasado, y eso a pesar del ralo entrenamiento que he relatado en párrafos anteriores.
Las globerías empezaron en la transición que hice plácidamente sentado junto a José María, compañero de club de Felipe, y justo detrás del cual había salido del agua. Creo que cuando el cogió la bici y se marchó yo aún estaba sacando la segunda pata del neopreno, y seguía llegando gente y marchándose... ¡se nota que esto de la transición tampoco lo entreno!
Total, que si aspiraba a coger algún grupillo, aunque fuera pequeño, para hacer una bici en condiciones, dado que cuando llegué a boxes aún quedaban un buen número de jumentos, por tortugo tendría que apechugar contra el viento en solitario, ya que el percal que salía era folklore puro (uno ví que hasta llevaba portaequipajes en la bici, ¡con eso queda tó dicho!).
Era lo que tocaba, así que no tuve más remedio que acoplarme y salí dispuesto a tirar hasta reventar. En la primera recta adelanté a unos cuantos, por unos momentos me creía el primo globero de Cancelara. Iba hasta acoplado... Pero no iría tan cañón cuando se me enchufaron a rueda varios. En un par de ocasiones miré para atrás, por ver si la cuadrilla entendía la indirecta, pero la peña iba tan tocada de globería como yo o más. O lo mismo menos, porque el panoli lo hacía yo tirando. O tal vez no, porque yo había ido a hacer mi carrera.
En éstas llega la primera subida, y yo entonces veo la jugada: uno de los que llevaba a rueda se pone delante, en plan Contador... ¿y qué os voy yo a "contar"? ¡hasta ahí podríamos llegar!... ¡de algo tenían que servir las series sufridas en la cuestecica del Valle!.. así que a plato y a pulmón, volví a coger el mando del mini grupo (si es que alguna vez fue grupo) y llegué al giro en primera posición... ¡olé mis webs! ¡y vaya calentón tonto!... pero para el que no tuviera conocimiento de ello, que sepa que el globero también tiene su honor.
A partir de ahí la cosa cambió... creo que surtió efectos la demostración y quedó claro quien mandaba... ¡me convertí en el Garibaldi de los globeros!... y hasta en una ocasión, ya mediada la tercera vuelta tuve que llamar al orden a uno de los que acabábamos de alcanzar que tiraba por otro lado, para ver si nos poníamos de acuerdo y no hacíamos más el gili-globero, como si aquel mini grupo fuera un dragón de tres cabezas...
Nos había adelantado el grupo cabecero (que eran 8 ó 10 unidades) en la segunda vuelta (para ellos la última), y aunque intenté aguantar, me reventaron en la subida. Luego me pasó Bart que iba un poco rezagado (pero que terminó dándose un festín a pie adelantando gente -lástima que sólo llegara cuarto-). Yo no albergaba duda alguna al respecto de mi rendimiento en bici, pero me quedó del todo claro con estos repasos que nos daban los primeros.
Al final, después de todo, me quedé con el buen sabor de boca de haber cogido a bastante gente (incluso a José María), ¡lástima que a Felipe no lo pude doblar, jaja!
La segunda transición tuvo un nivel de patetismo similar a la primera, razón por la cual la media docena largo de desperdigados que había conseguido llevar detrás de mí, cual flautista, salieron por piernas de boxes antes que yo. Algunos en la clasificación final me lo explicaron con 2 ó 3 minutos de diferencia, pero después de todo, y de que un "Yankauskas" casi me abrazara al llegar a meta (no se dió cuenta de que la bandera de su Lituania natal coincide en coloración con la de la Etiopía de mi niña -que es la que enarbolo yo ahora en mis carreras-, razón por la cual me estuvo persiguiendo por entre la gente que se arremolinaba en la meta), quedé satisfecho, con la sensación de haber cumplido, de haber estado a la altura de lo que se podía esperar de mí dadas las circunstancias y los entrenos. ¿Y qué si entraron por delante de mí 150? Si en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, este globero es el jefe de la cuadrilla del último quinto... de participantes, porque como ya os he dicho, más globeros que marineros ví la mañana del domingo.
Entre los primeros, obviamente, se encontraba servidor que, cual Flipy del triatlón, se disponía a experimentar hasta donde le dan a uno los músculos y las fuerzas participando en un triatlón no habiendo hecho NADA, pero lo que se dice NADA, con toda su literalidad: CERO PATATERO, NAIN, NOZIN OF NOZIN... en las últimas tres semanas, y con el raquítico bagaje de lo que va de temporada que paso a enumerar:
NATACION => desde el pasado mes de septiembre, cuando recogimos los bártulos playeros de fin de semana y pusimos fin a la temporada de baño -que es cuando aprovecho para nadar un ratico, nunca superior a la media hora-, el menda ha nadado 3 veces en piscina, a razón de dosmil metros por sesión, más el arrebato ilicitano, que sumando otros dosmil metros, dan una suma total que asusta: ¡lo que cualquiera de vosotros que se prepare medianamente hace en una semana, yo lo he hecho en nueve meses!
BICICLETA => tal vez sea el apartado que, aunque de lejos, pueda parecerse a lo que es un entrenamiento... Mira, ¿para qué engañarnos? Mis kilómetros de bici este año son también para darme un premio, pero al tío que se queda los fines de semana al calor de las sábanas, porque me sobran dedos en las manos para contar las veces que he salido, y de entre ellas sólo he hecho una vez más de 100 kilómetros (fueron 101 y porque no tenía a mano el número de teléfono del sepulturero porque lo habría llamado a medio camino para decirle que me fuera preparando el terreno -de este episodio seguro que se acuerda el bueno de Stani porque sin su rueda amiga todavía no habría llegado a casa-);otro par de veces he estado por los ochenta o noventa (allá por octubre o noviembre creo recordar), y luego ya alguna sesión de spining, que tal vez haya sido lo que me ayudó a solventar Elche con cierta dignidad.
PIE => Si me han salido dos medias "oficiales" -ninguna de ellas por debajo de 1h45-, y otras dos oficiosas por la mota del río (ahí si, ya ves tú, con sensaciones decentes), más la penitencia por las dunas de los Arenales de Elche, en plan coche de San Fernando (un ratico a pie y otro ratico andando), y alguna que otra tirada por encima de los diez kilómetros, pero nada de nada de series ni de farlek, ¿qué voy a pedir?... Pues mira, aunque sea una pregunta retórica, se me ocurre que le podría ir pidiendo a los Reyes un par de rodillas nuevas, porque las que tengo están para entrar con pico y pala y azulejarlas todas...
Por tanto, teniendo en cuenta que un triatlón se compone de los tres ítems anteriormente citados, ¿qué se puede esperar?
Volviendo a Cartagena, que es donde me había quedado. Pues eso, que el mono pudo conmigo (y no me refiero al mono de triatlón porque este año tenemos un dos piezas de categoría), y dado que me quedé con ganas de hacer el particular triatlón de San Pedro, con su prueba de natación a pata, me presenté en Cartagena con toda la ilusión del mundo, dispuesto a llegar, aunque fuera agarrado al coche escoba.
Pero hete aquí que fue enfundarme el neopreno (no estaba el agua como para hacerse el machito metiéndose a pelo, que ya me conozco yo esa sensación de la primera vez que hice Cartagena), y me empecé a sentir triatleta... no sé, una sensación rara. Entre eso, que había dejado los acoples puestos a la bici y que me saludaban los buenos (lo siento Felipe, no lo digo por tí, es que estuve hablando con nuestro compañero Bart Jaeken antes de empezar), empecé a pensar que podía hacer algo grande y sonado; ya lo estaba viendo rotulado en grandes titulares: "un globero que no entrena se lleva el trofeo de campeón del triatlón de Cartagena"... pero en cuanto sonó la bocina para empezar la natación (con media hora de retraso, por cierto), pude ver que ponía ese periódico virtual en letra pequeña: "la policía aún lo busca para restituírsela a su dueño, el vencedor de la prueba".
En fin, que ya estábamos nadando, yo por la "zona limpia" (es que últimamente veo las carreras de F1), para no llevarme manotazos que interrumpieran mi estado de meditación natatoria. Y como que no me sentía mal; yo a mi ritmo, que debe ser el mismo desde que empecé a nadar cuando tenía siete años, porque me salieron sólo unos pocos segundos más que el año pasado, y eso a pesar del ralo entrenamiento que he relatado en párrafos anteriores.
Las globerías empezaron en la transición que hice plácidamente sentado junto a José María, compañero de club de Felipe, y justo detrás del cual había salido del agua. Creo que cuando el cogió la bici y se marchó yo aún estaba sacando la segunda pata del neopreno, y seguía llegando gente y marchándose... ¡se nota que esto de la transición tampoco lo entreno!
Total, que si aspiraba a coger algún grupillo, aunque fuera pequeño, para hacer una bici en condiciones, dado que cuando llegué a boxes aún quedaban un buen número de jumentos, por tortugo tendría que apechugar contra el viento en solitario, ya que el percal que salía era folklore puro (uno ví que hasta llevaba portaequipajes en la bici, ¡con eso queda tó dicho!).
Era lo que tocaba, así que no tuve más remedio que acoplarme y salí dispuesto a tirar hasta reventar. En la primera recta adelanté a unos cuantos, por unos momentos me creía el primo globero de Cancelara. Iba hasta acoplado... Pero no iría tan cañón cuando se me enchufaron a rueda varios. En un par de ocasiones miré para atrás, por ver si la cuadrilla entendía la indirecta, pero la peña iba tan tocada de globería como yo o más. O lo mismo menos, porque el panoli lo hacía yo tirando. O tal vez no, porque yo había ido a hacer mi carrera.
En éstas llega la primera subida, y yo entonces veo la jugada: uno de los que llevaba a rueda se pone delante, en plan Contador... ¿y qué os voy yo a "contar"? ¡hasta ahí podríamos llegar!... ¡de algo tenían que servir las series sufridas en la cuestecica del Valle!.. así que a plato y a pulmón, volví a coger el mando del mini grupo (si es que alguna vez fue grupo) y llegué al giro en primera posición... ¡olé mis webs! ¡y vaya calentón tonto!... pero para el que no tuviera conocimiento de ello, que sepa que el globero también tiene su honor.
A partir de ahí la cosa cambió... creo que surtió efectos la demostración y quedó claro quien mandaba... ¡me convertí en el Garibaldi de los globeros!... y hasta en una ocasión, ya mediada la tercera vuelta tuve que llamar al orden a uno de los que acabábamos de alcanzar que tiraba por otro lado, para ver si nos poníamos de acuerdo y no hacíamos más el gili-globero, como si aquel mini grupo fuera un dragón de tres cabezas...
Nos había adelantado el grupo cabecero (que eran 8 ó 10 unidades) en la segunda vuelta (para ellos la última), y aunque intenté aguantar, me reventaron en la subida. Luego me pasó Bart que iba un poco rezagado (pero que terminó dándose un festín a pie adelantando gente -lástima que sólo llegara cuarto-). Yo no albergaba duda alguna al respecto de mi rendimiento en bici, pero me quedó del todo claro con estos repasos que nos daban los primeros.
Al final, después de todo, me quedé con el buen sabor de boca de haber cogido a bastante gente (incluso a José María), ¡lástima que a Felipe no lo pude doblar, jaja!
La segunda transición tuvo un nivel de patetismo similar a la primera, razón por la cual la media docena largo de desperdigados que había conseguido llevar detrás de mí, cual flautista, salieron por piernas de boxes antes que yo. Algunos en la clasificación final me lo explicaron con 2 ó 3 minutos de diferencia, pero después de todo, y de que un "Yankauskas" casi me abrazara al llegar a meta (no se dió cuenta de que la bandera de su Lituania natal coincide en coloración con la de la Etiopía de mi niña -que es la que enarbolo yo ahora en mis carreras-, razón por la cual me estuvo persiguiendo por entre la gente que se arremolinaba en la meta), quedé satisfecho, con la sensación de haber cumplido, de haber estado a la altura de lo que se podía esperar de mí dadas las circunstancias y los entrenos. ¿Y qué si entraron por delante de mí 150? Si en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, este globero es el jefe de la cuadrilla del último quinto... de participantes, porque como ya os he dicho, más globeros que marineros ví la mañana del domingo.
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