lunes, 20 de diciembre de 2010

POR EL CAMINO VERDE QUE VA A LA ERMITA

El pasado sábado me había abrigado como para acompañar a Amundsen a una expedición ártica, pero lo cierto es que sólo se trataba de hacer una salida ciclista.

Los otros cinco componentes de la grupeta que se formó camino de Torremendo (ruta que decidió nuestro guía espiritual, Stani) pedaleaban temerosos de que en cualquier momento pudiera ponerse a jarrear, casi tanto como que saliera de cualquier camino una panda de conductores borrachos de esos que todavía no había acabado la comida de empresas de navidad del día anterior. ¿Tal vez por eso decidieron poner un ritmo de esos que como no andes fino te quedas más cortado que siete lonchas de salami?...

Tal vez tendría que haberles tranquilizado haciéndoles saber que, en el bolsillo de mi chaqueta ciclista de invierno, me había llevado, amén de medio kilo de almendra molida y apelmazada en forma de barritas, llaves como para ejercer de sereno de media Murcia, y lo menos medio kilo de plátanos con el que se alimentarían el mono Amedio y los descendientes por línea materna de la mona chita, el amuleto definitivo para prevenir lluvias: el chubasquero.

Pero no lo hice (lo de tranquilizar a los forajidos de la bici a los que tuve, nuevamente, la osadía de acompañar, a saber: ese par de Campillos guerreros, el sin par Alejandro, más conocido como "el tío de los manguitos" o el triatleta que nunca tiene frío, Juanico y Stani, con sus dotes de "gepese" rural), y entre eso, y que Stani se había quedado con ganas de correr la BTT, tomamos las de Torremendo, parafraseando la cancioncilla popular: "por el camino verde, camino verde que va a la ermita".

Dice la canción que por el camino verde que va a la ermita, desde que tú te fuiste, lloran de pena las margaritas... Las margaritas no sé. Pero a mí me empezaron las ganas de llorar desde bien pronto. ¡Y eso que el camino no era verde sino azul!... Me estoy refiriendo a esa especie de carril bici que uno de esos gurús-ingenieros de caminos se ha marcado en paralelo a la nueva autovía que lleva a la playa desde Zeneta. Oye, que lo de "para-lelo" sirve como definición definitiva, porque hay que ser un poco gili para ir por ahí, sobre todo si la pintura azul pitufo que le han puesto al continuo y bárbaro sube-baja no es antideslizante, y no te puedes levantar para dar pedales si no quieres patinar de lo lindo.

Vamos, que entre lo duro que se me hacía subir, y el canguelo al bajar (porque encima había barro en los badenes, ya que el ingenieriete no había previsto que había ramblas que cuando caen 4 gotas sacan agua de los campos y embadurnan todo haciendo parecer aquello "el infierno del Norte" cuando estamos tan al sur), se me fueron la mayor parte de las fuerzas. Menos mal que cuando al fin cogimos una carretera en condiciones, alguien decidió que tampoco había ninguna alarma nuclear y llegamos hasta Torremendo sin demasiadas penurias.

En cambio, la vuelta, tras el almuerzo a las puertas de la gasolinera, ya sabía yo que iba a ser (como el resto de veces que he hecho esa ruta), un auténtico calvario para mi rala preparación. Menos mal que Stani me ofreció su rueda (si se la cogiera siempre que me la ofrece no tendría trastero para tener tanta rueda), y así, mal que bien, y sobre todo cuando la cosa tendía hacia abajo, pudimos dar caza a los que tenían prisa, que habían hecho una "R", un poco antes de llegar a Alquerías.

A la vuelta, aún me invitaron a dar unas vueltas por las inmediaciones del pantano de Santomera, para cubrir los ochenta kilómetros que tenían en el plan, pero Juanico (que tampoco iba para más fiestas) y este amigo del descanso, dijimos que ya habíamos tenido bastante con un pantano, y obviamos seguir sufriendo, aunque tampoco nos quitamos mucha pena, que el cuenta nos confesó al final que hicimos en torno a los 75.

La próxima que me inviten a ir por el camino azul, yo les cantaré los del camino verde, y me iré, si hace falta, por los cerros de Úbeda, que seguro que no están tan empinados, ni tienen tanto barro cuando llueve. De momento ahora, hasta nueva orden (o hasta el próximo año, ya veremos), me parece que voy a colgar los escarpines, por aquello de que los 2 próximos sábados (que es el día que vengo animándome a salir con esta peña que me dan tanta leña), son festividad del Señor. ¡Y yo no voy a ser menos -menos Señor, se entiende-!

domingo, 5 de diciembre de 2010

MENOS CLEMBUTEROL Y MÁS COLESTEROL. DE COMO SUBIR A BARQUEROS Y NO PERECER EN EL INTENTO.

No lo busquéis en la "wikilist". Es una propuesta casera, como el morcón de Lorca. Tal vez no se consiga una mejora espectacular en el rendimiento deportivo, pero puedo asegurar que la mejora en la satisfacción es notable. ¿No se trata de cuidarse? Unos escogen la vía saludable...
- ¡demasiado sacrificio para la poca gloria que hay para repartir! -me espeta mi subconsciente, apalancado en su nube de comodidad

... Yo me quedo con la otra vía: inyectarme en vena endorfinas saturadas de colesterol. El colesterol no tiene por qué proceder de grasas saturadas. También son las buenas vibraciones (gud vibreison -que hubieran dicho los bichboys-).

¿Qué tal si empiezo por el principio? Todas las paranoias tienen el suyo.

Ayer sábado 4 de diciembre, con un frío del que pela las orejas si no te las envuelves bien con una bufanda o una braga, me dispuse a salir a la aventura de dar pedales después de toda una semana sin haber pegado ni clavo en lo deportivo. Por delante ochenta kilómetros, aunque de incierta ruta y compañía, pues sólo sabía de antemano que iría en compañía del hijo del viento. Juan no pudo ser de la partida (¡siempre había querido meter este circunloquio tan habitual de las narraciones ciclistas!) por problemas de salud en el entorno familiar -confío en que puedan solventarse sin demasiada dilación-, pero allí estaban los Campillicos, además de Alejandro, ese triatleta de nueva generación que no conoce lo que es el frío y un par de amigos más de Santomera. Mayoría absoluta por tanto de santomeranos en el grupo de siete que formamos.

Alejandro, al que dedico con cariño esta entrada por 3 razones: porque no tiene aún blog, porque reconoció que era "el otro" que se atrevía a leer mi blog (aunque no concretó que tuviera el valor suficiente para llegar hasta el final de cada una de mis entradas) y porque confío en que cuando gane carreras se acuerde de que compartió ruta y rueda con globeros como yo, daba frío verlo vestidico con su maillot de un equipo gabacho y manguitos y perneras en lugar de un buen conjunto de invierno, que es lo a lo que invitaba el día.

Stani, en un gesto de apadrinamiento que demuestra el gran provecho que está sacando a sus denodados esfuerzos por dejar de ser un güertano que monta en bici, decidió que debíamos poner rumbo a Librilla para que Alejadnro, que tenía que hacer el test en la bici, contara con una recta para realizar el ensayo con unas mínimas garantías.

Allí todo el mundo guardaba sus cartas y afirmaba no estar demasiado bien, argumentando las más variopintas excusas, que no reproduciré pues el catálogo es amplio y de lo más surrealista, amén de fundamentalmente mentira. Casi parecía que iba a ser yo el que tendría que llevar la voz cantante, así que los puse a todos en fila de a uno... (jeje, esto es una licencia del autor en plan hipérbole que difícilmente podría darse, a no ser que pasásemos por un camino de medio metro de ancho y hubiera sido yo el primero en entrar).

Como iba diciendo, Stani se dedicó a adoctrinar a Alejandro, novato total en este tipo de mediciones. Lo único que faltó es que le pusiera el termómetro en la boca, y le diera un beso en la frente de buenas noches. ¡Stani! ¡pedazo de entrenador hay aquí para las futuras generaciones! ... ¡que bien se explica el zagal para ser de Monteagudo!

Fijaos si le quedaron claras las explicaciones a Alex, que en la recta después de Sangonera, por aquellas vías de servicio de Dios, puso la directa, llegando la prueba hasta los 42 km/h. ¡Y si no pudo conseguir más el bueno de Alex, como luego reconoció es porque la bici no corría más! ¡vaya crack el tío! ¡Menos mal que ya tiene encargaica la "Willem" -o como se ponga-, que es una burrica con diseño italiano de esas de carbono repujado! Ya veremos cuando deje su BH y se ponga a los mandos de ese torpedo si no rompe la barrera del sonido el zagaliquio.

Salvada la primera parte del test enfilamos hacia la Cola de Caballo, subida que a mi me gusta por la paz que se respira, aunque me deja baldaíco del tó, en donde debía hacer un par de repeticiones de 1 km. Como no podía ser de otra manera, Stani se paró para ilustrar a su pupilo con todo lujo de detalles. Los otros cinco nos tiramos para el monte, y como no podía ser de otra manera yo fui el primero en quedarme. La sorpresa fue que pasado el primer kilómetro me encontré descolgado a Antonio, uno de los santomeranos a los que no conocía y que había dado un petardazo del siete por haber empezado la subida a tope. Unas pocas de excusas por su parte después, me esperé con Stani a que Alejandró hiciera sus dos subidas.

El descanso me sirvió para tomar el "almuerzo" que llevaba en las alforjas, pero dado el frío reinante, también sirvió para que me enfriara y luego me costara volver a coger el ritmo hasta el cruce hacia Barqueros, que es donde se pararon a esperar los cuatro jinetes del Apocalipsis. Menos mal que Stani y Alejandro subieron a ritmo de globero hasta arriba, entre chistes malos de esos que parecían salidos de mi fábrica de chistes malos, que si no aún me están esperando arriba.

En Barqueros teóricamente terminaba la subida, pero resulta que la bajada de Barqueros hacia Alcantarilla es de las pocas bajadas en donde te encuentras unas subidas rompepiernas, con un firme en un estado bastante deplorable, lo que convierte el trazado en una trampa como le dé al personal por tirar, que es lo que pasó.

Con este escenario tenía todas las papeletas para pegar el gran reventón, pero ocurrió algo que no estaba preparado en el guión: fui el primero en tirarme para abajo. Los campillos no tardaron en pillarme y en dejarme. Hasta ahí nada extraño, pero por detrás tardaban en darme caza, y cuando lo hicieron o me fallaban las matemáticas o allí sorprendentemente faltaba uno... ¡pues si! estoy en lo cierto, me dicen que se ha quedado Antonio, ¡acojonante! Esto ha debido de ser otro cambio demoniaco de esos de personalidad y al pobre hombre le ha venido la pájara.

Yo, que sigo sin creérmelo, sólo pierdo diez escasos metros en el último repecho (ese que siempre se me ha atragantado cuando he pasado por allí), pero en la bajada se arma una zapatiesta que me corta un poco más, más que nada pensando en mis dientes. En cuanto bajan un poco el pistón consigo cazar y justo antes de entrar en Alcantarilla paramos a esperar al descolgado. Cuatro o cinco minutos después aparece y seguimos para terminar la jornada, no sin antes darnos un pequeño festival rodador hasta entrar en Murcia.

Después vendría, Stanti, tu felicitación velada y escrita, preguntando si el sorprendente golpe de pedal que parece que voy cogiendo se debe al clembuterol. Pero como ya te contesté en mi anterior entrada, creo que se debe a un atracón que me dí ayer de albóndigas del Ikea.

PD. Oye, pero no te creas que venían en una caja de esas donde vienen tan bien desmontados los muebles. Es que los suecos estos también tienen un mini super con productos suecos en la planta baja, pero tampoco te vayas a pensar que las cajeras son suecas de esas de las de Benidorm, ¡eh!

lunes, 29 de noviembre de 2010

¡CÁGATE LORITO! El día que la cagué en Lorca .

¡La he cagado!

Acabo de leer en uno de esos blogs imprescindibles si quieres llegar a ser algo en el mundo del triatlón que en próximas entradas tratarán sobre las variadas excusas con que suelen adornarse desde los pros hasta los más globeros para justificar sus malos resultados.

Aunque yo prefiero buscar explicaciones en lugar de excusas, tengo una duda razonable que puede parecer un galimatías ¿queda excusado el que en lugar de buscar excusa busca un excusado? ... ¿apasionante pregunta, verdad? Casi me siento tan orgulloso de haber desentrañado ese misterio como de haber mantenido en vilo a mis amigos aironmanes, a los que, por haberme pillado in fraganti un par de veces de buena mañana echando unas carreritas por los alrededores, hice creer que podía estar entrenándome en secreto.

Servidor, que tiene más dedos que sesiones de entrenamiento, había decidido ir a la media de Lorca a dar la cara, dado que mi estreno en la media de San Javier, unas semanas antes, había sido con cierta ilegalidad (amén de con una baja forma alarmante), suplantando la identidad de otro triatleta, cuyo curriculo he mancillado para los restos (confío en que el retoño de Eolo me perdone algún día por esos casi ciento diez minutos de trote continuo).

Tras un sábado feo y mojado, se abrieron los cielos ayer domingo, como si alguien hubiera reservado con antelación unas horas de buen tiempo. Hablando de excusas y visto lo visto, tampoco habría pasado nada si el señor de las tempestades hubiera decidido no tomarse el día libre, y soltar toda su ira líquida a la hora de la carrera, pero salió el sol, y aunque no me atacaron los caracoles gracias a que el circuito de la media era totalmente urbano (no como aquella primera vez en que el trazado discurría por los alrededores de la huerta de Lorca y hubiera sido arriesgado enfrentarse a hordas de seres babosos subiéndose por mis piernas dada mi reducida velocidad de crucero).

Pero la tormenta perfecta se estaba gestando. Ningún meteorólogo se lo hubiera olido, pero allí estuvo casi desde el principio. Hasta el kilómetro cinco ni el cronómetro ni el ritmo cardíaco parecíeron darse cuenta. Aquello era raro. De puro raro llego incluso a parecerme el mundo al revés: ¡el mejor IM murciano de todos los tiempos, Ramón García, animando como público, a uno de los más aventajados globeros del panorama triatlético murciano cuando lo normal hubiera sido al revés!...¡muchas gracias, Ramón!

Pero la extrañeza se tornó en molestia, y la molestia en apretura, y la apretura, ¡en fin!: en cagada; pero no en la que resulta sinónimo de torpeza (aunque también resultó torpe no haber pasado antes por el "control de firmas"). Allá por el quince no tuve más remedio que deponer. Sí, depuse las armas un par de minutos, abandoné el trazado oficial establecido, con el consiguiente riesgo de descalificación que ello implicaba, en busca de un paraje o rincón en el que poder deshacerme de parte del exceso de equipaje del que no había conseguido desprenderme de forma reglamentaria.

No sé si os habrá parecido demasiado escatológico, pero a mí me resultó liberador. En cuanto conseguí recuperar un poco el ritmo disfruté de un par de kilómetros gloriosos rebasando a buena parte de los corredores que me habían adelantado en ese par de minutos de desalojo intestinal. Pero la gasolina se me acabó antes de tiempo. Se vé que pisé más de la cuenta el acelerador. Y entre eso y que los puestos de avituallamiento líquidos los habían recogido con premura (digo yo si no sería para evitar que ese poco más de un centenar de sufridos corredores que luchábamos para llegar a meta sin tener que tirar de camilla pudiéramos causar una agudización de la sequía), llegué a la meta más tieso que la mojama.

Eso sí, en la postmeta cumplí como un campeón, no como algunos aironmanes que mucho hablar de cervezas y demás, pero que luego, en un ejercicio de profesionalidad desmedido, se excusan en no sé que estechamientos esofágicos para evitar la ingesta de alcohol o productos cárnicos de chato murciano embuchados y con un toque impecable de plancha, ¡hmmmm que buena estaba la salchicha, por favor! ¿por qué no pondrán de esto en los avituallamientos?

Pues eso, que aquí sigo. A Torre Pachecho, dentro de dos semanas, como no sea a recoger melones, no sé a qué voy a ir. Y como para melones ya tengo bastante conmigo mismo, va a ser que paso palabra, y ya veremos cuando reaparezco. A ver si por fin consigo que quien corra sea yo, y no un holograma que se diluye a partir del quinto kilómetro. ¡Va a resultar que voy a tener que entrenar un poco y todo!

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cambio de cromos

¿Quién no se acuerda de aquellos maravillosos años de la infancia cuando además de sorber mocos como locos nos dedicábamos con afán desmedido a buscar los cromos que nos faltaban para completar el álbum?

Llegabas cargado al colegio con una mochila que parecía que te ibas a la guerra, ¡pero bien poco importaba!... porque en una mano llevabas el fajo de cromos o estampas repetidas con la intención de conseguir un acuerdo comercial satisfactorio y tan sencillo como el simple ejercicio miccionador: tú me das esa que yo no tengo y yo te doy esta que tú no tienes.

Eso, claro está, siempre que no tuvieras la gran fortuna de tener un cromo de los difíciles, de esos que nadie más tenía, lo cual, en consonancia con las capitalistas leyes de la oferta y la demanda te convertía en un privilegiado, y te daba el derecho de exigir no ya una, sino una cantidad astronómica de cromos diversos a cambio. ¡Seguro que así empezaron a hacer fortuna los Diezferranes de la época!

En fin, que se me va la mano con la nostalgia, y no venía yo aquí a hablar del pasado, porque lo que yo quería hacer era calibrar el presente más candente, ese que demuestra que el mundo ha cambiado poco, por mucho que nos empeñemos, y que en la política se siguen utilizando las artes "birlibirloquianas" de toda la vida, el escapismo en plan salvaje, el "nada por aquí, nada por allá". Y oye, que aunque parezca mentira, ¡sigue funcionando!

Basta con remover un poco los ministerios, un cambio de carteras, tan inexplicables todos como que a Mouriño le diera por poner a Casillas de delantero centro y a Cristiano Ronaldo a rezar padrenuestros en el banquillo. Pero oye, ¡mano de santo!

- ¡esta es la alineación buena! -se deja decir el bueno de ZP
- ¿y te das cuenta ahora, cacho carne con ojos? ¡que ya llevas unos añitos moncloando! -dan ganas de decirle a mesié le presidán de los pactos
...
- ¡y eso de poner a un sindicalista de pro, de los que ha participado en la reciente huelga por la reforma laboral como ministro de trabajo!... ¡chapó! ¡eso es hilar fino, si señor!... casi tanto como si pusieras a Hitler de chófer en un autobús con jubilados judíos

- ¿Y qué decir de lo de prohibir el tabaco en todos los bares? ¡ahora que algunos de ellos -los más tonticos- se habían gastado los dineros para separar la zona de fumadores de la de no fumadores! ¡toma premio del gordo en forma de gasto inútil para los que han molestado en cumplir la anterior ley donde no hubo huevos a hacer como en otros países europeos y prohibirlo todo de golpe y no a plazos! ¡hipotecados, que sóis unos hipotecados!

Una pandilla de mafiosos torpes es lo que sóis... ¡si, si! ¡pero no os riáis los de la oposición ni os pongáis gallitos que estáis todos cortados por el mismo sastre -que bien podría ser el mismo de Camps-!

A ver cuando la Divina Providencia nos regala un presidente en condiciones, como el que tienen en Italia, ¡ay, eso si que es un presidente!, que si le dicen que se vaya a su casa a él le entra la duda y la pone en conocimiento de todos los suyos pidiendo aclaración para que le digan a cual de sus 22 casas ha de irse... ¡ay, Berlusconi de mi vida! ¡tú si que eres grande!

PD: lo que si te tengo que agradecer, maese Zapatero, es que con tus cambios ministeriales hayas acallado un poco al gentío que no dejaba de hablar de las realezas populares, ¡vamos, de la Esteban! Aunque la verdad es que no sabría decirte bien que es lo que más me rechina los oídos: si la zafiedad de los programas rosas o los capullos de la política (rosas-capullos, que bien hilado todo ¿verdad?)

jueves, 7 de octubre de 2010

UN NUEVO VALS

Con lo que me gustan a mí los juegos de palabras ocurrentes, me lo han puesto fácil estos húngaros, porque por culpa de una bals...a van a tener un nuevo vals al que van a llamar poco más o menos "el Danubio Rojo".

La cosa no es de guasa. La mancha o mareja roja que están intentando contener en Hungría no tiene nada que ver con la que formamos en sorprendente piña todos los aficionados españoles en el pasado mundial alegrándote del éxito de nuestra España futbolera -¡qué pena, por cierto, que no haya la misma entente para los temas políticos y pudiéramos tirar juntos de una vez por todas en la misma dirección en lugar de seguir siendo tan majaderos como siempre con lo de las autonomías, los toros y las guerras de colores!-.

Sorprende que con los arquitectos e ingenieros que tiene el feisbuc no sea posible levantar una especie de barricadas, ¡pijo, que llamen a Jesús Samper o a la cúpula de Urbanismo de nuestro querido,y cada vez menos "excelentísimo", Ayuntamiento de Murcia!... Ellos en menos de lo que tardan en sacar la pluma (la de escribir) y echar una firma aprobatoria de un megaproyecto ladrillero -echando de paso cemento encima a media güerta y a todo lo sospechoso que haya que ocultar-, lo mismo levantan un dique de dimensiones galácticas con su docena de buenas rotondas y resuelven el problema.

Pero no. La mancha roja por el vertido tóxico de deshechos de aluminio avanza peligrosamente hacia el Danubio. En nuestra Murcia, la mancha roja que debería avanzar sería la del rubor y la vergüenza en las caras de los imputados por todas las presuntas corruptelas que están destapando, ¡y yo que pensaba que el olor malo que había en el Nueva Condomina era de una explotación porcina cercana! ¡que me disculpen los cerdos!... ¡los de comer!... ¡los que van aprovechándose aquí y allá para amasar fortuna que se las apañen como puedan!... Aunque claro, con el poco tino de los jueces poniendo fiancillas que más parecen propinas en los bolsillos de esta pestilente peña de mafiosos, chupasangres y descoloridos caretos, tampoco creo que tengan muchos quebraderos de cabeza para apañárselas. Lo difícil es que se apañe todo el personal que está en paro para llegar a final de mes, pero esa ya es otra marea roja que está pendiente de llegar.

De momento la huelga, con tanto sindicalista chapucero y oportunista, no ha cuajado como debería. A ver si nos vamos fijando en el país vecino, que ya van por la tercera o cuarta porque les quieren subir la edad de jubilación ¡¡¡hasta los 62 años!!!... y aquí siguen apretando la tuerca. Digo yo que algún día tendrá que romperse y entonces ya veremos si hay lodo tóxico o si hay que colgar de los testículos a más de uno, lo mismo que ahorcaban a los forajidos en el far-west, sin juicios rápidos ni tantas gaitas legales, que lo único que hacen es dar vidilla, amparo y cobijo a toda la chusma, por muy pija que sea.

domingo, 26 de septiembre de 2010

FALTA DE CHICHA DEPORTIVA

Al que más, al que menos, seguro que su madre, su abuela, la nani, o quien le diera de comer en su tierna infancia, le diría aquello de que se comiera la "chicha". La chicha, por antonomasia es la sustancia. Por tanto, la consecuencia de la falta de chicha no puede ser otra que la falta de fuerzas.

Pues en estos días prehuelgosos así es como me siento yo, en lo metafórico y en lo deportivo. No sé si es que mi cuerpo está ya de huelga, o es que con una agenda tan apretada de eventos infantiles (no, no es que a mi pequeña la tenga que llevar a saraos varios -que ya llegará su día-, sino que reclama la presencia de su "pa-pá", y claro, tampoco es plan de decepcionarla con tan tierna edad, ¡ya tendrá tiempo de darse cuenta de que su padre es un chicha floja al que le tiemblan las piernas tan solo de pensar que para hacer una triste maratón hay que hincharse a entrenar!).

Otros (bueno, en realidad sólo un "otro" que yo conozco), está en capilla de su viaje a Hawaii -¡enhorabuena Ramón!-), y los más han levantado ya la persiana del entrenamiento, como si de una droga o religión se tratase.

Mi chicha y yo, de momento, según lo comentado, y a pesar del esfuerzo que he realizado algún que otro día de madrugar para salir a trotar un poco (no hacía yo esto desde hace una "porrá" de años), con el cambio de estación y un resfriado que ha venido de regalo, nos encontramos un poco a la espera de acontecimientos, para ver cuando florecerán mis ganas y si le puede el sueño metafórico al cansino sueño de todas las mañanas, y termino fijándome un día de febrero para ir a Sevilla y olé, ¡Torre del Oro!

miércoles, 25 de agosto de 2010

SUEÑOS A RAUDALES Y CAJAS DE CAUDALES

Como el rincón del alma, del que hablaba el poeta, lo tengo lleno de chismes y sin barrer, los últimos anhelos los he guardado en una caja fuerte, para que no se me escapen ni nadie me los robe.

¿A que es poético a más no poder?... Ya iré quitando el velo de la poesía conforme me vaya asentando para contaros en qué consisten los anhelos-sueños-proyectos de la nueva temporada, que con eso de haber vuelto hoy al curro, ¡¡¡cinco meses después!!!, me encuentro así como raro, sin terminar de encontrarme, aunque suene paradójico.

Pero ya que hablo de cajas fuertes, me estaba preguntando si el tipo que inventó el armatoste de marras pagaría mucho por el "copirrín", porque conforme las cosas que pasan en este mundo de corruptelas, y teniendo en cuenta que las polícias locales no persiguen por esta causa a los subsaharianos por las playas, como si fueran conejos o como si no tuvieran otra cosa más importante que hacer, ¡con la de delicuentes que hay!...

Con un poco de ojo y un par bien puesto, ni tan siquiera se tendrían que molestar en pasar calor, pateando las calles, que gran parte de la chusma están a buen recaudo ejerciendo de concejal, arquitecto municipal o incluso gran jefe consistorial. Bastaría con que montasen guardia a las puertas del Ayuntamiento y esperaran a verlos salir con las bolsas de basura, al estilo Muñoz.

Después de todo, el ex de la Pantoja debe sentirse orgulloso de haber marcado estilo. Y si no que se lo digan a Paul Shin Devine, un ejecutvo de Apple d 37 años, que está acusado de espionaje industrial según revela hoy la prensa internacional. Al parecer el fulano, tampoco quería que se enriqueciera injustamente el inventor de las cajas de caudales y prefería guardar los 150.000 dólares que han encontrado en su casa, ¡en cajas de zapatos!... ¡Vamos que trabajar en una empresa de las puntera en tecnología y no tener en casa un enfriador de billetes o un microondas para seguir cociendo el negocio en moneda extranjera! ¡¡¡A este tío le daba yo con la zapatilla!!!

Todavía no conozcon a nadie que falsifique cajas fuertes ni nadie que las venda a cinco "leuros" en los mercadillos. Pero conforme se está poniendo de difícil eso de vender cedeses pirateados no me extrañaría que se lo estuvieran pensando, ¡que queda muy cutre lo de guardar tanta pasta de forma tan chabacana! ¡un poco de elegancia por lo menos! ¡que lo que priva ahora es el estilo Camps! Y si no al tiempo.

Ladrones si. Que si no, con la de paro que hay ya, se nos quedan los policías sin trabajo. Pero de guante blanco y con imaginación.